Inquebrantable (Serie Amor inquebrantable nº 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Después de atender la emergencia, Julie necesitaba refugiarse.

El corazón le latía desbocado. Controlaba sus acciones, pero no podía evitar que su cuerpo la traicionara.

—Sabía que te encontraría aquí —dijo Max al entrar en el despacho de Sam. Julie estaba sentada sola, a oscuras.

—Solo necesito unos minutos, Max.

—Vi a Alex pasar con Lia, y cuando te vi dirigirte hacia aquí, lo supe.

—¿Tú y Brian sabíais que venía? —le preguntó.

—Yo no. Si Brian lo sabía, se lo guardó para sí —respondió, sentándose en la otra silla.

—Max... Ya no quiero esto. Necesito sacarme a esa mujer de la cabeza.

—No sé qué decirte, Doc. Veo que lo has estado intentando. De verdad. Pero incluso así... —dejó la frase en el aire.

—¿Tienes idea de cuántas veces me digo cada día que tengo que aceptar que se acabó?

Max guardó silencio un momento.

—¿Y cómo fue volver a verla?

—Una tortura.

—¿Sabes qué? Levántate. Vamos a trabajar. —Se puso de pie y le tendió la mano. Julie la aceptó.

—Trabajar es justo lo que más necesito ahora mismo.

Al salir del despacho, se encontraron con Lauren. Max volvió al trabajo y las dos mujeres siguieron por el pasillo.

—¿Es cosa mía o estás actuando raro? —le preguntó Lauren a Julie.

—¿Por qué lo dices?

—Entonces serán cosas mías —sonrió Lauren.

Julie lo dejó pasar y siguieron caminando.

Más tarde...

Aún en el hospital, Alex estaba a solas con Jill. Charlaban y se ponían al día mientras esperaban los resultados de unas pruebas.

Se callaron cuando se abrió la puerta.

—¿Puedo? —Lauren entró con calma, con una amplia sonrisa en los labios.

En silencio, Alex la observó y confirmó lo que no había querido confirmar: Lauren era muy guapa.

Jill miró de inmediato a Al, visiblemente incómoda, pero atendió a la visita.

—Por supuesto, Lauren. Adelante.

—¿Cómo está la mamá más radiante de todo el hospital? —preguntó Lauren, cálida y distendida.

—Estamos bien —respondió Jill con educación—. Lauren, ella es...

—Alex Hill, ¿verdad? —se adelantó Lauren, sorprendiendo a ambas—. Vi el programa. Me encantó.

—Oh... Me alegro —respondió Alex con impecable cortesía—. Encantada de conocerte, Lauren.

—No estás en esta temporada, ¿verdad? —continuó Lauren, sin cambiar de tema.

—No, yo... —empezó Alex, pero Jill la interrumpió.

—Al estuvo en Europa rodando otro programa —respondió Jill por ella.

—Así es —sonrió Alex, aunque por más que intentara corresponder a la atención de Lauren, el recuerdo de verla en el balcón de Julie no dejaba de atormentarla.

—Oh... qué bien. —Solo entonces Lauren pareció caer en quién era realmente la Alex que tenía delante. Se volvió hacia Jill—. Solo vine a darte un abrazo. El deber me llama —dijo con una sonrisa.

—Muchas gracias por preocuparte —dijo Jill.

—Alex, ha sido un placer conocerte en persona —dijo Lauren, volviéndose hacia ella.

—Gracias. El placer ha sido mío —respondió Alex con amabilidad.

—Nos vemos. Y cuídate —le dijo a Jill, y se marchó tan rápido como había llegado.

Jill miró a Alex, esperando algún comentario.

—¿Qué? —le preguntó Al.

—Nada. —La expresión de Jill era para morirse de risa.

—¿Tenías miedo de que me lanzara al cuello de la criatura? —preguntó Alex con ironía.

—Lo consideré muy en serio.

Sonrieron, pero enseguida Alex se puso seria.

—No hay nada que decir, Jill.

—Lo sé, cariño.

—Pensar en Juh con otra persona es... surrealista. —Soltó un suspiro angustiado—. Dios, no debería haber vuelto.

—No deberías haberte ido —dijo Jill con calma.

Alex asintió levemente, dándole la razón.

—¿Sabes qué es lo más extraño? Aunque me destroza, y me destroza mucho, que ella esté pasando página... quiero verla feliz. —Miró a Jill—. ¿Cómo es posible?

—Conozco la respuesta, y tú también, Al.

El amor es así, pensó Jill.

—Y por favor no me digas que me advertiste de que probablemente sería yo quien acabaría jodida —dijo Alex con una leve sonrisa.

—Ni se me pasó por la cabeza —bromeó Jill. Y añadió—: Te quiero, ¿vale?

—Yo también te quiero. A todos vosotros, en realidad. —Acarició el vientre de la embarazada.

Horas más tarde...

—¿Está todo bien, Lauren? —preguntó Julie mientras la acompañaba al aparcamiento; la obstetra se marchaba.

—Sí.

Lauren respondía con monosílabos, y eso era raro.

—De acuerdo. —Julie no le creyó.

—Tú eres la que ha estado muy callada hoy —contraatacó Lauren—. Y no son imaginaciones mías.

—¿Sabes una de las cosas que me gustan de ti? —Julie la miró y continuó—: Siempre eres directa. —De hecho, era la primera vez que Lauren no lo estaba siendo en absoluto.

—Necesito preguntarte algo. —Cuando llegaron al coche, Lauren por fin decidió ir al grano.

—Por fin.

—¿Alex Hill...? —preguntó Lauren, verbalizando por fin la pregunta que le había estado rondando la cabeza durante horas.

—La conociste en la habitación de Jill, ¿verdad? —concluyó Julie.

—Sí. La conocí.

—¿Fue grosera contigo? —Fue lo primero que pensó Julie.

—No. Al contrario. Fue muy educada.

—Oh. —Por alguna razón, aquello sorprendió a Julie—. Entonces, ¿a qué viene esa cara?

—Fue extraño darme cuenta de que solía ver la serie en la que salía tu ex. —Julie quiso reírse, pero no lo hizo, porque Lauren hablaba completamente en serio—. Y solo até cabos cuando Jill la llamó Al y mencionó Europa.

—No sabía que iba a volver ahora.

—Por eso no estabas bien. —No era realmente una pregunta.

—Lauren, todo esto es muy reciente todavía, y no esperaba verla aquí hoy. —Le tomó las manos—. Mira, salgamos más tarde. Nos tomamos unas copas. ¿Qué te parece?

—De acuerdo. Vamos. —Lauren aceptó—. ¿Le darán el alta a Jill?

—Sí. Voy a verla ahora. —Julie había estado evitando volver a esa habitación.

—De acuerdo. —Lauren la besó en los labios—. Hasta luego.

Se despidieron y Lauren se marchó. Julie volvió al hospital y subió por una de las escaleras hasta la primera planta, donde seguía Jill.

En ese preciso momento, Alex bajaba por las mismas escaleras.

Ninguna de las dos esperaba encontrarse allí. Se detuvieron y se quedaron mirándose.

—Hola. —A pesar de la sorpresa, Julie la saludó y pasó de largo, dispuesta a seguir su camino.

—Necesito hablar contigo —dijo Alex, haciendo que se detuviera y mirara atrás—. En realidad, necesito devolverte algo.

—¿Devolverme algo?

—El anillo —explicó Al.

—Oh... puedes dejárselo a Jill. Ya se lo pediré después. —Una vez más, Julie intentó seguir subiendo las escaleras.

—No se lo voy a dejar a ella. Te lo devuelvo a ti —recalcó Alex.

Julie se agarró a la barandilla y sintió unas ganas locas de decirle exactamente dónde podía meterse ese anillo, pero al recordar el épico estallido de Jill, respiró hondo y moderó sus propios pensamientos irrepetibles.

—De acuerdo, Alex. Ya lo decidiremos más tarde.

Julie subió esas escaleras como si estuviera corriendo una maratón. No quería hablar con ella.

De verdad que no.

Alex se fue a casa, mientras que Julie se quedó con Jill y Sam hasta que le dieron el alta.

Más tarde, esa noche, Julie salió con Lauren.

Ya era de madrugada cuando volvieron al apartamento de Julie.

—Menos mal que cogimos un taxi —dijo Juh mientras abría la puerta del salón.

—Has bebido por las dos —dijo Lauren, y tenía toda la razón.

—Estás exagerando. —Hizo una mueca ante esa afirmación completamente cierta—. Estoy genial.

—Perfectamente borracha. —Lauren se rio de la cogorza inolvidable de Julie.

—Qué mala eres. —Juh la besó, y todo entre ellas se volvió más intenso, más apasionado.

En cuestión de segundos, estaban abrazadas la una a la otra en el sofá del salón.

Eso era exactamente lo que Julie quería: un poco de consuelo para el dolor que la aplastaba por dentro, la evasión que había estado buscando.

Pero un pequeño destello de lucidez apareció en ese momento.

—Has bebido demasiado —dijo Lauren, interrumpiendo el beso.

—Creo que... un poco. —Juh había bebido mucho.

—Julie... —Lauren buscó las palabras—. Tengo la sensación de que este cambio tan repentino en ti, después de rechazar mis muestras de cariño durante tanto tiempo, es porque ha vuelto tu ex.

—Lauren... —empezó Julie, pero Lauren continuó.

—He sufrido por amor antes, y eso es lo que vi en ti todo el día, incluso cuando intentabas disimularlo. —Lauren la miró a los ojos—. Si ayer me hubieras agarrado así, ahora mismo estaría en la cama contigo. Pero ¿ser tu plan B? Creo que merezco más que eso.

La máscara que Julianne había intentado mantener esa noche se desmoronó delante de Lauren.

—Sí, lo mereces —dijo Juh, y se acomodaron en el sofá.

—Es difícil para ti, ¿verdad?

Julie recostó la cabeza en el sofá.

—Ni siquiera sé qué decir. —La verdad es que no habría sabido cómo expresarse. Se quedaron en silencio un rato—. ¿De verdad tenías que abrirme los ojos? —le preguntó a Lauren.

—Reconozco ese tipo de dolor profundo que deja el amor. —Lauren tenía su propia historia inconclusa—. Y en eso, creo que te llevo varios pasos de ventaja. Yo estoy sanando. Tú todavía no.

—Es bueno saber que es posible sanar —dijo Julie.

—Hay cosas sin resolver en ti —dijo Lauren, poniéndose de pie—. Cuando las resuelvas, y cuando te aclares contigo misma, avísame.

Recogió su bolso y se dirigió a la puerta.

—Lauren...

—¿Sí?

—Gracias —dijo Juh.

Lauren se limitó a mirarla y se marchó, dejando flotando en el aire la certeza de que, si Julie quería seguir adelante con su vida, primero tendría que cerrar el capítulo llamado Alex Hill: grande, intenso, abrumador.