Inmortales: El nacimiento de un individual 23. Mamá #2
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23. Mamá #2

—Nos invitaron a una cena — el comedor quedó en silencio y todos miraron a Hikaru que estaba sentado en la cabecera de la mesa

—¿Una cena? — interrogó Lilian, Hikaru asintió.

—Los pares de Miko nos invitaron a una cena, a todos — dijo.

—¿A todos? — interrogó Ushio

—Nunca he conocido a los padres de Miko — dijo Sara

—Son personas agradables — dijo Nao — pero ellos no saben de Miko siendo parte de Shinkai y piensa que irá a la universidad — dijo.

—Sabes que no irá ¿cierto?, no creo que eso sea algo que siempre puedan esconder — dijo Kenta

—Son personas agradables — todos miraron la cabecera para ver a Shiki —Si le explican por qué lo hacen…

—No podemos decirle simplemente que él quiere ser un criminal — dijo James — no es como si él tuviera un trauma, es un chico inteligente, que viene de buena familia, que lo ama y…

—Exacto — dijo Shiki interrumpiendo a James — por eso mismo, puede que ninguno de ustedes pasara por el trauma típico de un criminal, o al menos la mayoría no lo hizo; pero quieren demostrar algo e incluso si no quieren, tienen una razón para hacerlo; la familia de Miko es agradable, no solo la familia de miko, la mayoría de ustedes las tiene.

—No voy a decirle a mi familia sobre ti — el grupo miró a Miroku, amaba a sus padres, pero los conocía, por eso trataba de ayudar con los gastos porque sabía que su padre podría fácilmente hacer una locura por falta de dinero.

—No digo que les digan

—Y obviamente no quiero a mis padres cerca de ustedes — dijo Hisoshi comiendo, Shiki suspiró.

—Bueno, no importa, asistiremos a la cena con la familia de Miko — dijo Shiki.

—Mikaela suspiró mirando su gran obra, le tomó algo de tiempo, pero lo hizo, lo logró; su comedor no tenía capacidad para todas esas personas, pero le agradó la idea de Miko de hacer una cena en la terraza, con ayuda de su esposo, hizo preparaciones y puso una mesa con comida tipo bufet puso una parrilla para asar y tenía espacio suficiente.

El timbre del departamento se escuchó.

—Ya llegaron — dijo Alec desde la parrilla preparando el fogón

—Yo abro — Samara caminó hasta la sala de estar, luego hasta la puerta, la abrió para dejar ver a cuatro adultos y cinco chicas.

—Buenas noches — saludó Lilian.

—Buenas noches — respondió Samara con una sonrisa mirando a sus jefes.

—¡Samara! — la joven miró a Natsu.

—Señor Yagami, señor Lara, gusto en verlos; debo decir que es una sorpresa inesperada cuyo hijo fuera el novio de mi hermanito — dijo la chica.

—Si bueno; Hikaru y Shiki no son algo fácil de explicar — dijo Natsu, Samara miró detrás de él, cuando escuchó el ascensor al final del pasillo, vio a un grupo personas salir, los detalló eran muy diferente.

—¿Por qué no entran? — Samara dio pasó mientras veía al grupo acercarse frunció un poco el ceño ante los tatuajes de algunos, pero no dijo nada; el grupo se acercó y se detuvo frente a ella.

—Buenas noche — saludó un rubio,

—¡Kenta! — Sara que venía con los adultos se lanzó sobre el rubio que sonrió — ¿Cómo estuvo tu día?

—Bien — dijo el rubio inclinándose y dándole un beso a su novia.

—Oye, deberías saludar primero a tus hermanos ¿No crees? — Samara miró al pelinegro que le hablaba a la chica y sonrió.

—¡Oh, Nao! — el nombrado miró a la chica y sonrió.

—Hola Samara — saludó el pelinegro, Samara se puso las manos en la cintura.

—¿Me enteré de que has estado saliendo con mi hermanito ¿por cuánto, cuatro años?

—Cinco — dijo Nao — no creo que haya sido un secreto, Miko no es muy discreto con sus preferencias — Samara se rio.

—Jaja, sabes que por eso quiero romperte el cuello ¿cierto? — tanto Samara como Nao miraron a Miko que estaba parado de tras de su hermana mayor mirando a su novio, Nao sonrio y se acercó pasando a la castaña de ojos grises, luego besó su novio.

—Hola, amor — Samara los miró.

—¿No faltan dos? — interrogó Samara.

—Hikaru y Shiki estan estarán aquí en una hora; estan resolviendo un asunto importante — dijo Yuki al lado de James.

¡¡AAAAGGGKK!!

Los gritos resonaron en el almacén en el puerto de Shimizu, pero incluso con el estridente grito del hombre que estaba en el suelo, mientras que Hikaru tenía un pequeño bisturí en la cuenca de su ojos, y que lo movía por los bordes como cuando tratadas de sacar algo de su molde.

El grupo en el lugar miró a al joven que parecía la imagen de la belleza, sentado sobre quien era el líder de una banda que intentó muy altivamente superponerse sobre Yumi, mientras que los otros ejecutivos de la banda temblaban, desde sus lugares en esas sillas amarrados.

Los chicos que eran, Alejandro, Akira, Cristian, Leonardo, Sebastián, Makio, Sao, Niko, Seiyiru; que se habían unidos a Yumi, estaban en silencio observando como su líder con el bisturí sacaba el ojo de su cuenca con un “pop” y luego rodara hasta el pie de una mujer atada a una silla; esa mujer no era parte de la banda, más que todo era una gerente que trabajaba para Hikaru manejando un prostíbulo; ella había planeado drogar al chico y no solo quitarle su posición si no también tener la intención de prostituirlo a él mismo.

La mujer palideció cuando el ojo tocó la punta de su zapato, moviéndose muy rápido, Akira la tomó de los hombros y con fuerza la mantuvo firme, la mujer lo miró.

—No se mueva de esa forma, podría caerse y lastimarse — dijo el pelinegro, los ojos de la mujer se aguaron.

En ese momento se abrió la puerta, la mujer sintió la esperanza cuando esta se abrió, esperanza que se esfumó cuando vio Hisoshi sosteniendo un paquete.

—Hikaru, Shiki — el chico con que torturaba al líder de la banda se volvió hacia el otro albino, el cual suspiró, levantó lo que tenía en mano que parecía un traje — Vayan a vestirse, se supone que debemos estar en casa de sus suegros en media hora.

—Pero no he terminado — la mujer se tensó, ella miró al chico sobre el jefe de la banda, ya no era albino era pelinegro; eso era aterrador, el chico constantemente cambiaba de apariencia, de voz, incluso apareció un bisturí para meterlo por los bordes del ojos del hombre.

—Pues terminen — dijo Hisoshi, la mujer escuchó el bisturí golpear el suelo, luego vio como el chico metió la mano a la boca, solo para detenerse.

Lo vio tensarse.

—Así que eres tú — todos se tensaron y miraron al hacia la derecha para ver a un hombre de cabellos largos verdes y ojos negros; el hombre miraba a Shiki.

Shiki lo miró y se puso de pie.

—Izanagi — los ojos del hombre se abrieron, mientras que los chicos se tensaron, en especial Sebastián que se movió para ponerse justo frente a su primo, Izanagi lo miró sorprendido

—¿Pero que mierda? — Izanagi miró a Sebastián, luego a Shiki — ¿Qué es eso?

—No soy eso pequeña mierda, respétame — ese fue Shiki quitando a Sebastián del frente para ver al peliverde — tengo nombre ¿sabes?, ¿o es que ser dios no te hace lo suficiente inteligente para saberlo? — Izanagi frunció el ceño, los ojos de las personas atadas se abrieron.

—Tu… no tienes respeto por tu superior, ¿sabes acaso quién soy? — Izanagi dio un paso solo para salir volando hacia la derecha, los ojos de todos se abrieron.

—¿Y crees tú que eso importa? — interrogó Sebastián con sus ojos iluminado viendo hacia las cajas en donde Izanagi se había estrellado; Sebastián se acomodó nuevamente manteniéndose entre Shiki y el hombre que se había sentado sobre los restos de la caja.

Izanagi miró a Sebastián con el ceño fruncido, luego miró la sala; pudo sentirlo, la sensación.

—Ustedes…

—Porque no te vas — Izanagi vio como ahora justo detrás del chico que lo lanzó salió un albino, frunció el ceño; sintió un deja vu.

—¿No eras pelinegro? — interrogó Uzanagi frunciendo el ceño

—Lo hago — dijo cambiando a Shiki por un momento, antes devolver, e Izanagi lo entiendo.

—Tu…

—¿Qué haces en mi universo? — interrogó

—Pues aquí nací y ahora estamos atrapados, así que agradecería que no hablaras sobre nosotros a los demás — dijo Hikaru con tranquilidad.

—¿Y porque no? — el hombre se cruzó de hombros

—Un individual está aquí y…

—Debería saberlo Izanagi, dios del tiempo — dijo Hikaru saliendo de su refugio detrás de su primo, luego caminó hasta estar frente al dios,

Izanagi lo miró, sintió una extraña sensación de familiaridad

—No quiero matarte Izanagi — dijo Hikaru.

—Tu…

—¿Cómo me conoces?

Hikaru sonrio; luego se puso de puntillas poniendo su mano sobre la cabeza del hombre quien se tensó, los ojos de los chicos se abrieron, Hikaru también se tensó, él retiró la mano de golpe.

—Lamento eso —dijo el peliblanco se disculpó — es que eres muy grande, me recordaste a alguien — Hikaru retrocedió y miró al dios que puso su mano en su cabeza.

Ese toque le formó un nudo en su garganta, él miró al chico.

— eres alguien inteligente, sabes que nada saldrá de bien para ellos si me atacan — dijo Hikaru.

El hombre no estaba prestando atención, el estábamos concentrado en el toque

—¿Hola? — Hikaru puso su mano frente al mayor — alguien en presente — Izanagi miró a Hikaru

—Este…

—Yo…

—¿Estas bien? — interrogó Hikaru, Izanagi lo miró, luego frunció el ceño, él movió su mano hacia el cuello del albino ensangrentado y lo apretó.

—Tú…

—Su-Suéltame — dijo Hikaru, poniendo sus manos sobre las muñecas de Izanagi.

—¿Soltarte? — Izanagi apretó agarre, luego un cuchillo apareció en su manos, todos lo vieron este era pequeño, plateado y tenía algo escrito.

Hikaru miró el cuchillo

—Oye bastar… — Cristian fue detenido cuando alguien apareció frente a él bloqueando su camino, iba atacar.

—Hermano detente — ese fue Zy’vorn, tanto Hikaru como Izanagi miraron al joven que miraba a su hermano mayor quien frunció el ceño.

—¿Qué haces Zy’vorn? Suéltame.

—No puedes lastimarlo hermano.

—Claro que puedo, es un abominación.

—Ja — Zy’vorn e Izanagi miraron a Shiki que no dejaba de mirar a Izanagi — ¿soy una abominación solo porque no puedes controlarme?

— Shiki rodó los ojos antes de mover su pie y dar una fuerte patada al dios enviándolo a rodar por el almacén, Izanagi rodó por encima de la sangre y se estrelló contra el cuerpo del hombre que Hikaru y Shiki torturaban unos minutos atrás llevándoselo con él — ¿es que se te olvidaron los modales el tiempo que no estuve para recordártelos, mocoso de mierda? — los ojos de Izanagi se abrieron.

—Tu…

—Izanagi — el nombrado se volvió hacia Zy’vorn que se puso frente a su hermano mayor; Zy’vorn era el menor, el dios de la muerte del panteón liderado por Izanagi y la segunda persona más fuerte.

—Zy’vorn…

—No puedes simplemente dejarte llevar hermano, solo mira… — el más joven a su hermano, todos estaban concentrados en el par — él es diferente.

—¿De qué hablas?

—De que…

—Ah… — una corriente recorrió a todos los presentes y se volvieron hacia donde vino el jadeo.

—Oh, por mi madre — ese fue Zy’vorn, mientras el color abandonaba su rostro.

—¡¿Meral q-que hiciste?! — Zy’vorn miró a su hermana mayor justo detrás de Shiki, ella sostenía una lanza que hizo que los dos dioses se palideciera.

—¿No es obvio? — dijo la peli rosa, retorció el bastón sacando un gemido del pelinegro — saco la basura antes…

—Meri — la peli fucsia sintió una corriente ante esa voz, ella vio a la persona que le daba la espalda — Me… Meriely — el color abandonó el rostro de los tres dioses.

—Tu…

—¡HIKARU! — la peli rosada fue empujada con fuerza; al punto de que hizo que la lanza saliera de Hikaru provocando un jadeo, haciendo que este cayera, para sorpresa de todos el que se movió con rapidez no fue nadie más que el mismo Izanagi atrapando al menor que cayó en sus brazos.

—Ma…

—¡¡Perra!! — Hikaru movió su mirada hacia la derecha, pudo ver como Alejandro sostenía a la peli fucsia aturdida; mientras que, Sebastián tomaba la lanza manchada con la sangre de Hikaru y Shiki.

—Voy a matarte — Sebastián levantó la lanza, para atacar a la aturdida peli fucsia; la lanza bajó rápidamente.

—¡¡No!! — el grito fue de Izanagi al ver al menor en sus brazos desaparecer, varios se volvieron al mismo instante que un jadeo de dolor hacía que todos se volvieran tan rápido que se podía escuchar el crujir de los cuellos.

Meral que antes estaba aturdida salió de su aturdimiento cuando la sangre salpicó su rostro, ella subió los ojos solo para ver unos ojos azules muy familiares.

—¡¡¡KYAAAAAAAAA!!! — el grito de la diosa resonó al mismo tiempo que todo empezaba a temblar y que el cielo empezaba a volverse de un todo carmesí.

—Hika…

—¡Mamá! — tanto Sebastián como el resto miró a la peli fucsia.