Insania Mea Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Vania dijo que nos quiere matar.

A todas nos va a matar.

Insania:

03/12 – 01:58 a.m.

Vania me lo ha dicho.

A todas las que son como yo.

Vania (Moderador):

03/12 – 01:58 a.m.

Insania ha sido eliminada por spam y contenido inapropiado.

MedioTocado:

03/12 – 03:10 a.m.

Vania, necesito hablar contigo.

Te envié un mensaje privado.

Esto es importante.

MedioTocado:

03/12 – 03:13 a.m.

Vania, ¿por qué la eliminaste?

Insania estaba en peligro.

Vania (Moderador):

03/12 – 03:14 a.m.

Hilo cerrado. No se aceptan más respuestas.

Insania se espabiló.

Observó largamente el monitor y deslizó sus dedos sobre la pantalla.

Miró su rostro reflejado. No había nadie más.

Sus ojos hundidos llenos de lágrimas se perdían en la oscuridad violácea del insomnio.

Después miró la puerta de su habitación.

Era otro muro impenetrable en ese cuarto de tres por tres.

Cerró los ojos un momento. Cuando los abrió de nuevo, todo seguía igual.

Su amiga imaginaria, espectro o qué sé yo, la miraba compasiva, colgada del techo cual araña.

Su mirada se perdió en el vacío y su mente se refugió en un rincón distante.

***

MedioTocado y su esposa habían comprado su casa hacía apenas unos meses.

Una casa diminuta idéntica a las otras quinientas que completaban esa maqueta de asfalto bardeado que hacía frontera con filas y filas de milpas doradas por el sol.

El viento siseaba a su paso sobre las cañas de elote y llevaba consigo un aroma a establo muy marcado hasta ese relicario emplazado en medio de un laberinto de fachadas blancas. Era pequeña, pero suya.

Las delgadas paredes sin pudor alguno entregaban a los vecinos cualquier conversación que no se realizara entre murmullos.

En esa caja de zapatos, MedioTocado improvisó su oficina en la única recámara de la planta baja.

Colocó algunos libreros y un escritorio que compró con mucho esfuerzo y dedicación.

MedioTocado levantó su taza de café. El calor se había desvanecido y el aroma se había perdido. Aun así, bebió un sorbo. Cerró los ojos un instante y tomó aliento.

Algo en los escritos de Insania le había dejado una sensación de vacío que no podía explicar. Se mordía las uñas y movía constantemente su pierna derecha mientras esperaba frente a la computadora. Recargaba la bandeja de entrada en intervalos muy breves. Nada.

Su esposa se asomó a la puerta y lo llamó para ir a dormir.

Ella aún olía a jabón. De su cabello castaño envuelto en una toalla, un mechón ondulado que caía con gracia sobre sus mejillas rosadas mojó el rostro de MedioTocado cuando se inclinó sobre él para besarlo.

Él hizo el intento por abrazarla, pero se contuvo.

Le dijo que esperaría un poco más antes de acostarse.

No obstante, dedicó varias horas a analizar una a una las publicaciones que Insania había colgado en el foro.

Se fue muy atrás en el tiempo para buscar alguna evidencia que respaldara lo dicho por Insania.

Ella había mencionado explícitamente que Vania la había amenazado.

—Insania parece claramente trastornada —pensó—.

Pero las cosas no siempre son lo que aparentan.

Son como son y no podrían ser de otra manera.

La realidad jamás se percibe completa. La percepción es un camino iluminado que tomamos por inercia para evitar la realidad siniestra y en tinieblas.

Tengo que indagar lo que estaba sucediendo y recabar lo que pueda del foro de Vania.

Se levantó de su lugar. Se preparó un café y bebió unos cuantos sorbos sin prisa. Regresó a su computadora. Abrió una terminal y empezó a hackear el servidor en el que estaba alojado el foro. Descargó un montón de información de los usuarios.

Sobre todo, le interesaba conseguir las direcciones IP y los correos electrónicos para ver si podía localizar a Insania.

Consiguió el correo y le escribió con la esperanza de que ella le contestara:

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: 06/12

Asunto: Preocupado por ti

Hola, Insania.

Escribo esto con la firme esperanza de que te encuentres bien.

Francamente, me quedé muy preocupado por tu publicación.

Sí. Ya sé que quizá, al igual que yo, escribes solo por el gusto de saberte escuchada.

Todos nosotros tenemos tantas cosas que decir y casi nadie que pueda escuchar nuestras locuras.

Si ese es el caso, me alegro por ti. Si no, entonces me gustaría ayudar, pese a que, por el momento, no tengo idea de cómo podría lograrlo.

No obstante, quiero hacerte saber que no estás sola y que hay algunos que nos preocupamos por ti.

Sé que no me conoces y que lo que digo suena a discurso vacío; carece de fundamento decir que me preocupas. Sin embargo, valoro la vida sobremanera. Valoro las mentes brillantes sin importar lo divergentes que estas puedan ser.

Hasta este momento he leído casi todas tus publicaciones y, créeme, eres maravillosa.

No me malentiendas.

No te estoy insinuando nada extraño.

Tengo esposa y la amo.

A ti te he tomado cariño y te respeto como no tienes una idea.

Me encanta cómo escribes.

En fin. Espero que estés bien y que todos tus escritos sean solo fantasía.

Atte.

Sócrates (MedioTocado).

Sócrates, una vez más, revisaba la bandeja de entrada a cada momento para ver si Insania le había respondido.

Salía a la sala, se sentaba en el sillón, caminaba, regresaba a la oficina y volvía a salir.

Cada vez que el teléfono le mandaba una notificación, lo tomaba rápidamente, lo revisaba y lo volvía a guardar en la bolsa de sus jeans.

Las horas transcurrían aletargadas y parecían detenerse cada vez que Sócrates miraba el reloj. La alarma del teléfono sonaba justo a las cinco de la tarde, momento en el que Sócrates se dirigía a la cocina para preparar café y recibir a su esposa. La alarma no sonaba y el correo no llegaba.

Por fin, el teléfono despertó convulso con un ronroneo sordo que rompió, entusiasmado, la agonía de esa espera sempiterna.