Intemporal (Generations 1) PRIMERA PARTE
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PRIMERA PARTE

E COS DEL PASADO

En la Infraoscuridad no puedes ver las telarañas. Las notas, demasiado tarde, cosquilleándote y engañándote, y quizá grites de miedo o de asco antes de morir .

Pero no las verás .

Ni las de las arañas ni las de las otras criaturas que tienden trampas a los tontos descarriados que se han aventurado por donde no debían .

Y pocos lo hacen. Pocos son los que pertenecen a la Infraoscuridad, pero los que viven aquí consideran la oscuridad como una aliada para sus propias traiciones.

Aquí los enanos duergar cortan y roen la piedra, manejando los picos con la fuerza del odio. Siempre gruñendo y maldiciendo, cualquier chispa causada por el metal sobre la piedra muestra rostros entrecanos con un ceño perpetuo y amenazador .

Aquí los monstruosos pescadores de las cavernas lanzan sus largas hebras, preparados para agarrar a cualquier visitante incauto y arrastrarlo, mientras este se sacude triste e inútilmente barranco arriba hacia unas fauces expectantes .

Aquí las enormes moles sombrías excavan, a través de la piedra, a través de la carne; no les importa .

Aquí las setas gigantes se reúnen y planean la catástrofe .

Aquí las sombras vivas y sentientes se alzan y vuelan, con los fríos dedos dispuestos a estrangular a cualquier cosa que posea el calor de la vida .

Aquí los acechadores se hacen pasar por el suelo. Aquí los perforadores cuelgan entre las estalactitas. Cualquiera que se tope con uno de ellos pensará que la propia Infraoscuridad se ha alzado para devorarle .

Y, en muchos sentidos, no se equivoca .

Y luego, como tantos otros antes que él, morirá y será tragado por la sombra .

Porque eso es la Infraoscuridad, un lugar donde las sombras se apiñan demasiado para ser llamadas sombras; donde la luz señala al portador más de lo que señala el camino que hay ante él; donde cualquier territorio de caza está limitado por otro territorio de caza; donde el afortunado es aquel que puede simplemente elegir su modo de morir, puede clavarse su propia espada en el corazón antes de que los tentáculos de una bestia desplazadora se lo lleven, o antes de que la araña, muy lentamente, haya acabado de chuparle todos los jugos vitales, metido en un capullo sin escape posible .

Aquí a menudo rondan los demonios, insaciablemente furiosos, señores del asesinato .

Aquí los gases silenciosos, inodoros e invisibles de túmulos distantes, conceden el sueño eterno; o forman, a partir de un destello del pedernal contra el acero, una bola de fuego capaz de avergonzar al archimago de Menzoberranzan .

Aquí se encuentra el tenebroso latido del agua distante que gotea, un único sonido que baila de piedra en piedra, amplificado por la profunda quietud .

Aquí repican los huesos de los muertos sin redención, puestos en movimiento por la siniestra magia de ese lugar oscuro, alzados de la muerte para arañar y morder .

Pues eso es la Infraoscuridad, y aquí se halla Menzoberranzan, la Ciudad de las Arañas, la de aquellos que veneran a la diosa demonio que se hace llamar la Reina de las Arañas .

Solo un loco acudiría sin ser invitado .

Solo un loco acudiría habiendo sido invitado .

Porque aquí están los drow, los elfos oscuros; los señores de la magia, divina y arcana; los señores de las armas afiladas por los crueles encantamientos de la Faerzress, la frontera mágica que da vida a la Infraoscuridad y que la conecta, tan adecuadamente, con las tierras de los demonios y los diablos .

Sí, aquí están los drow, y dejarán de matarse entre ellos solo el tiempo suficiente para matarte a ti .

«—¿Qué debo llevar, padre? —preguntó el joven, a punto de partir hacia una aventura en la Infraoscuridad, en una fábula conocida en todo Faerûn .

— Dos monedas .

— ¿Oro de Aguas Profundas? ¿Plata de Cormyr?

— No importa —contestó el padre .

— ¿Cuánta comida debo llevar?

— No importa. Dos monedas .

— Agua, sin duda, padre. ¿Cuánta debo cargar?

— No importa. Dos monedas .

— ¿Compraré todo lo que necesito con dos monedas? Entonces, ¿qué arma es mejor? ¿Una espada? ¿Un arco?

— Dos monedas. Solo dos monedas .

— ¿Para comprar todo lo que necesito? —preguntó el hijo, confuso .

— No —respondió el padre—. Para cubrirte los ojos cuando estés muerto. Nada que lleves evitará eso.»

Esto es la Infraoscuridad, la tierra de los asesinos .

La tierra de los drow .

—D RIZZT D O ’U RDEN