7. Pater #3
—No estamos seguros. ¿Crees que tu esposo juró lealtad a la Reina Araña? —le preguntó Yvonnel a Catti-brie; esta y Zaknafein respondieron a la vez con un enfático «¡No!», mientras Wulfgar se reía por lo absurdo de la sugerencia.
—Pero Zaknafein está aquí —señaló Jarlaxle, aunque, por supuesto, él tampoco creía que Drizzt le hubiera jurado lealtad a Lloth.
—Eso crees —replicó Catti-brie mirando fijamente al extraño.
Reprimió el impulso de llevarse una mano al vientre, pero se recordó lo mucho que su esposo y ella tenían que perder.
Y no solo ellos. Lo ocurrido en el último año había representado un cambio crucial en el norte para todos sus amigos, y uno que propiciaba un entorno estable y próspero, un remodelado de las tierras que a menudo, y con razón, se denominaban el norte salvaje .
—¿Cómo lo sabes? —añadió Wulfgar, mirando también al drow al que llamaban Zaknafein.
—Es él —les aseguró Jarlaxle.
—¿Porque sabe cosas que solo Zaknafein sabría? —preguntó Catti-brie—. ¿Y un dios, o una diosa, no podría buscar esas cosas e imbuirlas en un doble?
—Nos consideras novatos en cuanto a magia y dioses.
Nuestra investigación fue más profunda que eso —contestó Yvonnel.
Aun así, ella observó también al drow resucitado—.
Si no es el verdadero Zaknafein Do’Urden, entonces, alguna deidad se ha tomado muchas molestias en conseguir algo que se podría haber logrado de una manera mucho más directa y fácil.
—Mandar a un Zaknafein falso podría causar un gran daño a Drizzt —señaló Catti-brie, y mirando a Zaknafein y simplemente porque no pudo evitarlo, añadió—: Eres exactamente igual que él —lo cual era bastante cierto.
Salvo por el color de los ojos y el pelo corto, el hombre presentado como Zaknafein mostraba un parecido innegable con Drizzt, con los mismos rasgos faciales, menos angulosos que la mayoría de los drow, y la misma complexión.
—No le haría más daño que si apartaran a Catti-brie de su lado —opinó Yvonnel—. Y eso es algo que se podría hacer con más facilidad.
—No con tanta como algunos podrían creer —replicó Catti-brie, lanzando una amenazadora mirada con sus ojos azules a Yvonnel, la cual, como Catti-brie sabía, había intentado hacer justo eso; de hecho, Yvonnel le había echado un conjuro a Drizzt para que asesinara a Catti-brie al reunirse con ella tras la batalla contra el Demogorgon.
De nuevo, Catti-brie usó ese recuerdo como advertencia.
Sabía que las redes de los elfos oscuros eran muy intrincadas.
En algún punto, admitió internamente, ella misma acabaría teniendo sospechas injustificadas, pero ese punto se hallaba en algún lugar mucho más profundo para un drow, sobre todo para alguien tan inusual como esa Yvonnel, más que para las otras razas.
Pero Yvonnel se limitó a encogerse de hombros, sin negar nada ni excusarse.
Ella había dejado claro que la incapacidad de Drizzt de matar a Catti-brie, su determinación y la pureza de su corazón, que le habían permitido resistir la magia del conjuro, había desatado el cambio que había hecho que Yvonnel se pusiera de su lado.
Yvonnel había renunciado a un gran poder, que seguramente la hubiera convertido en madre matrona de Menzoberranzan, para ir a la superficie, y quizá ese preció aún se incrementara, ya que se rumoreaba que había agentes de Lloth intentando darle caza.
Hubiera hecho lo que hubiera hecho en el pasado, en ese momento se hallaba allí y tanto Jarlaxle como Drizzt confiaban en ella; Catti-brie lo sabía, así que no pudo mantener su mala cara.
¿O acaso eso formaba parte del plan?, tuvo que preguntarse Catti-brie. ¿Con cuánta paciencia habrían tejido sus redes para infligir el máximo daño a Drizzt?
—Entonces, quizá la diosa Lloth escuchara realmente las palabras de Drizzt —razonó Wulfgar, rompiendo la tensión—.
En el túnel. Tú estabas allí —dijo dirigiéndose a Yvonnel—.
Cuando Lloth le dijo a Drizzt que podría traerle a su padre de vuelta, él le dejó claro que, si hubiera sido merecedora de su lealtad, no se habría llevado a Zaknafein o a tantos otros.
—Sí, esas fueron sus palabras —concordó Yvonnel.
—Entonces, quizá Lloth esté adelantándose en el juego —sugirió Jarlaxle mirando a Yvonnel, que llevaba tiempo manteniendo que la Reina Araña estaba sintiendo un cambio en las costumbres de sus devotos hijos drow, y por eso quería anticiparse a ello y no arriesgarse a perder a sus seguidores.
—Lo único que quiero es ver a mi hijo —intervino Zaknafein, en un tono que dejaba claro que ya había oído suficientes divagaciones filosóficas.
—Por supuesto —respondió Catti-brie, pero su expresión severa, reflejo de la del drow que decía ser Zaknafein, mostró a todos que esa reunión no le agradaba demasiado. Sin embargo, se volvió hacia Wulfgar y le dijo—: Ve a buscar a Bruenor.
El hombretón asintió y se apresuró a salir.
Pero la noticia de que había visitantes ya estaba extendiéndose rápidamente por el complejo, así que Wulfgar no tuvo que ir muy lejos para encontrar al rey enano y volvió con Bruenor, acompañado de un enorme grupo, que se les había unido rápidamente y que incluía al guerrero Athrogate y a los peculiares hermanos Rebolludo.
Catti-brie asintió ante la llegada del séquito de su padre enano adoptivo y lo consideró adecuado, dadas las potenciales implicaciones regionales de este nuevo acontecimiento.
Athrogate se había convertido en uno los consejeros de mayor confianza del rey y un comandante férreo que seguía el modelo del legendario Thibbledorf Pwent.
Pero Athrogate había sido compañero de Jarlaxle durante mucho tiempo y también un miembro de Bregan D´aerthe; esa familiaridad y amistad continuaban, aunque hubieran puesto oficialmente fin a esa relación.
De la misma forma, los Rebolludo, amigos desde hacía tiempo de los Compañeros del Hall, eran nuevos en Gauntlgrym y pertenecían más al pueblo halfling que se hallaba sobre el complejo enano que a la propia Gauntlgrym.
Pikel Rebolludo, sobre todo, con sus maneras druídicas, servía a lady Donnola como sumiller de Viñas Sangrantes.
Su mano para la jardinería ya producía prometedores brotes de raíces, aunque, tan al norte, la temporada de crecimiento de 1488 aún no había comenzado.
Wulfgar ya debía de haber informado a Bruenor del sorprendente acompañante de Jarlaxle, porque el rey enano de barba roja dio un saltito para examinar a Zaknafein, sacudiendo la cabeza y reprimiendo apenas una sonrisa.
Ambos intercambiaron un saludo y, luego, Bruenor dijo algo parecido a «¡Tu hijo saltará de alegría! ».
Catti-brie apenas lo oyó, porque su atención estaba puesta en Pikel, con su barba verde, quien dio un salto ante Yvonnel y la señaló con el muñón del brazo.
El extraño y encantador enano murmuró algunas palabras indescifrables y meneó los dedos de su única mano alrededor del miembro mutilado, cuyo resto había perdido muchos años atrás en una batalla contra gigantes.
Un momento después, debido al encantamiento de Pikel, una flor le nació del muñón; la cogió, riendo con ganas, y se la ofreció a la hermosa drow.
—Qué hombrecillo tan encantador —dijo ella, cogiendo la rosa blanca y llevándosela a la nariz para olerla.
Y Catti-brie se dio cuenta de que se trataba de algo más que de un bonito regalo. Era una señal, y no le extrañó ver la mirada que intercambiaron Yvonnel y Jarlaxle.
Pikel acababa de enviar un mensaje de Donnola Topolino a Jarlaxle a través de Yvonnel.
Allí estaba de nuevo, pensó Catti-brie, otro recordatorio de los grandes cambios en los reinos del oeste al norte de Aguas Profundas, y aún más de lo realmente delicada que sería la situación si algunos de los jugadores, Yvonnel en particular, no resultaban ser lo que parecían ser.
Una alianza muy interesante se había formado en el norte, que incluía a Jarlaxle, a la halfling, a la familia Harpell de Longsaddle y, por supuesto, en el centro de todo, a Gauntlgrym.
Al reclamar el antiguo hogar de todos los enanos delzoun, el padre de Catti-brie, el rey Bruenor, había creado una nueva potencia en esa región.
Pero para hacerlo había expulsado de allí una casa noble drow, la Casa Xorlarrin, a la que había enviado allí la Matrona Baenre para reclamar Gauntlgrym como ciudad hermana de Menzoberranzan.
Catti-brie observó con más atención a Yvonnel, Yvonnel Baenre, pensando en eso, y se recordó a sí misma que Gromph también pertenecía a esa primera familia de Menzoberranzan, dijeran lo que dijeran en esos momentos.
Volvió a mirar al drow que decía ser Zaknafein e intentó esconder bien sus inquietudes.
—Supongo que, con los portales enanos, será fácil organizar ese encuentro —respondió Yvonnel a Wulfgar.
Catti-brie hizo una mueca de inquietud, tanto al pensar en lo pronto que Drizzt estaría ante un hombre que decía ser su padre como ante el interés de Yvonnel en los portales enanos.
Pues estos cimentaban la alianza: Jarlaxle podía ir y venir desde Luskan a través del que estaba bajo la Torre de Huéspedes del Arcano, que cubría los casi doscientos kilómetros entre ambos lugares con unos cuantos pasos.
De la misma forma, Catti-brie, Drizzt y los magos Harpell podían ir y venir desde Longsaddle, a la mitad de esa distancia, en un abrir y cerrar de ojos.
La clave, sin embargo, residía en que los portales los controlaba Gauntlgrym; nadie podía entrar o salir sin aceptar la llamada mediante la activación del poder primordial en ese lado del portal.
No se podía llegar directamente de Longsaddle a Luskan; había que pasar por la ciudad enana, la inexpugnable Gauntlgrym.
Y lo que hacía aún más probable esa reputación era el último de esos cuatro portales enanos, el que llevaba a los túneles que se hallaban bajo la Marca Argéntea, al este, desde donde Bruenor podía hacer llegar tres poderosos ejércitos enanos de sus parientes delzoun.