19. Los Miya #2
El hombre que estaba entre las piernas de la chica explotó ocasionando que todos gritaran, en especial la chica que estaba más calmada de lo que debería estar alguien a punto de ser abusada; el grito de la chica resonó, fue tan agudo que casi explota los tímpanos de los chicos.
—TÚ…
En ese momento los hombre miraron a Sebastián quien tenía los ojos muy brillante, el moreno los miró, provocando un escalofrío en los residentes del callejo.
—Hijos de perra, ¿Quién les dio el derecho de tocar nuestra familia? — los ojos de los chicos heridos y la chica se abrieron
—¿Familia?
—Estos malditos huérfanos no tienen tal cosa —se burló uno inclinándose para coger el tubo lo que se evitó cuando la mano de este se retorció sola, haciéndolo gritar, mientras que los demás palidecieron
—¿Qué no tienen familia? — el grupo miró a Leonardo quien avanzó — claro que lo hacen bastardos — con eso el de trenzas saltó sobre el hombre que sujetaba la cadena del chico encadenado, luego de un golpe le estrelló la cabeza contra la pared, un hombre grito, pero se lanzó hacia Leonardo quien no dudo en levantar su pie y separar la cabeza del hombre con una patada.
Durante un par de minutos, la chica se arrinconó mientras que Leonardo peleaba con los agresores, Cristian evitaba que huyeran; Alejandro se quitó su gabardina y caminó hasta la chica ahora sentada en un rincón y se la puso; la joven lo miró y él sonrio — ¿Estas bien?
—Yo… si —dijo sin más ella, no pudo evitar la calidez ante la sonrisa de ese chico.
—Listo — todos vieron a Leonardo lleno de sangre, Cristian caminó hasta el chico herido en las piernas, y lo cargó en su espalda
—¿Qui-quienes son ustedes? — interrogó el rubio en la espala de Cristia.
—Ya lo dijo mi hermano; somos su familia,
—Somos huérfanos — dijo el pelirrojo con la cadena en su cuello.
—Bueno; ¿y eso que? — dijo Leonardo inclinándose y desatando la cadena, luego ayudó al chico a ponerse de pie apoyándolo en su hombro; Sebastián caminó hasta uno de los que estaban inconscientes y Alejando despues de asegurarse de cubrir bien a la chica y que esta podía caminar caminó hasta el chico castaño tendido en el suelo.
—¿Adónde nos llevan?
—A un lugar seguro; donde puedan descansar y curarse — dijo Sebastián con el chico de cabello negro en su espalda.
El grupo tardo cinco minutos en llegar en los autos.
Hikaru se bajó y se molestó al ver sus condiciones; los tres que estaban conscientes quedaron impresionados ante tanta belleza.
—¿Los agresores? — interrogó Hikaru a Sebastián.
—Muertos — respondió Leonardo.
—Tatiana nos espera en el hotel, pero tardaríamos uno quince minutos en auto; asi que suban a los auto — Leonardo nos llevara al estacionamiento del hotel — Hisoshi le mostró la foto del lugar y el asintió.
En ese momento, todos a excepción de Sebastián, Leonardo y Hisoshi subieron al auto; un portal enorme morado apareció frente al auto que manejaba Akira, el auto lo atravesó, luego el auto que manejaba alejando que tenía Cristian y los dos inconscientes lo siguió; Hisoshi, Sebastián y Leonardo pasaron el portal que al final de la calle había un grupo de personas.
—¿Q-Que es eso? — interrogó la chica al ver la cosa brumosa morada enorme que apareció frente al auto.
—Es un portal— los dos chicos y la chica miraron a Hikaru quien los miraba desde el asiento del copiloto — nos llevará al hotel, ya que si conducimos demoraremos demasiado — dijo mientras el auto arrancaba.
El trio vio como el auto avanzaba, su corazón acelerado se escuchó en todo el auto; Hikaru estuvo por decirles que se calmara, pero guardó silencio ellos no lo conocían y aun así no se resistieron a venir estaban asustados.
Los ojos del grupo se abrieron al ver como pasaban de estar en medio de una carretera a estar justo en un estacionamiento.
Los tres vieron como atravesaban el portal, luego miraron sorprendidos como el auto de atrás mismo lo atravesaba y luego vieron como tres de los chicos lo atravesaban a pie antes de que este se cerrara.
—Pero que mierda — maldijo el rubio de ojos azules, una tintineante risa los hizo estremecerse y los tres miraron a Hikaru que los miraba sonriente.
Un momento despues la puerta del copiloto se abrió para dejar ver al albino mayor, el trio se preguntó si eran hermanos al ver el cuidado del mayor por el menor; luego la puerta se abrió y vieron a Alejandro quien sonrio a la chica que estaba al lado de la puerta.
—Vamos, los llevaremos a la suite para que traten sus heridas.
—¿Porque nos ayudan? — interrogó la rubio.
—Porque somos familia — dijo Hikaru sonriendo.
—Ni siquiera los conocemos, a menos que sean las familias que nos abandonaron.
—Primero — Hikaru miró al rubio — ustedes no fueron abandonado — Hikaru señaló al rubio — te perdiste mientras tu familia estaba de vacaciones y exploraban Tokyo; el dueño del orfanato te encontró cuando pasaste sin darte cuenta la frontera hacia Nagano — Hikaru señaló a la chica — es hija de heredera italiana secuestrada — los ojos de la chica se abrieron — y él…
—No quiero saber — dijo el pelirrojo
En ese momento se abrieron las puertas de los pasajeros para ayudar a los heridos.
—Vamos y les explicaremos todo — dijo Hisoshi.
Los ojos de los tres jóvenes se abrieron cuando llegaron a la suite, el pelirrojo fue sentado en el sofá; mientras que el chico rubio fue puesto en la cama.
—Oye no hagas eso, la cama podría ensuciar.
—Pues si se ensucia, se lava — dijo Cristian poniendo a uno de los que estaba inconscientes.
—Entonces — todos se volvieron hacia el balcón —¿quieren que los cure? — interrogó la adolescente de catorce años; con falda corta y camisa holgada.
—Por favor — dijo Hikaru.
En ese momento los ojos de la chica se iluminaron sin moverse del balcón, un jadeo salió de los labios del rubio en la cama cuando el calor lo llenó, el dolor empezó a desaparecer; el pelirrojo, incluso la chica sintió como el dolor de los golpes desaparecía, incluso el dolor en cuello del chico por tener la cadena.
Un par de quejidos llamaron la atención; la chica el pelirrojo y el rubio vieron a los chicos que estaban en la cama con el rubio.
—¡Sao, Niko! — el pelirrojo y la chica olvidaron que antes estaban heridos, ellos corrieron hacia la cama, incluso el rubio se sentó para ver a los otros dos que miraron el techo, luego hacia los lados.
—¿Dónde estamos? — interrogó el pelinegro sentándose y mirando al rededor, por un momento fijó su mirada en el grupo de personas desconocidas que rodeaban la habitación, por inercia se llevó la mano a su cintura solo para ves no había nada; frunció el ceño, pero no se alteró buscó alrededor de la habitación, vio el ascensor a más de treinta metros; vio el balcón que era lo más cercano.
—Si piensas en ir por ahí; considera que estan a treinta pisos de altura — el pelinegro miró al peliblanco que tenía su teléfono, levantó la mirada para toparse con un par de ojos grises — el golpe será muy doloroso — dijo Hisoshi.
—¿Quiénes son ustedes? — Niko se movió un poco para dejar a sus amigos detrás, haciendo que todos lo miraran.
—Así que tú eres el protector ahí — dijo Hikaru, el pelinegro lo miró y sintió su corazón saltar.
Hikaru caminó, nadie lo evitó; el albino de ojos azules se sentó al pie de la cama, quedando a menos de un metro del grupo.
—Soy Hikaru; ellos son parte de mi familia — dijo señalando al grupo — al igual que ustedes —el grupo frunció el ceño.
—La única familia que tengo son mis hermanos — dijo el pelinegro; Hikaru lo miró y luego sonrio.
—Bueno, ahora ya no — dijo el peliblanco — como lo dije antes Soy Hikaru ¿Cómo se llaman? — interrogó mirándolos, interrogó más para comodidad de ellos.
—Yo… Soy Hitana; Hitana Miya — dijo la chica — el pelirrojo es Makio; luego esta Seiyiru, Sao es el castaño y él es Niko — dijo señalando al pelinegro frente a ella — ¿Por qué nos salvaste?
—Porque ya lo dije, son mi familia.
—No lo entiendo — dijo Sao, Hikaru lo miró, luego sus ojos se iluminaron, el grupo sintió como un escozor se formaba en su cabeza y luego información empezó a llegar, pasó un momento antes de que los cinco jadearon.
—¿Ahora ya lo entienden?
—¿Esto es real? — interrogó Makio.
—Lo es.
—Entonces…
—Haré que mis padres organicen la documentación para que puedan ir a casa que les parece.
—¿Nos aceptas? — interrogó Sao a Hikaru quien sonrio.
—No solo yo; toda nuestra familia lo hace; si quieren puedo contactar con sus familias originales, al menos con la de Hitana, Seiyiru y Niko; o pueden quedarse con nosotros.
—…
—…
—¿Podemos pensarlo? — Hikaru miró a Hitana —Lo de contactar a las familias — Hikaru sonrió.
Claro, cuando se sientan cómodos podemos hacerlo si lo desean — dijo el albino de diecisiete años.