Capítulo 2. Darren
Darren
—Hola, papá. Voy a tardar un poco más en ir —me dice mi hijo al teléfono—. Solo un día —si dice esto, no será solo un día—, pero Bonnie ya va de camino. Intenta no ser un capullo con ella.
—No muerdo, aunque lo parezca. —Se ríe.
—Bueno, me conformo con que no la espantes antes de que yo llegue.
—Está la abuela, seguro que se la gana.
—Seguro.
—¿Y por qué vas a tardar?
—Estoy haciendo un estudio con un amigo y necesitamos tiempo.
—Perfecto.
—Nos vemos, y trata de sonreír… No, no puedo pedirte algo imposible.
—Idiota. —Se ríe.
Max y yo somos más como dos mejores amigos que han crecido juntos.
Al final, nos llevamos muy poco y se nota.
Parezco más un hermano mayor que su padre.
Cuelga y llamo a mi abuela para informarla de todo.
Se va a poner a preparar galletas y le digo que haga un poco más para los chicos. Sus galletas son famosas en el rancho.
Sigo con los caballos y arreglando vallas hasta que cae el atardecer.
Cojo mi camioneta para ir a la casa grande.
Al llegar, veo un coche de color rosa aparcado.
Es horrible. Al menos, a mí me lo parece.
Y ahí, apoyada en el maletero, hay una mujer preciosa mirando su móvil.
Su pelo rubio cobrizo es del mismo color que el atardecer a su espalda.
Sus mejillas tienen pecas que rodean una nariz respingona.
Y aunque no quiera, mis ojos se van a ese cuerpo deseable.
Lleva un pantalón corto y una camisa sin mangas atada en la cintura.
Parece una muñeca a la par que una jodida mujer muy sexi; hacía tiempo que una mujer no despertaba esto en mí.
Se gira y entonces es ella la que me estudia a mí. Noto como sus ojos verdes intentan no devorarme con la mirada.
Ando hasta ella pensando en mandar a la mierda mi celibato; las curvas de esta mujer me atraen sobremanera. Quiero perderme entre sus cremosos muslos. Hace tiempo que no me tomo el tiempo suficiente en alabar el cuerpo de una mujer.
Sonríe y es como si se detuviera el tiempo, sobre todo cuando se sonroja y trata de ocultar lo que ha sentido al mirarme.
Adorable, joder.
—Hola. —Me tiende su pequeña mano y las pulseras giran en su muñeca—. Debes de ser el señor Bennet.
Odio que me digan señor, y más ella, aunque parezca mucho más joven que yo. Le debo de sacar más de diez años.
—Darren, sí. —Miro su mano y se la estrecho, y ahí está esa explosión de placer cuando nuestras palmas se tocan—. ¿Y tú eres…?
—Bonnie, Bonnie Gray, la mejor amiga de Max.
La miro y asimilo lo que me acaba de decir mientras su pequeña mano sigue entre las mías, grandes y callosas.
¿Es la mejor amiga de Max? ¿Es esta Bonnie?
Siento que el destino tiene una forma curiosa de joderme la vida.
Llevo más de un año sin sentir nada por nadie y acabo de devorar con la mirada, de forma descarada, a la chica que quiere Max y a la que trata de conquistar… bajo mi techo.
¡Joder!
Aparto la mano y le digo que me siga. Y no, no sonrío, ni soy amable. Porque si lo fuera podría joderlo todo con mi hijo. Porque Bonnie es su chica, aunque ella no lo sepa aún, y para mí es intocable.