Intemporal (Generations 1) 1. La telaraña de la matrona #4
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1. La telaraña de la matrona #4

—¿Absorber? —preguntó Kiriy, con escepticismo—. ¡La Casa Do’Urden es la casa mayor! ¿Por qué estamos hablando siquiera de esa familia Barrison Del’Armgo? Más de la mitad de las casas de Menzoberranzan están mejor consideradas y tienen un mayor rango.

Tanto Horrodissomoth como la Matrona Zeerith se rieron al oír eso.

—A no ser que tengas una muerte inesperada, lo irás viendo con más claridad a medida que pase el tiempo, mi niña —predijo la Matrona Zeerith—.

La Matrona Soulez o su hija no tardarán en sentarse en el consejo regente.

Ojalá la Matrona Baenre pudiera verlo y se librara ahora de los conflictivos Armgo, antes de que se hagan tan fuertes que resulte difícil erradicarlos.

—La Matrona Soulez tienen el gran favor de Lloth —les recordó Horrodissomoth.

—Entonces, quizá la Reina Araña no vea con malos ojos esa magia del parto —sugirió Kiriy, y el rostro de su madre se lo dejó claro.

Mientras seguía pensando en ello, la joven suma sacerdotisa comenzó a visualizar lo que veía su matrona: que la única razón de que tantas matronas consideraran profana la magia del parto era porque ellas no habían descubierto cómo emplearla.

O lo más probable era que, al ser tan poderosa, fuera una amenaza real para las matronas, como al parecer había aprendido Vartha Do’Urden.

—¿Y ahora la Matrona Malicia viene a nosotros para que le ayudemos a asegurarse su preciado tesoro? —preguntó Horrodissomoth, meneando la cabeza con una expresión de desagrado en el rostro y con intención de cambiar de tema.

—Porque la Matrona Soulez Armgo aún no puede proyectar su poder para ayudar a Malicia en su búsqueda. Peor aún, Soulez Armgo se quedaría el tesoro para sí misma. O se lo daría a comer a Uthegentel para mantener satisfecho a ese bruto vanidoso.

Horrodissomoth se encogió de hombros, al parecer no muy convencido.

—He oído que ese podría derrotar a Uthegentel. Tanto él como Dantrag Baenre han sido testigos del progreso del joven guerrero desde lejos. Y, en todos los sentidos, es extraordinario.

—Ese será el problema de la Matrona Malicia, no el mío.

—Pero al ayudar a la Matrona Malicia, ¿no estaremos ayudando también a la Matrona Soulez? —preguntó una Kiriy aún confusa.

—Es una buena pregunta —dijo Zeerith a su hija—.

Pero creo que no. La adquisición de Malicia enfurecerá a Uthegentel, ese estúpido medio ogro, que no soporta que lo comparen con él...

Pero intrigará al hijo favorito de la Matrona Baenre.

En breve, los ojos de la Casa Baenre estarán sobre la Casa Do’Urden y, por tanto, cualquier ventaja que la Matrona Soulez pudiera tener sobre la Matrona Malicia no la podrá hacer servir sin alertar a la Casa Baenre.

La Casa Barrison Del’Armgo no se arriesgará a eso.

—Debemos cuidarnos de no subestimar a la Matrona Malicia Do’Urden —indicó Horrodissomoth—.

Ella sabe que ahora es vulnerable, con su casa debilitada y ese ascenso, que aún no ha iniciado, hacia donde ya pueda oír los ecos del consejo regente.

En un solo movimiento, se protegerá de esas casas menores que se planteen derrotarla, porque, si eso es todo lo que su reputación dice, estas verán que el coste sería demasiado alto; y también acabará con cualquier plan de Barrison Del’Armgo de absorberla.

—Y gana un acuerdo con la rival más odiada de la Matrona Soulez —añadió Kiriy, y la Matrona Zeerith asintió, reconociendo la perspicacia de su hija.

Muchas matronas tenían rivales y enemigas entres sus iguales, pero no había dos que se odiaran más que Zeerith y Soulez.

Pocos lo hubieran supuesto, porque la distancia relativa entre sus rangos las convertía en enemigas aparentemente muy dispares.

Pero Zeerith sabía la verdad y comprendía también que Soulez estaba ganando poder exactamente como lo había hecho ella: colocando a hombres drow en posiciones prominentes.

Sí, la Casa Barrison Del’Armgo ascendería deprisa, y, mientras otros miraran anonadados, Zeerith no se sorprendería cuando la predicción que antes había hecho a Kiriy se convirtiera en realidad: la Matrona Soulez, o, con más seguridad, su hija, tomaría su puesto en el consejo regente.

No era del todo imposible, pensaba Zeerith, que Mez’Barris Armgo se convirtiera algún día en la matrona de Menzoberranzan y desplazara a la gran Baenre.

Pero la advertencia de Horrodissomoth no era baladí, porque la Matrona Malicia Do’Urden, también de una casa sin mucha importancia, ya había conseguido tejer unos acuerdos impresionantes tanto con Xorlarrin como con Barrison Del’Armgo.

Y ese acuerdo incluiría otra fuerza a la sombra, una que ganaba potencia bajo el tutelaje de la Casa Baenre, y una con la que ninguna casa de Menzoberranzan deseaba enemistarse.

—Entrega el oro y los guerreros plebeyos acordados a Jarlaxle —indicó Zeerith a Horrodissomoth, refiriéndose al jefe de esa fuerza a la sombra.

—¿Tengo que hacerlo? Jarlaxle es insoportable.

—Que es por lo que debes hacerlo. No quiero tener nada que ver con él —respondió la Matrona Zeerith, pero era una mentira, porque ella ya había tenido mucho que ver con el vividor llamado Jarlaxle.

Pero Horrodissomoth, su esposo, no tenía por qué saber eso.