Insania Mea Capítulo 19
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Capítulo 19

Nuevamente las noticias. Como si en este lugar no pudieran poner otra cosa.

Nos atormentan con sucesos cotidianos elegidos cuidadosamente para perpetuar su hegemonía.

Guerras, violencia, política: siempre es lo mismo.

Nos llenan de temor para justificar la represión.

La dichosa televisión es un tormento. La encienden para hacernos sentir que no estamos siendo violentados.

El derecho a la información. Nos hacen verla nada más por burocracia.

Como si les importara lo que siento. Me tienen arrinconada y, pese a que por alguna razón tengo algunos privilegios, no soy aquí la más amada y respetada.

Me molesta porque me distrae de lo importante.

Por ejemplo: hoy han dicho que Rebeca desapareció. No sé quién es Rebeca, pero sus padres la siguen buscando. Yo sé bien que ya está muerta. El capastuza la mató. Sí, igual que a mí.

Hoy me siento doblemente atormentada. Esa tal Rebeca me hizo recordar que yo también tuve un hogar.

Que añoraba el aroma de las fresas. Sí, la enfermera huele a fresa.

Y el sillón de la sala era igual a aquel sillón.

Alguna vez también mi madre me buscó. También me vi en televisión.

Pero esa yo también murió. El capastuza la mató.

El locutor me dio por muerta. Al final dejaron de buscar.

Y heme aquí. Enclaustrada hasta el final.

Una ramera complaciente porque mi nombre se pudrió.

Eso es lo que soy. En eso me transformaron. Ellos. Mis supuestos hermanos. Sí, solo ellos y yo. Ahora sé que soy culpable y también eso me oprime el corazón.

En la noche vino el capastuza. El muy bastardo sigue aquí. Susurra a mis espaldas. Me abraza. Me posee. No digo nada. Yo soy la puta. Él es el cazador.

Vania solo observa. Se asusta, pero no puede decir palabra alguna. Sabe bien que su destino está sellado. Ella reza para que su nombre no se pudra. No. Su nombre se pudrió, al igual que el mío. Somos todos. Somos ellos y yo.

¿Cuántos recuerdos me habrán implantado por la fuerza? Uno es quien es por lo que recuerda de sí mismo y ellos me obligaron a olvidar. Me convirtieron en nadie. Miro atrás y nada veo. Ya no puedo estar segura de quién soy en realidad.

—Eres Renata —dijo una voz detrás de la pared—. No lo olvides.

Renata inclinó la cabeza de un lado a otro. Después sonrió.

—¿Eres yo o alguien más que no conozco?

La voz no respondió y Renata se perdió en sus pensamientos.