Inmortales: El nacimiento de un individual 12. Nadie está solo
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12. Nadie está solo

Hisoshi Asai es alguien bastante excéntrico por así decirlo, desde muy joven criado en una familia adinerada; llena de abogados, contadores, doctores, y ejecutivos; todos siendo inteligentes con algo en su genética que los impulso en sus carreras a los más alto.

Los Asai eran los mejores, no por su dinero, no por sus ropas y accesorios caros, ni por sus múltiples negocios; sino por su mente.

Por lo menos el padre de Hisoshi tenía una gran capacidad de percepción; su abuelo era raro, una memoria eidética; mientras que su hermana menor poseía una memoria fotográfica impresionante.

Él por otro lado era una gran mezcla, que, aunque muchos dijeron que era genial, para él no lo es.

Sus capacidades mentales superiores incluso entre su familia eran realmente molestas; tanto que lo llevaban a sobre pensar cosas que para muchos sería algo estúpido, su cerebro se mantenía tan ocupado que era frustrante para él, con un horrible dolor de cabeza, y una inquietud abrumadora que no lo dejaba relajarse y que si no resolvía podía convertirse en un gran episodio de ansiedad.

Debido a su molesta “superioridad mental” que le provocó un grave caso de ansiedad, Hisoshi era bastante impaciente, lo que lo hacía un mal abogado porque no soportaría a los idiotas que se equivocan, pero querrían que él defendiera esa estúpida idea de tener la razón cuando es obvio que no lo hace; No tenía la paciencia como su tío de ser ejecutivo, porque estaba seguro que le abriría la garganta a un montón de inversionista; ni la capacidad de importarle los sentimientos de los demás como para ser muy comprensible al decirle a alguien que su familiar se murió con delicadeza, así que no podía ser doctor.

De hecho, él si podía; él podía ser lo que quisiera, tenía como serlo; pero el solo hecho de pensar en gente hipócrita que le sonriera falsamente ya lo molestaba, incluso su familia le molestaba, porque gracias a sus capacidades podía ver los cambios que ellos no, los detalles que ellos no, lo celos de su hermana por no ser tan “afortunada” como él; el desinterés de su padre por sus deseos, la decepción y asco de su madre al saber que era un hombre gay y que tenía un novio; el enojo de su tío al ver como incluso el siendo el mayor, su abuelo no lo considera adecuado para las empresas de la familia y considerar darle el mando a Hisoshi, ni siquiera a Sai, el propio hijo de su tío Haku; todos esos detalles son cosas que él nota sin importar cuanto trate su familia de ocultarlo y pensó que todo sería igual hasta que conoció a Milo, el chico era de su edad se convirtió en un gran amigo, se conocieron en la secundaria; Milo le dijo que si no podía dejar de pensar en cosas al extremo le dijo que pensaran solo en algo o si uno era poco que pensara en dos, hasta tres pero no más.

El consejo le pareció estúpido hasta que Milo le puso un libro de matemáticas en frente

‘Oye, soy muy malo, ahora concéntrate en enseñarme’

Hisoshi estuvo a punto de decir que no, pero lo hizo, la amista entre Milo y Hisoshi creció gracias a eso.

‘Eres un idiota’

Eso fue lo que le dijo Hisoshi al pelinegro cuando le había explicado por tercera vez el mismo tema, pero aunque pareciera frustrante, no lo hizo molestar, de hecho, el tener toda su atención en lo idiota que era Milo lo ayudó, ese fue el proceso por tres años, luego Hisoshi conoció a Akira y él se convirtió en su segundo punto de concentración y con ese segundo punto vino el tercero cuando su novio se sintió mal, cuando fue presentado a sus padres que no fueron muy sutil en su apariencia y economía, o falta de ella, hubo una gran discusión con su familia por eso, que terminó con su padre diciéndole que si no dejaba a ese “vagabundo” como llamó a Akira no solo se quedaría sin dinero, también empezaría a verse como él; fue así como Hisoshi ahora tenía tres puntos de concentración, enseñar constantemente a Milo su mejor amigo, amar a Akira y demostrarle a su familia que su relación con Akira no lo convirtió en lo que ellos dijeron, incluso si ya no vivía con ellos, si ya no recibía su dinero, si no fue a la universidad, Hisoshi Asai vestía las mejores marcas siendo siempre impecable y aunque Akira no cambio su estilo, si cambio su calidad; Hisoshi amaba a Akira incluso si él quería usar pantalones sueltos, tan rotos y desgastados que parecían de indigente; bueno, serian unos pantalones de indigentes con un valor económico de más cincuenta mil dólares como mínimo; Hisoshi vivía en un enorme penhause en Shinjuku, y si, aunque no obtenía el dinero legalmente no le molestaba porque siendo un ejecutivo de una banda que manejaba la mayoría de Tokyo y en ascenso vivía con más tranquilidad mental que rodeada de toda su familia.

Pero aunque Hisoshi fuera más tranquilo en su vida actual que antes, él aún era bastante ansioso, había momento en que sus puntos de control fallaban, como cuando no podía mantener su impecable y perfecta apariencia, como cuando discutía con Akira, como cuando una cuenta en el informe financiero no cuadraba o como cuando el idiota de Milo dejó de ser tan idiota; tenía ataques de ansiedad y no podía dejar de ver cosas que otros no, su percepción parecía hacerse más aguda y terminaba con un enorme malestar estomacal, un insoportable dolor de cabeza y una ira que le costaba miles o hasta millones de reparar porque terminaba destruyendo todo en su casa en un ataque de rabia.

Él pensó que viviría siempre de esa forma, así que se estaba acostumbrando a que de vez en cuando sus controles fallaran; o eso fue hasta que vio esos ojos azules, fue como un baño de agua tibia y sorprendentemente no pensó en nada por todo el rato, como lo esperaba hacerlo sin Akira o Milo cerca para distraerlo; no notó nada aparte de las pestañas largas y esa piel tan perfecta en la que no había un solo lunar, peca o imperfección que notar, eso le dio algo que no ha conseguido en toda su vida; y eso fue más que suficiente porque fueron solo dos minutos que habló con el chico, dos minutos obteniendo una prueba gratuita de paz mental absoluta, dos minutos que fueron más que suficiente para que él quisiera adquirir ese servicio de altísimo valor.

—¿A dónde vamos? — interrogó Akira a su novio el cual lo llamó mientras salía del hospital para que lo acompañara, ahora estaban en uno de los autos.

—A ver a Lina. — Akira frunció el ceño.

—Hisoshi, son casi la una de la mañana — dijo Akira a su novio que estaba sentado al lado

—Lo sé, pero no tengo tiempo, necesito hacerlo — dijo el pelinegro de ojos grises.

—¿Hacer qué? — Hisoshi lo miró y sonrió.

—¿Sabes que pensé cuando vi a ese chico, Hikaru? — Akira lo miró, una cosa que relajaba a Hisoshi era decirle que pensó para que Akira lo descartar — Nada — Akira frunció el ceño

—¿Qué?

—No pensé nada, bueno, pensé que era perfecto, que olía bien, que es tan tierno y cálido, pero no más, no pensé en lunares, imperfecciones, cabellos o pestañas fuera de lugar, porque no había nada de eso, cuando me acerque se sintió tan cálido, y todos los pensamientos que tuve en el día fueron arrastrados por un rio y cuando lo toque, Dios, Akira fue lo mejor del mundo, mi mente estaba completamente en blanco, tanto como su cabello; por primera vez en mi vida pude concentrarme en una sola, no detalle nada, e incluso ahora que él no esta es lo único que recuerdo cuando trato de pensar en ese momento, no hay escenarios secundario o personas extras; cosas en el cuarto fuera de lugar, solo él, hablándome y riendo. — Akira vio a su novio sonreír.

—Entonces, es bueno — dijo Akira sonriendo, eso le alegra; Akira ha visto a Hisoshi tener ataques de ansiedad debido a sus capacidades mentales, él no puede evitar notar hasta el más mínimo cambio en el tono de una persona, en sus expresiones; los detalles, él puede incluso notar la diferencia entre una costura a otra; no lo van a negar, esas cosas han ayudado a cerrar negocios, a salvarlos de ser asesinados, pero a que costo; la salud mental de Hisoshi se deterioraba, todos lo sabían, por eso nadie criticaba su estilo de vida y sus compras perfeccionista, su actitud, de hecho Milo ayudaba mucho a menguar eso, que él tenga algo que le de paz le agrada.

—¿Entonces que tiene que ver Lina?

—Voy a hacerme un cambio de imagen — Akira enarcó una ceja

—¿Un cambio de imagen?

—Si,

—¿Ya?

—Si

—¿Por qué?

—Te lo mostraré en la mañana que vayamos a ver a Hikaru, por cierto; le gustan los huevos revuelto con salchichas de pulpo, arroz y kechappu — dijo Hisoshi, Akira pensó en si tenía lo necesario asintió

—Imagino que le dijiste que tu chef personal lo prepararía — dijo Akira, Hisoshi sonrio acercándose y besando a su novio

—Claro, no le daré comida hecho por cualquiera a Mi Hikaru — Akira enarcó una ceja

—¿Tu Hikaru? — Hisoshi lo miró y sonrió.

—Si — dijo

—Espero no te enamores

—No amor, el amor romántico es solo para ti; además, él está más interesado en cierto par y aunque es muy lindo; me gustan los pelinegros de ojos azules — dijo Hisoshi antes de acercarse, el conductor no se atrevió a mirar a sus clientes.

Era una mujer de cabellos negros cortos la que los esperaba en la puerta de la estética.

Hisoshi sonrio mientras veía a la mujer verlo con dagas en los ojos

—Hola Lina — saludó Akira

—Akira, cariño también te tienen despierto a estas horas inhumanas

—En mi defensa por lo general es él quien me mantiene despierto a estas horas inhumanas — dijo Hisoshi, Akira rodó los ojos.

—Bueno pues si quieres vengarte no me incluyas — dijo la mujer molesta a Hisoshi, el cual se rio.

—Vamos Lina es por un bien mayor — la mujer frunció el ceño

—¿Y a ti desde cuando te interesa el bien mayor? — interrogó ella, Hisoshi se rio, la mujer se sorprendió

—Oh créeme te gustaría ese bien mayor, algun día te lo mostraré — dijo Hisoshi

—Bien, ¿qué es lo que quieres?

—Quiero mi cabello, cejas, incluso pestañas de un color blanco puro — Tanto Akira, como Lina miraron a Hisoshi

—¿Qué? — interrogó Akira