Intemporal (Generations 1) 1. La telaraña de la matrona #3
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1. La telaraña de la matrona #3

Ese calificativo molestó a Briza, sobre todo porque sabía que era cierto.

La Matrona Malicia era, sin duda, una tentación para cualquiera que pudiera ser tentado.

Su apetito sexual y sus proezas se habían convertido en objeto de habladurías en todo Menzoberranzan.

Y Briza no había resuelto aún si Malicia empleaba el sexo para conseguir confidencias y ventajas o si, simplemente, era insaciable.

Con nobles, plebeyos, hombres, mujeres, e incluso con drañas, se decía en esos rumores; no importaba.

Muchos de esos susurros iban acompañados de risitas, claro, y más de unos cuantos, de desprecio y del juicio de que Malicia estaba actuando con menos dignidad que la que su posición requería.

Quizá fuera cierto, pensaba Briza a menudo, pero lo que parecía serlo incluso más era que su madre continuamente hacía avanzar a la Casa Do’Urden. En la Ciudad de las Arañas, en la religión de Lloth, poco importaba más y, sin duda, nada era tan banal como los placeres carnales.

—Sí —continuó la Matrona Zeerith, pensándoselo y riendo un poco, antes de volver a clavar los ojos en Briza—. Ni siquiera sabes lo que significa tu respuesta, ¿verdad?

Briza pasó un buen rato devolviéndole la mirada antes de negar con la cabeza.

—Me refiero a las implicaciones que tiene para ti —aclaró Zeerith.

—Quizá si me dijeras la pregunta —replicó Briza, pero Zeerith ya se reía a carcajadas antes incluso de que Briza hubiera acabado su petición.

—Vete, niña, vete —dijo la Matrona Zeerith, despidiendo a Briza con un gesto de la mano—. Dile a tu Matrona Malicia que la Casa Xorlarrin le entregará su premio cuando esté seguro.

Briza siguió mirando fijamente a la jefa Xorlarrin mientras andaba hacia atrás, alejándose del trono. Cerca de la entrada de la sala la recogieron un par de jóvenes magos, que la escoltaron a la salida y le informaron por el camino de que no había ningún disco que la fuera a devolver a su casa.

Mientras la puerta del complejo Xorlarrin se cerraba a sus espaldas, Briza pensaba que quizá no debería haber ido allí sola.

—Claro que la respuesta es sí —dijo la Matrona Zeerith a Kiriy y a Horrodissomoth en el salón del trono—. El parecido es inconfundible, ¡igual que su tamaño! ¡Me sorprende que esa criatura ogruna no partiera en dos a la pequeña Malicia al nacer!

Horrodissomoth, que también era el padre de Kiriy, rio con ganas.

—¿Te has acostado con ella alguna vez? —le preguntó de repente la Matrona Zeerith, ya sin hilaridad. Él carraspeó varias veces para aclararse la garganta antes de responder.

—No, claro que no.

—Creía que tendrías curiosidad —dijo Zeerith, decepcionada—. Yo la tengo. Esa Malicia se ha ganado toda una reputación.

—Bueno… —se atrevió a decir Horrodissomoth.

—¡Lo has hecho! —le acusó la Matrona Zeerith, pero su risa era mayor que cualquier señal de celos o furia.

—¿De qué va esto? —interrumpió la suma sacerdotisa Kiriy, frustrada. Cuando ambos se volvieron hacia ella con incredulidad, ella preguntó tímidamente—. ¿De qué estáis hablando?

—La respuesta ha sido sí —explicó Zeerith.

—¿A qué?

—El patrón Rizzen Do’Urden afirma ser el padre de la sacerdotisa Briza, pero cualquiera que los conozca a los dos, y haya visto también lo pequeña que es Malicia, dudaría de esa afirmación.

—Entonces, ¿qué se supone que significa esa respuesta?

—Que el padre de Briza es ese tosco guerrero, Uthegentel, de la Casa Barrison Del’Armgo —respondió Horrodissomoth, después de que la Matrona Zeerith se lo permitiera con un asentimiento.

Eso dejó a Kiriy con la boca abierta. Aunque de una casa menor, Uthegentel Armgo era considerado por muchos el maestro de armas más formidable de toda la ciudad; un drow gigantesco, del que se sabía que luchaba con un terrible tridente.

Sin duda, muchos habían sido alzados al aire por él, ensartados en sus dientes asesinos y exhibidos como un trofeo.

—Y no fue ningún accidente —añadió la Matrona Zeerith, con una voz que de repente se había vuelto seria—. Se trató de parte de un intercambio.

—Por magia negra —dijo el mago—. Magia del parto, que no debería existir.

Kiriy lo miró sin entender.

—El empleo del poder de la creación, del acto de dar a luz, como un medio hacia una destrucción mayor —explicó Horrodissomoth—. Es una antigua técnica de gran poder, pero ha sido vetada y no está aceptada por el consejo regente.

—Pero ¿ese poder no sería dado por Lloth? —insistió la confusa mujer.

—No debería existir —fue todo lo que le contestó Horrodissomoth, y con gran frialdad.

—La Matrona Vartha Do’Urden estaría de acuerdo contigo —afirmó la Matrona Zeerith—. Pero si nuestras sospechas son correctas, entonces, debemos extremar la vigilancia cuando la Matrona Soulez Armgo o cualquiera de sus despreciables hijas esté preñada. Sobre todo, esa odiosa criatura Mez’Barris.

—¿Crees que han descubierto el secreto de la magia del parto? —preguntó Horrodissomoth.

—Le dieron a Malicia algo a cambio de permitir que Uthegentel se infiltrara en su casa como progenitor. La oportuna muerte de la Matrona Vartha es demasiado perfecta para tratarse de una simple coincidencia.

—¿Demasiado perfecta? —repitió Kiriy, tratando de seguir el hilo—. ¿Estás diciendo que la Matrona Malicia permitió que Uthegentel Armgo la dejara embarazada a cambio de una magia negra que le permitiera librarse de su madre?

—Eso parece —contestó Zeerith.

—Nunca he oído hablar de esa magia del parto —dijo Kiriy.

—Tomar el poder de la creación e invertirlo en destrucción —explicó Horrodissomoth—. Es demoniaco y oscuro.

—También lo es Lloth —le recordó Kiriy, y el mago solo pudo encogerse de hombros.

—Quizá la magia del parto sea dada por Lloth, o quizá no —respondió la Matrona Zeerith—.

Pero es un secreto que muy pocos han descubierto, y uno de un gran poder, al parecer.

La Matrona Vartha Do’Urden no era una sacerdotisa cualquiera.

Se marchitó y murió en cuestión de horas.

Y seguro que la Casa Barrison Del’Armgo está encantada con el ascenso de la Casa Do’Urden.

Ahora tiene algo con lo que presionar a la Matrona Malicia, y seguramente absorberán su masa, si eso los beneficia.