Intemporal (Generations 1) 15. Emprendedor #4
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15. Emprendedor #4

—Me ha dicho que nos iban a ejecutar —explicó Jarlaxle—. Asesinados en oscuros agujeros y dejados ahí para las ratas.

—Entonces, me alegro mucho de que nos descubrierais —dijo Arathis Hune a Aunrae.

—No fue por casualidad —continuó Jarlaxle, lo que le valió una mirada de curiosidad de su socio—. Zaknafein —explicó el jefe mercenario—. Fue directo a la Casa Zauvirr para acabar nuestro trabajo. Pero no pudo, ya que la Matrona Sheeva había huido de la casa y de la ciudad.

—A Sheeva ya no se le debe dar el título de matrona —corrigió Aunrae—. Está afectada y más allá de cualquier redención.

—¿Afectada? —preguntó Arathis Hune.

— Payz izi covfefe narz iz cyzt —dijo la sacerdotisa que había llevado allí a Arathis Hune.

—La Enfermedad de los Espejos —tradujo Jarlaxle asintiendo, pero Arathis Hune siguió con una expresión de incomprensión.

—Se enamoró de la imagen del espejo —explicó Jarlaxle—. El mundo llegaba a ella solo a través de ese estrecho prisma.

—Por eso creyó que podía desafiar a Baenre —razonó Arathis Hune.

—Matrona Baenre —lo corrigió la sacerdotisa que tenía al lado, y acompañó la corrección con una bofetada por su insolencia.

Jarlaxle solo se encogió de hombros y asintió.

—La Enfermedad de los Espejos es clave para el poder de la Matrona Baenre, una gran ventaja —añadió después como si acabara de ocurrírsele.

—¿Crees que está afectada? —preguntó Arathis Hune, balbuceando al hablar y apartándose sabiamente al darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.

—Todo lo contrario —contestó Jarlaxle—. Esta locura nunca afecta a la primera matrona que funda una casa, que fue Yvonnel la Eterna, y raramente se encuentra en la segunda generación de matronas, porque, verás, no es una enfermedad que afecte a las que se han ganado su poder, sino solo a aquellas que les ha venido dado.

Incluso así, es bastante rara, o se corrige rápidamente.

—¿Corrige?

—Se romperán los espejos —explicó Jarlaxle—. El orgullo puede llevar a la enferma demasiado arriba y eso puede suponer, por tanto, una gran caída.

—Pues a ti te gusta mucho tu reflejo —señaló Arathis Hune.

—¿Y quién podría culparme?

—Ahora Sheeva ha subido demasiado arriba —dijo Aunrae—, hasta picos de los que solo puede caer. De no ser por el trabajo de tu compañero, podría haber sobrevivido más tiempo, pero ahora…, ahora será sustituida.

—Zaknafein —indicó Jarlaxle.

—Impresionante, para ser un nuevo recluta —admitió Arathis Hune.

—No inesperado —repuso Jarlaxle con una sonrisa—. Pero, por favor, no se lo digas cuando nos reunamos. No quiero que se le suban los humos ahora que tenemos una caza tan peligrosa ante nosotros.

—¿Sheeva?

—Tenéis asuntos pendientes —confirmó Aunrae.

—Pero, primero, nos hemos ganado un poco de descanso y una celebración —informó Jarlaxle mientras se frotaba las manos y se dirigía hacia las botellas de buen licor que estaban al fondo de la estancia.

—Yo sí que me lo he ganado, como mínimo, por salvar tu lamentable pellejo —afirmó Aunrae.

—Entonces, lo celebraremos juntos e intentaré servirte bien, mi señora —prometió Jarlaxle, con una reverencia.

Horas después, Jarlaxle y Arathis Hune se relajaban en la cámara secreta cuando la puerta que daba a la sima se abrió y entró Zaknafein Do’Urden, con aspecto fresco y relajado.

—Nos has hecho esperar mucho —lo saludó Jarlaxle, sarcástico.

—Estaba pensando en pasarme a la Casa Zauvirr —contestó el maestro de armas—. La nueva matrona es bastante encantadora.

—Sigue siendo una sacerdotisa de Lloth —le recordó Jarlaxle.

—No he dicho que no me gustaría matarla, finalmente.

Jarlaxle iba a replicar, pero contuvo su lengua y simplemente asintió.

—¿Un nuevo peinado? —preguntó Zaknafein, mirando las puntas del pelo de Jarlaxle.

—Elegante, ¿no te parece? Me gusta bastante.

—Según tus propias normas, ¿no es mejor para una banda subversiva ser discreta y no llamar la atención?

—Es mejor para mí que los soldados de Bregan D’aerthe no llamen la atención, sin duda —contestó Jarlaxle—.

Pero he acabado aprendiendo algo sobre que mi reputación me preceda, una reputación que solo mejorará cuando volvamos con la cabeza de la matrona…

, perdón, de la anterior Matrona Zauvirr.

Espero que sea mejor para ti que me reconozcan, que nuestros objetivos me vean y pierdan la esperanza.

Zaknafein y Arathis Hune intercambiaron miradas dudosas ante esa afirmación, pero simplemente se encogieron de hombros. Ninguno de ellos se sorprendía realmente de cualquier cosa que Jarlaxle pudiera hacer o decir.

—Este y sur, más allá de la gruta de setas gigantes, es donde debemos iniciar nuestra búsqueda, según me han dicho —informó Zaknafein.

—Lo has reducido solo a la mitad del mundo —indicó Arathis Hune.

Zaknafein se encogió de hombros.

—Sin duda, ella está fuera de la ciudad, en plena Infraoscuridad. ¿Hay algún plan mejor?

Jarlaxle se puso a su lado y le pasó a Zaknafein una copa de brandy.

—Pregunta —dijo—: ¿cómo encuentras a un drow?

Zaknafein cogió la copa y bebió un largo trago, pensando en el acertijo solo un momento.

—Respuesta —contestó—: no lo haces. Dejas que el drow te encuentre a ti.