Capítulo 1. Darren
Darren
En la actualidad
Entro en la cabaña de mi abuela. Vive en el rancho, pero en una cabaña para ella.
Odia la casa grande. Aunque con el tiempo la he remodelado y tirado todo lo que perteneció a mi abuelo, no le gusta; ella, allí, se siente presa de los amargos recuerdos.
Sé que vivió un infierno con mi abuelo. Era un hombre malo, pegaba y maltrataba.
Por eso mi abuela se marchó, tras una paliza que casi la mata mientras su hija se reía al lado de su padre.
Ella no sospechaba que mi madre estaba en estado, de una noche loca.
No sé quién es mi padre, ni falta que me hace saberlo.
Mi abuelo y mi madre bebían mucho y una noche, volviendo del pueblo, se les fue el coche y murieron en el acto, al igual que el hombre del coche contra el que se chocaron, un Landry.
Si las cosas con el rancho vecino ya estaban mal, eso hizo que empeoraran.
No se sabe quién tuvo la culpa del accidente, porque todos llevaban sustancias ilegales encima.
Pero los Landry nos culpan a nosotros y levantaron una valla entre su rancho y el mío; desde entonces competimos en el pueblo por cuál es el mejor rancho.
El abogado se puso a buscar a mi abuela, porque no se había divorciado de mi abuelo y, por tanto, todo esto era ahora suyo. Rob, el capataz de mi abuelo, lo ayudó, porque conocía a Saril y le indicó los lugares en los que podría estar.
Con los años, mi abuela puso el rancho a mi nombre.
Costó mucho levantarlo y no hubiera podido hacerlo sin ella y sin Rob.
Por eso, cuando el rancho pasó a mis manos, quise que Rob fuera parte de esto.
Al fin y al cabo, se rumoreaba que él era hijo ilegítimo de mi bisabuelo y por eso su apellido es Bennet, como el mío.
No quiso aceptarlo. Dijo que ser dueño de este rancho no era para él.
Aunque yo siento que se lo debo. Si no fuera por él, no hubiéramos conseguido levantarlo. Tal vez algún día pueda hacer justicia.
Entre todos cuidamos a Max. No estaba preparado para ser padre con esa edad; el sexo era para mí nuevo y la mujer con la que estaba, mayor y experimentada.
Me dejé llevar y luego ella no quiso ser parte de la vida de Max.
Se fue sin mirar atrás. Mi abuelo me obligó a hacerme una prueba de ADN que confirmase la paternidad, porque no quería a ese niño a menos que fuera un Bennet.
No quería más bocas que alimentar. Después, él y mi madre murieron y Saril nos salvó a los dos.
Aunque una parte de mí sigue anclada en todo eso, hacer feliz a Max y llevar este rancho es lo único por lo que vivo. Y por mi abuela.
Toco a la puerta y me dice su marido, Rob, que pase.
Ella no quería amar de nuevo, pero al final el capataz de la finca derribó todos sus muros.
Llevaba enamorado de ella toda la vida. Él fue quien la salvó aquella noche.
Quien le dio todo el dinero que tenía ahorrado para que huyera y empezara una vida lejos de todo esto.
Estaba casado, pero eso no impidió que no pudiera dejar de amarla.
Se divorció de su mujer al poco de volver Saril, porque ahora nada le impedía luchar por ella.
Y aquí están los dos, viviendo en la cabaña.
El nieto de Rob, Lars, es uno de mis mejores amigos y como un hermano para mí.
Y, como sospechamos que somos familia, siempre bromeamos con que en vez de primos lejanos somos hermanos separados al nacer.
Quiero hacer justicia con Rob y un día haré que Lars acepte que este rancho sea de los dos.
Me da igual que Rob no fuera hijo legítimo de mi bisabuelo. Para mí es un Bennet con derechos.
—¿Qué te trae por aquí? —pregunta Rob tras darme un abrazo. Ya pasa de los setenta años, pero aparenta menos, como mi abuela, que no sabe estar quieta y va de un lado a otro. Seguro que ahora está en su huerto.
—Aparte de veros, informaros de que Max regresa. —Mi abuela entra y al escuchar lo último hace un pequeño baile.
—¿Y cómo es que vuelve? Odia el rancho.
Max siempre ha sido un niño diferente. Callado y perdido en sus libros y sus estudios.
Ser tan inteligente en un lugar donde no se estila eso tuvo que ser duro para él.
Cuando estaba agobiado, se ponía los cascos para perderse en la música y leer.
Llevaba siempre encima un lector de libros que le compré cuando aún era muy pequeño.
Es un chico brillante e increíble. El problema es que para poder levantar el rancho pasé mucho tiempo, o lejos haciendo dinero, o aquí sin parar.
Creció antes de que tuviera tiempo de cuidarlo.
Para cuando me di cuenta, era un adolescente que estaba deseando irse a la universidad y salir de aquí.
Para él yo siempre he sido más un hermano mayor que un padre. Es complicado hacer de padre cuando le sacas tan pocos años a alguien.
—Sí, lo sigue odiando, pero viene con su mejor amiga, Bonnie. Es ingeniera agrícola y quiere aprovechar el verano para hacer aquí unas prácticas para un máster, en la zona nueva de agricultura ecológica.
—¡Oh, es de las mías!
Mi abuela ama todo lo natural, por eso estoy creando una zona de productos ecológicos.
—Sí.
Max lleva enamorado de Bonnie desde primero de carrera.
Él ha estudiado Biología en la universidad y a la vez Empresariales.
Se fue con dieciocho años y desde entonces apenas lo hemos visto en contadas ocasiones.
Eso sí, hablamos casi cada día. Por eso sé quién es Bonnie para él y lo que significa en su vida.
Es su mejor amiga, y está loco por ella.
Los dos tienen veinticinco años. Le confesó hace unos meses lo que sentía, cuando ella lo dejó con su ex, y desde entonces las cosas van un poco regular entre ellos. Por eso Max pensó en mi rancho para las prácticas, y en venir con ella a pasar el verano.
Hice todos los papeles y firmé lo que tenía que firmar para sus prácticas.
Sé muchas cosas de Bonnie por Max. Siempre anda hablando de ella. Ojalá las cosas le salgan bien. Al menos uno de los dos cree en el amor. Yo no tengo tiempo para esas tonterías. Con treinta y ocho años estoy cansado. Siento que he vivido todo demasiado deprisa.
Max es para mí más como un mejor amigo que como un hijo. Pero yo lo he dado todo por él y lo seguiré haciendo, porque no quiero que pase por lo que yo pasé. Tener una madre horrible es una brecha imborrable en tu alma.
No he contado a nadie lo que viví en el rancho. Menos aún a mi abuela, que se siente culpable por no haber vuelto antes. Mejor que no lo hiciera; mi abuelo la hubiera acabado matando con sus palizas.
—Al parecer, Bonnie se quiere especializar en eso y ha hecho un máster.
Por supuesto, mi abuela sabe de Bonnie también.
Pero desde que Max le dijo lo que sentía, han dejado de verse.
Bonnie puso distancia entre los dos para superar también su ruptura y Max, por su parte, siempre está estudiando o haciendo cosas.
Le cuesta renunciar a todo eso para quedar con su amiga.
Aunque me dijo que mientras estuviera aquí intentaría dejar a un lado todo para centrarse en ella.
—A ver si no la caga otra vez nuestro chico —apunta mi abuela—. Tiene que aprender que el amor no se fuerza. Que, por mucho que tú ames a alguien, eso no es de vuelta si no es para ti.
—Como sea, lo veremos en unos días. Y ahora me marcho al pueblo, que he quedado con Lars y Ehub —respondo.
—¡Usa condones, que no quiero más nietos sin una boda previa!
Sonrío y me marcho. Siempre voy al pueblo para verme allí con mis amigos, tomar cervezas y, joder, si se tercia no desprecio una buena noche de sexo. Mi abuela no sabe que hace tiempo que lo último no pasa. De un tiempo a esta parte me aburre el sexo sin más.
Pero a una cerveza y charla con mis amigos no me pienso negar.
***
—¿Y dónde va a dormir Bonnie? —Lars ha dejado a su mujer en casa para venir a tomar cervezas conmigo y con Ehud.
Los dos trabajan para mí; Ehud me ayuda con los caballos y el ganado. Sus padres vivían en la granja y gracias a ellos mi abuelo no me mató con sus palizas. Más de una vez se metieron en medio y lo denunciaron, pero nadie hizo nada, porque mi abuelo era muy poderoso en el pueblo.
Y Lars es mi capataz, mi amigo y mi familia también, aunque el cabezón no lo quiera aceptar y admitir que es un Bennet. Pero bien que luce el apellido Bennet siempre.
No nos parecemos a simple vista, porque ha sacado el pelo castaño y los ojos dorados de su madre.
Pero sí piensas que somos familia si ves las semejanzas.
Y su padre se parece a mi bisabuelo. Por eso las sospechas de que Rob era ilegítimo y le dio el apellido aunque no lo reconoció como hijo no dejaron de crecer.
—He preparado la buhardilla. Tiene aseo privado y así podrá estar más cómoda.
—Y una terraza de puta madre. Hiciste bien en arreglar ese lugar. —Miro a Lars—. Ya que Max no quiere vivir aquí, al menos alguien le sacará partido. O los dos. Porque si Max la conquista, será un picadero.
Sonrío y espero que lo logre.
—¿Y cómo es Bonnie? —pregunta Ehud.
—Ni idea —respondo.
—¿No la ha etiquetado Max en sus redes sociales? —añade Lars.
—No me gustan las redes sociales.
Lars se mete en las redes de Max. Sube fotos de los lugares adónde va, pero no fotos de él. Eso sí lo sé. Tengo redes sociales para verlo a él. Pero no sé si en historias sube cosas con ella. Porque cuando las miro de tanto en tanto, casi siempre lo que veo es lo que ha puesto en su perfil.
—Nada. Pero lo mismo ella sí. —Lars indaga en los contactos de Max y cuando pulsa el de Bonnie tampoco sale nada—. Mira, tal para cual, los dos solo suben fotos de paisajes, y ella de comida. Le encantan los dulces. Sobre todo las galletas. Le van a encantar las de tu abuela.
—Pues ya que hace, que haga para todos —añade Ehud.
Se ríen y pedimos otra ronda de cervezas. Hoy hay turistas que vienen a pasar el verano por los ranchos de la zona, algunos de los cuales tienen experiencias y hoteles. Era mi mejor época para follar con alguien que no fuera del pueblo, para no tener que lidiar con un polvo rápido sin ataduras.
Algunas mujeres nos miran interesadas. Las ignoro; ninguna despierta ya nada en mí.
Lars se da cuenta, porque llevo así más de un año.
No va a comentar nada, pero no es tonto y sabe que estoy cambiado.
Y no sé si para bien, porque cada vez me cuesta más salir de mi círculo de amistades y abrirme a gente nueva.
No soy borde, solo selectivo.
—Ahí está esa escoria —añade Ehud mirando al fondo del local, y no necesito mirar para saber de quién se trata, además de que son muy ruidosos.
Los Landry.
Mi rancho linda con el de ellos. Y antes, nuestras familias tenían negocios juntos, pero ahora no nos soportamos mutuamente. Antes venían a las fiestas de mi abuelo, aunque muchas veces acaban peleando.
Miro hacia allí y veo a Aomar Landry; tiene la edad de Max y es un gilipollas de cuidado. Iban a clase juntos. Max no me contó si pasó algo con ellos, aunque mi hijo apenas habla de lo que vivió aquí.
Tyre Landry entra y varias mujeres salen a su paso en cuanto sonríe.
—¿Y que nadie le parta la cara a ese gilipollas? —Ehud no lo soporta, pero no sabemos bien por qué.
La familia de Ehud vivía en el rancho Landry criando caballos de carreras antes de que dejaran de hacerlo. Sus padres siguen viviendo allí, pero él quiso seguirme y venir conmigo. Cuenta poco de lo que vivió en aquel lugar. Cada uno tiene sus problemas.
—Yo a los Landry no los tocaría ni con un palo —murmura Ehud.
—Yo no puedo decir eso —apunta Lars mirando con desagrado cómo hacen el idiota los Landry—. Mi cuñada es una de ellos.
—Pero casi no la ves. Tara es muy celosa con su hermana —añade Ehud—. O lo hace porque es muy fea, o porque es un pibón y la celosa de tu mujer no quiere que las compares.
El padre de Tara, la mujer de Lars, tuvo un lío con una mujer Landry, que casualmente era la hija del dueño.
La echó de casa y el padre de Tara se hizo cargo de ella y de su hija pero a distancia: se las llevó a la ciudad para que la madre de Tara no tuviera que ver a la amante y a su hija a diario.
Por eso Lars casi no ve a su cuñada. Solo la vio en su boda con Tara, y era pequeña. Yo la recuerdo poco.
—Tú no hables de hermanas, que a la tuya, desde que se fue, no le hemos visto el pelo —le pica Lars a Ehud, refiriéndose a la hermana pequeña de este.
—Aún no tiene que volver.
—¿Cuándo le toca hacerlo?
—Mi padre le dijo que tenía libertad y dinero para formarse hasta los veinticinco años. Dentro de poco le tocará volver, y dudo que tenga ganas.
—Un trato es un trato —añade Lars.
—Sí. —Ehud es muy protector con su hermana pequeña. Nació cuando él ya era un adolescente y siempre la ha protegido con mucho celo.
Los Landry la lían y acaban peleando. Era de esperar. El dueño nos mira implorante y acabamos por separarlos y tirar la basura fuera.
—¡Que yo no he tenido nada que ver! —grita Tyre, pero me da igual. Es un Landry—. Vamos, este lugar apesta.
Un par de mujeres siguen a Tyre como moscas. Se rumorea que cuando muera el viejo el rancho pasará a ser de él. A saber. En este pueblo todo se sabe, y a la hora de la verdad nadie sabe una mierda.
Al final la pelea ha enrarecido el ambiente.
Lars y Ehud se van a casa con sus mujeres y yo regreso al rancho solo.
No consigo dormirme y acabo por trabajar un poco más en las cuentas del rancho.
Max ha estudiado Empresariales, pero yo aprendí por mi cuenta.
No me quedó de otra. Tuve que hacer lo imposible para sobrevivir.