Capítulo 3. Bonnie
Bonnie
Sigo a Darren al interior de la casa tras coger mis maletas.
Él me ha ayudado cogiendo la más pesada.
Intento no mirarlo. Algo complicado, porque si Max es guapo a rabiar, su padre es el sueño húmedo de cualquiera con ojos en la cara.
Tal vez el problema sea que a Max siempre lo he visto como a un hermano.
Ese amigo al que quieres, pero nunca lo ves como algo más.
Aunque Max es el hombre más sexi que he visto, hasta ahora.
Pero también lo conozco bien: no dura con ninguna chica más de un mes.
No le gusta que le corten las alas y cuando alguien trata de hacer serio lo suyo, sale por patas.
Además, ama su trabajo por encima de todo.
Y antes, los estudios. Conmigo es fácil ser amigos, porque yo entiendo que a veces necesita soledad, pero como novio sería horrible.
Hace unos meses me dijo que era porque en realidad quien le gustaba era yo.
Acababa de romper con mi ex y para mí fue duro saber que mi mejor amigo estaba enamorado de mí.
De golpe, abrazarlo o quedarnos dormidos juntos fue incómodo.
Intentamos que funcionara nuestra amistad cuando le dije que lo estaba pasando mal por mi ex y no quería nada con nadie ahora.
Pero lo cierto es que, aunque nos llamamos y nos escribimos cada día, el peso de su confesión nos ha distanciado.
Por eso, cuando me propuso pasar el verano aquí, acepté.
Quiero a Max, pero no como él quiere que lo quiera.
Ojalá se le haya pasado lo que cree sentir por mí. Porque echo de menos al amigo y no quiero tener que alejarme para no hacerle daño, por si ve cosas donde no las hay.
Y por eso aquí estoy, siguiendo al hombre más sexi que he visto nunca por unas escaleras de madera tras entrar en la gran casa que será mi hogar este verano.
Como no me mira nadie, aprecio su culo. Joder, qué culo.
Esto no me puede estar pasando a mí. Desde que lo dejé con mi ex no he tenido nada con nadie.
Me dolió lo de mi ex, pero lo que más me molestó, tras años juntos, es que cuando sugirió que lo dejáramos sentí alivio.
Llevaba tiempo fingiendo cuando nos acostábamos, por cumplir y para que no se sintiera mal porque yo nunca llegaba al orgasmo con él.
Las citas cada vez eran más espaciadas por su parte.
Al final tenía que aceptar que todo estaba roto, pero me dejé llevar por el trabajo y los estudios y cuando me dejó me di cuenta de que esto tenía que haberlo visto venir.
Estaba perdiendo el tiempo con alguien con quien nunca llegaría a nada.
Me enfadé conmigo misma, porque mi ex pasaba de mí y me daba las migajas, y para mí estaba bien.
¿Por qué me conformé con algo así? Odiaba la mujer que fui con él por no exigir más.
Por eso, cuando Max me confesó que llevaba años enamorado de mí, quise tirarme de cabeza. Joder, lo conozco, es mi mejor amigo. Lo quiero…, pero sería otra historia sin chispa, sin magia y forzando todo porque él podría ser perfecto.
No quiero vivir algo así nunca más.
Si me tiro de cabeza hacia algo, quiero que sea porque pongo el alma en cada parte de esa historia. No quiero estar con alguien que no me produce nada y me hace fingir que todo está perfecto para apechugar con mis decisiones.
Me importa lo suficiente Max para no desearle que me tenga a medias. Solo lo querría como un amigo. Y él se merece que lo amen.
Alzo la cabeza cuando llegamos a la primera planta y Darren se detiene.
—El cuarto de Max y el mío están aquí. —Señala uno—. Ese es el de Max.
Asiento y sigue subiendo por una escalera que está cerca del otro cuarto, el que intuyo es el suyo.
Abre la puerta cuando llegamos arriba y me muestra una buhardilla preciosa.
Con una chimenea, el techo inclinado y una cama extragrande, de esas que tienen un pequeño escalón que las separa del suelo.
Hay un escritorio y veo un baño privado.
Nunca en toda mi vida vi nada más hermoso.
—Espero que te guste.
—Mucho, es precioso. —Sonrío y me mira, no, no me mira, sus ojos azul oscuro devoran mis facciones.
Nunca nadie me ha mirado así.
Para, es el padre de Max.
Darren se da cuenta de cómo me está observando y deja mis cosas cerca de la cama.
—Hay comida en la cocina a todas horas. Me gusta tener siempre algo listo por si me entra hambre. Mañana te enseñaremos, o yo o mi abuela, el resto de las instalaciones. Ahora puedes refrescarte y bajar a cenar o…
—Descansar, llevo horas conduciendo.
—¿No has descansado?
—Cada tres horas. —Muerdo mi boca y de nuevo sus ojos se clavan en mí con hambre.
Joder, si no deja de mirarme así haré algo que no he hecho en toda mi vida: rogar a alguien a quien acabo de conocer por sexo loco y desenfrenado.
—Deberías haber pasado la noche en un motel.
—No me gustaba ninguno, preferí descansar cada tres horas y si me entraba mucho sueño dormir un poco. Así he ahorrado.
—Tu seguridad debe ser lo primero.
—Ya, bueno, sí…
Nos quedamos en silencio. Este lugar me parece pequeño con él ahí.
Es alto y fuerte. Creo que podría levantarme con uno solo de sus brazos.
Tiene aire desaliñado por haber estado trabajando y está moreno por el sol.
El pelo negro lo lleva revuelto y esa barba de varios días me seca la boca.
Joder, es como si mi fantasía erótica hubiera cobrado vida.
—Te dejo descansar.
—Muchas gracias por todo, señor…
—No, joder, no me llames señor. Solo Darren, o Bennet, pero nunca señor. Me hace sentir muy mayor y no tengo ni cuarenta años. —Me río y me mira.
—Lo sé. Lo siento.
—No pasa nada. Cualquier cosa, estaré por abajo. Mi despacho está en la primera planta. Paso allí mucho tiempo.
—Gracias, pero creo que voy a darme una ducha y dormir durante horas.
Asiente y se marcha. Deja atrás ese perfume a cuero, madera y algo más. Como a hierba recién cortada. Podría pasarme horas perdida en ese perfume. Mierda, mierda y más mierda.
Organizo mis cosas tras darme una ducha y ponerme ropa fresca.
Cuando tengo todo listo, llamo a mi hermana.
Gretel y yo nos llevamos siete años y medio.
Dentro de poco, ella hará los dieciocho.
Hemos estado muy unidas desde que nació.
Mi padre me tuvo en solitario y nunca me ha explicado si fue por vientre de alquiler o por otra cosa; no quiere hablar de ese tema y lo he dejado pasar, porque solo él es parte de mi vida.
Por eso, cuando se enamoró de Aldara, la madre de Gretel, pensé que sería esa madre con la que siempre había soñado en secreto, pero no; nada más casarse con mi padre, me dijo: «No esperes de mí una madre.
Seré solo madre del bebé que estoy esperando».
Mi padre está loco por ella y nunca ha notado los desplantes que su mujer me ha hecho. A pesar de eso, Gretel y yo siempre hemos sido uña y carne. Las mejores amigas. La quiero con toda mi alma y daría mi vida por mi hermana.
—Hola. —Su voz risueña me hace levantar la comisura de mis labios—. Me estoy comiendo una pedazo hamburguesa de esas guarras sin que mi madre lo sepa. Joder, qué placer ponerme tan guarros los dedos y saber que odiará esto.
Se ríe.
Mi madrastra es un poco…, un poco demasiado peculiar.
Mi padre es jefe de una empresa y Aldara está decidida a que su hija sea lo mejor.
Quiere casarla con el hijo de un rico influyente y cuando Gretel era pequeña la apuntó a concursos de belleza, porque mi madrastra fue miss ; no llegó a Miss USA, pero estuvo a punto.
Gretel ha ganado varios de esos concursos.
Y no la deja saltarse la dieta. Ahora quiere que llegue a miss , pero Gretel tiene otros planes; lo que no sé es si cuando cumpla los dieciocho años podrá dejar todo atrás y venirse conmigo a vivir.
Odia los pases de modelos. No le gusta todo eso, pero mi madrastra no le da otra opción.
—Si estuviera ahí me comería otra contigo.
—¿Ya estás en el rancho?
—Sí, ya he llegado y me voy a acostar pronto.
—Solo a ti se te ocurre conducir durante horas.
—Bueno, así he ahorrado.
Mi padre no quiere malcriarme, por eso desde que me fui a la universidad no me ha ayudado en casi nada.
Me pagó los estudios y lo demás corría de mi cuenta.
Todo idea de su maravillosa mujer, nótese la ironía.
Lo que ganaré aquí me permitirá pagar el alquiler de la casa donde vivo y así tenerla para cuando regrese y decida qué hacer con mi vida.
—Ha sido una imprudencia, pero ahora cuéntame: ¿qué tal está Max? ¿Sigue tan sexi como siempre?
—No lo he visto. —La imagino poniendo pucheros.
Mi hermana ha visto a Max solo una vez, cuando tenía catorce años. Se fugó de una de las sesiones de modelaje cerca de mi casa y vino a verme entre lágrimas. Max estaba allí y cuando lo vio, se quedó prendada. Max la trató como a una niña y eso le molestó. Pero siempre me pregunta por él.
—¿Y eso?
—Se ha quedado haciendo unos trabajos. Viene en unos días. Me ha dicho en un día, pero lo conozco lo suficiente para saber que eso es mentira.
—Y entonces, o lo empotras, o lo pierdes como amigo.
—No sé cómo puedes ser tan bruta. —Se ríe.
—Bueno, Max sería el sueño húmedo de cualquier mujer. Y ya demasiado me tengo que controlar en mi vida diaria como para no decirte a ti lo que se me pasa por la cabeza. Solo me faltaba eso.
—Lo entiendo, y te quiero por ser tú misma conmigo, pero Max no es mi sueño húmedo ni nada parecido. Ya lo sabes. No siento más que amistad por él. Estoy aquí para recuperar a mi mejor amigo. Lo necesito en mi vida como amigo.
—Seguro que lo logras.
—Ya…, mientras no mire a su padre como si quisiera quitarle la ropa, todo controlado.
—Espera, espera… ¿Cómo es eso?
—Como lo oyes. Nunca, en mis veinticinco años de vida, he sentido una atracción visceral por alguien nada más verlo…
—Como lo que yo sentí por Max.
—Eras una cría.
—Con catorce años, muchas de mis compañeras de clase no eran ni vírgenes.
—Cada vez se crece más rápido —digo desviándome del tema.
—Para, vamos, estamos en el mojabragas de tu jefe.
—Joder, es cierto, es el padre de Max y mi jefe.
—Y te ha puesto cachonda.
—Gretel.
—¿Qué? Es la verdad, joder, nunca creí hablar contigo de sexo. Siempre tan correcta con ese tema.
—Bueno, porque tenía novio y, bueno, mi vida sexual era una mierda. ¿Por qué iba a querer hablar de eso?
—¿Y eso no te dio una pista de que tu historia no funcionaba?
—Según Google, muchas mujeres no sienten placer en el sexo en pareja. —Bufa.
—Dejemos el tema de buscarlo todo en Google para saber que no eres un bicho raro.
Entonces, tu nuevo jefe está cañón y cuando lo has mirado has sentido cosquillas ahí abajo.
—Se ríe, la cabrona se ríe—. Tienes un problema, porque si Max sigue enamorado de ti, dudo que le guste la idea de que hagas cosas malas y cerdas con su padre.
—Eso no va a pasar. Dudo mucho que un hombre como ese se fije en mí.
—Eso sí que no, deja de hacer eso. Sácate a mi madre de la cabeza.
Es una mierda cuando has crecido con una mujer que fue miss y que siempre ha recalcado cada uno de tus defectos.
Que si no eres tan alta como Gretel. Que si tus piernas son más cortas.
Que si tantas tetas no son buenas para las modelos.
Lo mejor es mi pelo rubio cobrizo, dice que es una mezcla horrible entre rubio y pelirrojo que seguro que heredé de mi madre.
Esa que no quiso saber nada de mí. Desde que era pequeña ha dejado caer sus perlas para realzar a mi hermana.
Que, cómo no, es rubia. Un poco más alta que yo, y preciosa.
Por suerte para mí, Gretel no se parece a ella en la personalidad.
—Eso hago. Pero tú no lo has visto…
—Y tú, al parecer, querrías verlo más de cerca. —Se ríe—. En cualquier otra ocasión, te animaría a dejarte llevar, a explorar el sexo de una noche loca, pero no en esta.
—No soy tonta, lo sé. Solo son tres meses y solo es un hombre sexi que seguro que no ha sentido nada al verme. Puedo mirar sin quemarme. Todo controlado.
—Por si acaso, me vas contando cómo va todo. Necesito saber cada cosa, y cuando Max llegue, hazle una foto y me la mandas. Así, cuando folle con el próximo pringado de turno, le pongo su cara en mi mente.
—O también puedes no follar con nadie si no te gusta lo suficiente.
—Me gusta el sexo, no tengo reparos en usar a la gente si me apetece tener una noche loca y olvidarme de mi mierda de vida con mi madre.
No pienso decirle nada; mientras use precaución, que haga lo que quiera.
Hablamos un poco más, hasta que me puede el sueño.
Cuelgo y me meto en la cama. Es supercómoda.
Y en el techo hay una bóveda de cristal por donde puedo ver las estrellas.
Me duermo contemplando este bello cielo lleno de astros.