23. Lazo diabólico
L AZO DIABÓLICO
—Lo descubrirían —advirtió Inkeri Margaster a Charri Hunzrin cuando la mercader drow le sugirió una filacteria demoniaca para lord Neverember—. Su parte en todo esto no es menor, y lo vigilan de cerca muchos rivales.
—Sin ese control, ¿cómo sería? —preguntó Charri.
—Estaría conforme —le aseguró Inkeri—. A Dagult Neverember solo le importa Dagult Neverember. Vería lo que podría ganar él y su preciosa ciudad de Neverwinter, así que no diría nada sobre este asunto. Lo que más quiere es ver al rey Bruenor y a sus enanos expulsados de esta tierra.
—Muchos lo llamaban el protector —le recordó Charri—. ¿Cómo se ganó ese título si es como dices?
—Oh, Dagult sí que luchó para salvar a otros. Su título se lo ha ganado.
—Altruista, ¿no?
—Sí —contestó Inkeri— y no, porque solo le importa la gloria que esas acciones le reportan.
No todos los actos de caridad se realizan para servir a los demás, y no todos los actos de heroísmo son para beneficio de los otros.
Claro que hay grandes palabras: caridad, heroísmo, altruismo, pero los beneficios de estar ligado a una de ellas no se pueden subestimar, y eso es lo que a él le importa.
Para el querido Dagult, esa gloria es una gran motivación.
Charri Hunzrin necesitó un momento para digerir eso. Las palabras que le había dicho eran anatema para la sociedad drow: ni siquiera las tenían en su idioma, aparte de ser una especie de sinónimos de insultos dedicados a los idiotas que se hacían daño a sí mismos por el bien de otros.
—Aun así —discutió—, seguramente lord Neverember temerá que ese lazo se vuelva contra él después de estrecharlo en los reinos del rey Bruenor.
Inkeri Margaster se rio de eso.
—Le das mucha importancia a lord Neverember, me temo, o quizá no la suficiente. El querido Dagult confía en mi lealtad y quizá no se equivoque. Es un aliado valioso y sabe dónde está enterrado el oro. Muchísimo oro.
—¿Confías en que no te pondrá impedimentos?
Inkeri volvió a reír.
—Él cubrirá nuestro movimiento mientras apretamos el lazo sobre Gauntlgrym y devolvemos al rey Bruenor al puesto de irrelevancia que tanto se merece.
Para cuando los otros señores de Aguas Profundas se enteren de que hay líos en los Riscos, la ciudad halfling estará en llamas y los enanos estarán atrapados en su sucio agujero.
Y lo señores de Aguas Profundas no comprenderán qué lo ha causado; de todas formas, casi seguro que solo les importará si afecta a sus balances.
—Y en el caos que se produzca allí, el rey Bruenor será apresado abajo —dijo Charri Hunzrin, y explicó el resto del plan—. Sus amigos se han creado enemigos poderosos en Menzoberranzan, y estos pronto llegarán para ayudarte en tus propósitos.
—Promesas, tantas promesas… —repuso Inkeri Margaster con una risita—. Me pides que corra un gran riesgo, y cuando todo va tan bien, me pides, sin embargo, que espere antes de entrar en acción.
—Aprieta el lazo —dijo Charri Hunzrin—, y nosotras haremos nuestra parte.
—¿Y luego tus guerreros y sacerdotisas Hunzrin marcharán a nuestro lado, todo por la gloria de Lloth?
Charri vaciló e Inkeri se rio de ella.
—Cuánta ansiedad por lanzaros a la batalla —comentó Inkeri.
—Pensaba que los demonios estarían ansiosos de un caos así —replicó—. ¿No compartes tú tu forma con los barlgura?
—Barlgura que sirven a Demogorgon —confirmó Inkeri, dando unos toquecitos en su precioso collar, quizá la filacteria más poderosa que los Hunzrin habían llevado a la superficie—.
Y, por tanto, en estos momentos, no tienen mucho cariño a los drow, mientras esperan la reconstitución de su señor en el torbellino del fango Abisal.
—Están furiosos con algunos de ellos —le corrigió Charri, rápidamente—. Traza las separaciones correctamente en tus cálculos, amiga mía.
—No soy tu amiga.
—Mi… cliente, entonces. ¿No te he servido bien? ¿No he portado un poder inimaginable a la Casa Margaster?
—A qué precio, me pregunto —planteó Inkeri.
—Además —continuó Charri, devolviendo rápidamente la conversación al tema del que estaban hablando—, el aliado más cercano al rey Bruenor es el instrumento herético que destruyó la forma material de Demogorgon, junto con los que prepararon esa catástrofe. Mis aliados no son amigos de ese grupo.
Inkeri Magister adoptó una postura evasiva, tamborileando los largos y delicados dedos sobre su afilada barbilla, como si estuviera intrigada, pero no convencida.
—¿Crees que tendrás una oportunidad mejor? —preguntó Charri—. ¿Alguna otra vez?
—Un ataque al milímetro —aceptó Inkeri—. Heriremos a los halflings, quizá de muerte, y sellaremos el túnel que conecta su pueblo con el reino de Bruenor.
—Y eso te dará una mejor posición —le prometió Charri.
Inkeri rio de nuevo, luego asintió para aceptar. Se dio la vuelta y se fue por el túnel hasta la entrada secreta que la llevaría a las bodegas de la Casa Margaster.
Charri se fue por el otro lado, hacia una pequeña cámara secreta donde un mago de la Casa Hunzrin la esperaba para teletransportarla mágicamente de vuelta a Menzoberranzan. Estuvo a punto de volver a salir de la estancia al cruzar el umbral de la puerta escondida y ver que el mago no estaba solo.
Se hallaba con Iltztran Melarn, y, peor, hacia el lado, la Matrona Zhindia se encontraba sentada sobre un disco de energía mágica.
—Lo has hecho bien, sacerdotisa, pero tu vacilación era tan transparente como la cobardía de tu matrona —dijo la Matrona Zhindia, dejando al descubierto que había estado escuchando mágicamente la reunión de Charri con Inkeri.
En ese momento, Charri se sitió increíblemente estúpida. ¿Por qué no había alzado defensas contra este tipo de clarividencia?
—No culpo a la Matrona Shakti ni la castigaré —continuó la Matrona Zhindia, y Charri dio un paso atrás, sorprendida de que la matrona de la Casa Melarn pudiera incluso sugerir algo así.
—Será Lloth quien lo decida —explicó la Matrona Zhindia.
Mientras Charri continuaba mirándola incrédula, la otra mujer comenzó a reír.
—Es algo tan hermoso, ¿no lo ves? —explicó la Matrona Zhindia mientras la excitación le hacía abrir la nariz y los ojos—. Mira más allá de los simples acontecimientos, con una perspectiva más a largo plazo.
—¿Qué quieres decir? —se atrevió a preguntar Charri.
—¿No lo entiendes? Por esto es por lo que no se me permitió morir a manos de los herejes. Este es el plan a largo plazo de Lloth.
Charri estuvo a punto de balbucir algo, no muy segura de por dónde empezar. ¿A la Matrona Zhindia no se le permitió morir? ¿Qué querría decir eso?
—Me deberían haber matado en el ataque asesino que se hizo a mi casa —explicó la Matrona Zhindia al vislumbrar las preguntas en el rostro de Charri—.
Me tenían muerta y, sin embargo, vivo. Asesinaron a muchas de mis sacerdotisas y, sin embargo, todas menos una están vivas de nuevo, por la gracia de Lloth.
Sí, mi hija ya no está, pero eso también…
¿no lo ves? Esa es la manera que tiene la gloriosa Reina Araña de probar mi devoción.
Y ahora ella comprende la verdad de eso y no cuestiona mis acciones, y he llegado a advertir el plan a largo plazo que ha puesto en marcha.
—No… no lo entiendo —admitió Charri Hunzrin.
—No me sorprende. Escúchame bien: su inacción en este asunto, el del regreso de Zaknafein, el padre del hereje, hará caer a la Matrona Baenre —explicó alegremente la Matrona Zhindia—.
Con mis recuperadoras abisales, también un regalo de lady Lloth, llevaré el alma robada, Zaknafein, a Menzoberranzan para que se enfrente a su juicio.
Sí, claro, lo llevaré a la Ciudad de las Arañas, muerto o encadenado, y me llevaré a su despreciable hijo con él.
—La Matrona Baenre declaró acabada esa vendetta —indicó Charri.
—¡Y estaba equivocada! ¡Terriblemente equivocada!
—Lloth se enfrentó… Yvonnel está…
—Otra prueba para nuestra devoción, ¡nada más!
—replicó la Matrona Zhindia, avanzando, lo que hizo retroceder a Charri—.
Cuando la verdad quede al descubierto, cuando Zaknafein y Drizzt sean capturados y ejecutados, o regresen después del juico final, ¡la locura de la Casa Baenre se hará evidente!
Tamaño error mostrará el desagrado de Lloth contra esa estúpida Matrona Quenthel, y eso inspirará a nuestros aliados a lanzarse contra Baenre y, finalmente, a librarnos del azote de esa casa.
Charri estaba demasiado anonadada e intimidada para responder. Los dedos se le movieron instintivamente, y tuvo que parar de signar antes de que impulsiva y estúpidamente indicara su convicción de que la Matrona Zhindia estaba loca.
—No me crees —razonó la Matrona Zhindia, y Charri comenzó a pensar en conjuros defensivos que pudiera emplear para salvarse.
Pero Zhindia Melarn se mantuvo muy compuesta y casi relajada sobre su disco mágico flotante.
—No te culpo —dijo con calma—, pero ya verás. Entenderás los beneficios de la osadía cuando le entregue el premio robado, que es Zaknafein y su hijo, y lleve a la ruina todo lo que Drizzt ha construido en la superficie, todo lo que Jarlaxle ha construido en la superficie.
»Sí, la Matrona Quenthel aullará ante eso, ¿verdad?
—continuó la Matrona Zhindia—. Y, en cuanto a la Matrona Shakti Hunzrin, la caída de Bregan D’aerthe será una bendición, ¿verdad?
¿Y tú? A ti te gustará, claro. Poco te gustaría más que librarte de Bregan D’aerthe, para que la Casa Hunzrin se convierta en la líder indiscutible de todo el comercio más allá de esa caverna a la que llamamos hogar.
—Es… ambicioso —balbuceó Charri.
—Como debe ser. Sin embargo, no tan ambicioso, me parece. Más bien, está a nuestro alcance, y ¡fácilmente!
—¿Cómo?
—Te queda mucho por aprender. ¿No acabas de hablar sobre esa sucia humana?
¿Cómo?, me preguntas. Bueno, con una nobel casa de Aguas Profundas y un clan de guerreros enanos envenenados por los demonios.
Señálales a esos que hicieron tal daño. ¡Lanza sus demonios contra nuestros enemigos y yo enviaré a mis recuperadoras y mis drañas con ellos!
—Acabo de decir…
—¡Tienes que indicarlo más directamente! —insistió la Matrona Zhindia—. La Casa Margaster debería lanzar todos sus recursos contra ellos, y ¡ahora! No solo contra los estúpidos halflings y el reino de Bruenor.
—¿Contra quién? ¿Jarlaxle?
—¡Sí! Es hora de destruir su abominable ciudad, de destruir esa condenada población de halflings.
Y dejar que los demonios atrapen al rey Bruenor en su agujero.
Encerrado, sin amigos, entonces, podemos dejar que nuestros monstruos se multipliquen con sus puertas abisales para causar aún más catástrofe a sus bandos y llenar, finalmente, los salones de Gauntlgrym con demonios aliados.
—Matrona, estamos hablando de demonios, no de diablos. Cuando su furia se libere, no podrán ser contenidos.
Zhindia se encogió de hombros.
—Entonces, dejemos que vaguen libres y lo destruyan todo.
¿Qué nos importa? Finalmente, serán derrotados; los humanos tienen muchísimo poder en esta región.
Pero para cuando consigan cambiar el rumbo de las cosas, las bestias que me ha dado una sirvienta, sí, la propia Eskavidne, ya tendrán nuestras presas, y ¡la Matrona Baenre tendrá que responder de su herejía!
—Hablaré con la Matrona Shak… —comenzó a decir Charri.
—Regresarás con Inkeri Margaster, inmediatamente —exigió la Matrona Zhindia—, o nunca volverás a Menzoberranzan para estar ante tu matrona.
Charri abrió mucho los ojos.
—Soy una suma sacerdotisa…
—Y serás una suma sacerdotisa muerta —prometió la Matrona Zhindia. Junto a ella, Iltztran Melarn lanzó una mirada desafiante a su homólogo, quien alzó las manos en señal de rendición porque no quería tener nada que ver con el mago de la Casa Melarn.
—Míralo así, mi querida Charri Hunzrin —explicó la Matrona Zhindia—. Tu matrona preferiría tener a la Casa Hunzrin observando desde lejos, sin querer invocar la furia de Lloth o de la Matrona Baenre. Eso es comprensible; ¿acaso la autopreservación no es el primer mandamiento de la Reina Araña?
Charri se la quedó mirando.
—Autopreservación —repitió la Matrona Zhindia—. Mantenerte viva, porque ¿cómo podrías servir a la Reina Araña si pierdes la vida por una estúpida elección? ¿Y no es desafiar a quien te ha prometido la muerte si lo haces la más estúpida de las elecciones?
Charri llegó a asentir con la cabeza, pero solo un poco.
—Entonces, ¡vete ya, niña! —rugió la Matrona Zhindia, que, en verdad, no era mucho mayor que Charri Hunzrin—. ¡Las catapultas están llenas de ardientes cargas abisales! ¡Solo diles adónde apuntar y asegúrate de que las disparan!
Charri no miró hacia atrás, tampoco tuvo la más mínima duda de que cualquier palabra que dirigiera a Inkeri Margaster volvería a ser oída con claridad por la cruel Zhindia Melarn.