Insania Mea Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Su esposa regresaba a casa a las cinco y media después de un trabajo agotador.

A diferencia de él, no podía desempeñar su trabajo desde casa.

Se tenía que trasladar a la zona industrial en donde trabajaba como supervisora de seguridad e higiene.

Una hermosa jovencita con casco y chaleco que daba instrucciones a los obreros con la sonrisa siempre en el rostro.

Ellos respondían en tono militar: «Señor, sí, señor», y siempre seguían las reglas de seguridad pese a que ella jamás se comportaba como sargento.

Cuando llegaba a casa, siempre había café listo en la cafetera; se servía una taza y se sentaba en el sillón para leer un libro.

Ella observaba a Sócrates desde ese lugar; veía pasar sus tenis de lona de un lado para otro mientras él mantenía la mirada en quién sabe dónde.

Sin embargo, no decía nada. Decidió aguardar a que él mismo le contara lo que sucedía.

Después de tres días de espera, por fin el mensaje anhelado llegó.

Lo abrió y comenzó a leer.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: 09/12

Asunto: Fwd: Preocupado por ti

A quien me ha escuchado.

Tengo el panorama borroso. Mi mente se ofusca y un sentimiento de pérdida se apodera de mí. Quizá en el fondo te recuerdo y por eso algo muy dentro de mí me ha empujado a escribir estas líneas para ti.

Si estar loca es estar bien. Entonces sí. Me encuentro infinitamente bien.

Me da gusto que ames a tu esposa. No todos tenemos la suerte de que alguien nos aprecie.

Te deseo de todo corazón que seas bien correspondido.

La mayoría perece solo en el intento.

Me gustaría conocer a la afortunada.

No lo tomes a mal si no respondo. La mayor parte del tiempo mi mente se encuentra en no sé dónde. Pocas veces, como hoy, no me abandona la razón.

Saludos.

Sócrates respondió de inmediato.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: 09/12

Asunto: Fwd: Preocupado por ti

Hola, Insania.

Me alegra mucho saber que estás bien.

Quizá algún día, si tú quieres, podamos salir a tomar un café y platicar frente a frente.

Te mando una fotografía de Selene y de mí para que nos conozcas. Espero que tú también puedas enviarme una fotografía tuya. He buscado en el foro, pero solo encontré un avatar tuyo.

Saludos.

No había respuesta.

—Esa chica es un misterio —dijo para sí—. No lo sé. Quizá todo fue un malentendido. Insania parece estar bien. Un tanto perdida en sí misma. Eso es todo.

Se relajó y empezó a dedicar su tiempo a tareas cotidianas. Empezó a programar con calma y a terminar todo el trabajo que tenía atrasado por culpa de esa situación que lo había absorbido por completo.

Selene permanecía en la sala, sentada en el sillón con un libro en las manos. Leía con una calma digna de un monje tibetano, reflejada en su rostro, cuando Sócrates se acercó a ella.

—¿Bien cargado y sin azúcar? —preguntó él.

—¿Cómo entonces, si no? —contestó ella con una sonrisa en su rostro.

Era su forma de preguntarse si querían salir a tomar un café. Una complicidad que solían compartir con sus amigos.

Salieron juntos, tomados de la mano como era su costumbre.

El viento llevaba consigo el aroma del café recién tostado en dirección a ellos.

Empezaba a oscurecer y las lámparas de la calle se encendieron. La luz naranja proyectaba sus sombras sobre el piso y se divertían mirando cómo se hacían enanos e iban creciendo poco a poco mientras avanzaban.

Llegaron al lugar y se sentaron frente a una mesa. Hablaron de cómo había estado su día y al cabo de un rato regresaron a casa.

Sócrates encendió su computadora y revisó su bandeja de entrada.

Insania había respondido después de cinco días.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: 14/12

Asunto: Fwd: Preocupado por ti

La he visto en la fotografía. Es hermosa.

Tu esposa está en peligro. Ella es una de nosotras.

Vania me dijo queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

Sí, sí, ella es una…

A todas nos quiere matar.

El capastuza.

Huye de aquí.

Mensaje enviado. Mensaje enviado. Mensaje enviado. Mensaje enviado.

No. No, no. No lo he enviado…

Sácala de aquí…

Sócrates sintió que el aire le faltaba.

Se levantó rápidamente y cerró todas las cortinas de la casa. Se dirigió a la puerta y cerró con seguro.

Regresó corriendo a su oficina y redactó un correo para Insania. Quería una respuesta. No hubo tal.

Caminaba de un lado a otro por la sala sin saber qué hacer.

Envió dieciséis correos más. Todos rebotados. El buzón, inaccesible.

Algo andaba mal.

Selene salía a correr todas las mañanas. Desde aquel día, Sócrates decidió acompañarla. No era capaz de seguirle el paso. Así que al día siguiente tomó la bicicleta para poder avanzar a su lado. Incluso comenzó a llevarla al trabajo en el auto.

Selene nunca le recriminó por nada. Jamás obtuvo una explicación.

Sócrates, después de trece días sin saber nada de Insania, se volcó sobre Vania. Se metía al servidor del foro, borraba mensajes y colocaba otros en los que acusaba a Vania de amenazar a Insania y después a él y a su esposa.

Vania, por su parte, se preguntaba por qué Sócrates la atacaba de esa manera.

No respondió ni uno solo de sus mensajes porque era su foro.

Ella era la líder. Había expulsado a Insania por romper las reglas.

Eso era todo. Jamás amenazó a nadie. Pero Sócrates no descansó.

A finales de enero, al ver su refugio destruido casi en su totalidad, Vania prefirió rendirse y abandonar su sueño.