Insania Mea Capítulo 6
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Capítulo 6

Algo muy adentro se había hecho añicos. MedioTocado había hecho trizas su mundo de ensueño; sus padres seguían con la opresión y, para Rebeca, seguir sus órdenes ya era inaceptable.

Fue en ese momento cuando Vania emergió con toda su fuerza y Rebeca pasó de la sumisión a la confrontación.

Al día siguiente de regresar a casa, tuvo una discusión bastante violenta con su madre.

Su madre le había dicho que le había conseguido trabajo en una empresa.

Rebeca se opuso rotundamente. Ella bien sabía lo que sus padres querían.

Trabajar no era el problema; el problema era en dónde querían meterla.

Un tipo de treinta y tantos años les había dicho a sus padres que él la podía meter a trabajar con él en cuanto ella terminara la carrera.

Era un conocido de la familia que no trataba de ocultar su interés por Rebeca.

La halagaba y le hacía insinuaciones constantemente.

Sus padres, en lugar de ponerle un alto, le decían a Rebeca que no fuera tan quisquillosa, que él era un buen partido.

Pero ella no era moneda de cambio. No le importaba el dinero que él pudiera tener.

Vania pugnaba por emerger desde muy adentro de su ser, sumergida en un abismo de desolación, y Rebeca estaba furiosa por tener que ser solo ella y nadie más.

Salió de casa dando un portazo y no regresó hasta muy avanzada la noche.

Cuando regresó, su madre la esperaba en la sala, cruzada de brazos y con la ira contenida en el rostro.

Rebeca la miró con desprecio y subió a su habitación.

Su madre se levantó y se fue tras ella. Rebeca cerró la puerta con seguro.

—¡Algún día tendrás que salir! —vociferó—. ¡Si mañana no te presentas a trabajar, me vas a conocer!

Rebeca se tumbó en la cama. Le temblaban las manos. Tomó la almohada, la colocó en su rostro y le confesó sus secretos entre gritos sordos.

Recordó a Isidro. Se levantó para buscar el folleto y se tendió en la cama para leer.

Era un cuarto de cartulina sulfatada. La impresión era de buena calidad, como si la hubieran mandado a hacer en una imprenta.

La cartulina era negra y en el centro tenía un código QR dorado.

Debajo, un texto decía: «Código de un solo uso».

Rebeca lo escaneó con su teléfono:

En la pantalla apareció una página con un contador de tres minutos que descendía cada segundo. La página tenía letras de color dorado y algunas figuras de aspecto moderno, pero con claras bases del antiguo Egipto.

Debajo aparecía un texto:

NEN SETEPU. NEN UREJU

El mundo está en tinieblas. Tú tienes el brillo del Ba. No eres una más.

Eres Ureju por destino. Ven a nosotros. Nen Setepu te espera.

Nosotros somos los Setepen-tuet.

Protectores de la verdad y del equilibrio del cosmos.

Recuerda.

Eres una de nosotros.

Tú eres una elegida.

Eres Setepen-tuet.

----Importante----

La página se desactivará en tres minutos. Entonces aparecerá un código

alfanumérico que deberás memorizar.

El contador descendía. Rebeca leyó el mensaje dorado. «Nen Setepu. Nen Ureju.» Las mismas palabras de la finca.

02:45… 02:44… 02:43…

«Protectores de la verdad y del equilibrio del cosmos.» Soltó una risa seca. Propaganda. Aunque debía admitir que era propaganda cara.

Leyó la advertencia al final: «La página se desactivará en tres minutos. Entonces aparecerá un código alfanumérico que deberás memorizar.»

02:15… 02:14…

Rebeca observó el contador descender. No podía apartar la vista. Intentó hacer una captura de pantalla. El teléfono no respondió. «Van en serio con lo del código de un solo uso», pensó.

01:30… 01:29…

Se incorporó en la cama. Las manos empezaron a sudarle.

00:45… 00:44…

«¿Para qué quieren que memorice un código?» 00:10… 00:09… 00:08…

A los tres minutos exactos, el mensaje desapareció. La pantalla se puso negra y el código se mostró con letras doradas.

0X-N7-R13-Λ

Rebeca observó el código. Lo leyó en voz alta para memorizarlo: «Cero equis, ene, siete, erre trece, lambda.»

Lo repitió tres veces más. Segundos después, la pantalla se puso negra nuevamente.

No era para nada lo que Rebeca esperaba encontrar. Pensaba que se trataría de otra cosa. No tenía la menor intención de ingresar a una secta de la que no sabía absolutamente nada y en la que además se hablaba de patrañas.

Rebeca dejó el teléfono sobre la cama y cerró los ojos. «Solo me quieren impresionar. Es puro teatro», se dijo.

De pronto, el teléfono vibró. Lo levantó. La pantalla se había encendido sola.

INGRESE CÓDIGO |

Rebeca se quedó helada. El corazón empezó a latirle con fuerza.

El cursor dorado parpadeaba. Esperando.

Intentó salir. Oprimió el botón de inicio. Nada.

Intentó apagar el teléfono. Oprimió el botón de apagado una, dos, tres veces. El aparato no respondía.

La pantalla seguía ahí. Exigiendo el código.

«Solo me quieren espantar», pensó, aunque las manos ya le temblaban. La adrenalina hacía estragos en su cuerpo.

Respiró profundo. Tocó la pantalla. Apareció el teclado virtual.

Ingresó el código con cuidado: 0X-N7-R13-Λ.

Al ingresar el último carácter, el teléfono emitió una voz femenina y robótica:

«La información que recibas a continuación es confidencial. No puedes divulgar nada de lo que ahí se muestra. Te seguiremos vigilando.»

Rebeca sintió un escalofrío. Acto seguido, la pantalla cambió. Apareció algo parecido a una página de Wikipedia, pero con fondo negro y letras doradas. El título decía: «SObrE LA DUALIDAD DEL ESPÍRITU».

Rebeca comenzó a leer, aun con las manos temblorosas:

SObrE LA DUALIDAD DEL ESPÍRITU

Los egipcios denominan Ka a la fuerza vital de cada ser humano; es lo que nos otorga la vida. Cuando el Ka abandona el cuerpo, este último muere irremediablemente.

—Qué mamadas. Es pan con lo mismo —pensó—. Supongo que debe ser algo así como el alma. ¿Qué pasa si morimos y no hay nada más?

El alma del individuo es conocida como Ba; de igual manera, mora en el cuerpo.

El Ka otorga la vida y el Ba es una entidad inmaterial.

Cabe mencionar que el Ka no es únicamente una energía vital, sino una especie de existencia alterna: un doble espiritual.

Necesita ser alimentado para que subsista, pues el cuerpo permanecerá vivo mientras el Ka sea alimentado y habite en él.

—¿O sea, cómo? A ver, piensa —dijo para sí—. No me queda claro.

Bajó el teléfono y lo sostuvo entre sus manos. Se quedó pensativa largo rato.

—Si tuviera un robot, el Ka sería como la batería, supongo. Si se la quito o la dejo de cargar, vale madre, ya no se mueve. Se muere. Y entonces es cuando el alma se desprende, el Ba, como le dicen ellos. Sí, creo que ha de ser así.

Por otra parte, cuando el Ba abandona el cuerpo sin que este haya muerto previamente, a causa de un deseo descontrolado —normalmente de manera inconsciente—, se produce un efecto interesante: el Ba de una persona viva puede materializarse de alguna manera en un lugar distante y ser observado por una o varias personas.

Este espíritu visible es llamado vardøger , un espíritu que antecede a la llegada de una persona.

Según los nórdicos, cuando eso sucede, es señal de que esa persona está próxima a morir.

Rebeca soltó una carcajada.

—¡No mames, ahora sí se pasaron! ¿De verdad creerán en esas mamadas? —se dijo.

Por otra parte, existe el doppelgänger , un gemelo malvado espiritual que camina al lado de quien lo posee.

Negó con la cabeza lentamente y esbozó una sonrisa.

—¿De cuál fumaron estos güeyes?

Siguió leyendo con el ceño fruncido.

Asimismo, diferentes culturas en todo el mundo hablan del desdoblamiento astral, un viaje que realiza el espíritu mientras el cuerpo duerme y del que se es plenamente consciente.

Rebeca suspiró y volvió a negar con la cabeza.

El Ren es el nombre de la persona. Mientras este no sea olvidado, la persona que haya logrado alcanzar el estado de Akh no morirá.

Si el nombre se olvida, entonces la persona será un muerto viviente hasta que el Ba lo abandone.

Rebeca se quedó pensativa. Analizaba cada palabra de lo que acababa de leer.

Algo le hacía sentido. Recordó a Insania y el foro. Ella había mencionado algo sobre eso.

Sintió un escalofrío.

La habían estado cazando desde el principio y ella había caído en la trampa.

—A ver, Rebeca, piensa —se dijo—. La verdad es que no creo en nada de esto. Ni siquiera puedo tener la certeza de si somos algo más que solo materia.

Hizo una pausa.

—¿Y si solo acepto y ya? No. Eso me crearía un conflicto.

Me vería obligada a seguir los preceptos de una fe que no profeso.

Por otro lado, allá en el pueblo me sentí extraña.

Y en el foro… éramos muchos, pero solo me eligieron a mí.

Algo deben haber visto. Soy especial, supongo.

Siempre me he sentido miserable. Anulada.

Preterida. Como una sombra sin rostro… Y ellos me vieron.

De entre todos me vieron a mí. Únicamente a mí.

Bueno… También estaba Insania. Aunque ella ya estaba ahí de antes —suspiró—.

¿Creerán que estoy igual de trastornada?

Güey, escribía bien raro. No. Ella es diferente.

Yo soy yo. Nada que ver. Vale, no divagues. ¿Qué vas a hacer? ¿Le entro o no?

Cerró los ojos un instante.

—Pues a ver qué pasa.

—No. Ni madres. Lo tengo que pensar.

—¿Y si te casan con ese güey? Puta madre, la verdad es que sí me quiero largar —murmuró.