11. Izanagi
Él sabe que algo no está bien, no lo ha estado en un tiempo; pero por más de que lo piensa, no sabe que es; No sabe que es lo que ha estado mal esto fue hasta esa noche.
Uzanagi, ese era su nombre ante los mortales; se paró en las puertas de la clínica, un pasó hizo que las puertas automáticas del lugar se abrieran, solo para ser recibido por una fragancia tan fuerte que lo hizo estremecerse, por lo familiar que le resultaba.
Miró hacia los lado hasta que vio a una mujer con uniforme e implementos de limpieza, él caminó hasta ella.
—Buenas noche — la mujer levantó levemente la mirada y quedó estática, el peliverde sonrio amablemente y la mujer sonrio embobada.
—Bu-Buenas noches —la mujer casi tartamudeo, el hombre rio. Su voz ronca hizo que las piernas de la mujer se sintieran como gelatina haciendo que usara el palo del trapeador para sostenerse.
—¿Puedo saber qué haces? — la voz ronca del hombre la estremeció y ella soltó un pequeño suspiró
—Limpio la sangre —
—¿Sangre? ¿De quién? — la mujer lo pensó y eso pareció sacar a la mujer del trance, lo que confundió al hombre, ella lo miró
—Lo siento señor, si quiere obtener información del algún paciente debe acercarse a la recepción, si es familia le darán la información necesaria, ahora si no le molesta por favor déjeme terminar mi trabajo — dijo la mujer metiendo el trapeador al cubo con agua, lo sacudió y luego lo estrelló contra el piso manchado de sangre haciendo que tanto gotas de agua sucia y de sangre salpicaran al hombre; la mujer siguió limpiando, ignorando al hombre que estaba aturdido y confuso; nunca en sus más de quince millones de años, un humano bajo su mando lo ha tratado de esta forma, él miró a la mujer, sintió unas enormes ganas de asesinarla.
—Qué grosera — dijo el hombre dándose vuelta al mismo instante que la mujer caía inerte al suelo, las personas se alarmaron y los doctores cercanos corrieron-
—Está muerta — Izanagi escuchó a uno de los doctores declarar la muerte y él caminó hacia una puerta, la abrió y vio escaleras, empezó a subir.
Abrió la puerta del primer piso y salió, no debería ser un problema buscar lo que sea que está buscando; pero lo estaba siendo.
Izanagi caminó por el pasillo que tenía la luz tenue, miró al frente llegó al final, no había nada, así que se devolvió hasta la puertas de las escaleras de emergencia; repitió el proceso en los siguientes nueve pisos superiores y se estaba molestando.
En el momento en que tocó la perilla fue que lo supo, lo que estaba buscando estaba ahí; en ese pasillo y no lo supo porque la puerta no abrió, ni por el olor a fresas que se filtraba por las rendijas de la puerta; Lo supo porque en el momento en que tocó esa perilla sintió como le extraían una gran cantidad de poder, haciendo que casi perdiera conciencia.
Sus rodillas fallaron llevándolo al suelo; su cuerpo se volvió, más pesado y le empezó a costar respirar.
—¿Qué crees que haces, Izanagi? — el peliverde subió la mirada para ver a un peli azul que lo miraba sentado desde las escaleras
—Yo…
—Lo sé — el hombre se puso de pie, caminó hasta Izanagi que estaba ahora en suelo sin fuerza alguna y se inclinó para ayudarlo a ponerse de pie
—Vamos, si te quedas aquí vas a desaparecer —
—Eso…
—No sé qué es — dijo el hombre — he estado en este hospital desde hace una horas, fui notificado por una muerte irregular quise ver, pero no puedo entrar al pasillo, intente ventanas, tuberías y el ascensor, nada me deja acceder — dijo hombre, Izanagi estaba apenas consciente, incluso si no estaba tocando la perilla sintió como su poder y fuerza seguía filtrándose, era como si un grifo hubiera sido abierto y roto porque ya no podía cerrarse.
—¿N-no te afecta? — esas tres palabras eran débiles saliendo del peliverde.
—¿Qué cosa?
—Mi poder… Mi fuerza… el vínculo… se estan yendo — la voz del peliverde era forzada, pero surtieron efecto, el peli azul se tensó, intentó desaparecer, pero no pudo.
—¡Maldición! — dijo, miró a su hermano mayor que ahora estaba desvanecido sobre hombro; el movió a su hermano para quedará acostado en su espalda — Oye, Izanagi, tendremos que salir de aquí caminando, así que aguanta y no te duermas ¿me escuchas?
—Mmm — el peli azul se tensó luego empezó a bajar las escaleras
Salir del hospital fue un problema, pero se logró; incluso con todos los médicos que pudieron verlos; porque incluso su camuflaje desapareció, así que el personal del hospital siempre intentó quitarle a su hermano que quedó inconsciente cuando llegaron al sexto piso.
—Zy’vorn — una mujer entró al cuarto para ver al peli azul acostando ya aun Izanagi dormido, de tras de ella cinco personas más — ¿Qué pasó?
—No sé, Hoy se me informó una muerte irregular así que fui a ver, se suponía que la doctora trabajaba hoy y lo hizo hasta las nueve antes de que cayera al monte Nyiragongo, ni siquiera murió antes de llegar a la lava, es como si la hubieran lanzado directamente a la lava para quemarse — Los hermanos fruncieron el ceño — fui a ver al hospital, ella estaba atendiendo a un paciente, así que intenté ver al paciente, pero ni siquiera pude entrar al piso en el que esta su habitación
—¿No pudiste? — Zy’vorn negó
—Ventanas, rendijas, tubería, puertas, conductos, no pude entrar — dijo el más joven, Zy’vorn era el menor de los ocho hermanos que conformaban el panteón que manejaban ese universo; era el menor porque fue el último en nacer, y era el dios de la muerte, hermano menor con Izanagi o Uzanagi como lo conocían los humanos; Dios del tiempo, el mayor del panteón — Izanagi llegó una hora despues, cuando tonó la perilla de la puerta él no pudo abrirla en cambio se desvaneció, lo que sea que había en ese piso literalmente extrajo la mayor parte de su fuerza vital, poder y dijo que el vínculo era inestable
—¿Estás diciendo que un maldito humano le está quitando poder a Nagi? — una peli fucsia parecía molesta
—No sé si es humano, tal vez podría ser algun objeto divino peligroso, creo que es imposible que un humano haga esto — dijo Zy’vorn viendo a su hermano mayor más pálido que antes en cama durmiendo.
—¿Cuánto tiempo estará así? — interrogó una pelinegra
—No, sé — dijo el menor
—Zy’vorn — el menor miró su otro hermano mayor — ¿quiero que dejes de bajar al mundo mortal
—Pero…
—Sea lo que sea que haya ahí, lastimó a Izanagi, podría ser malo
—Yo también toque la perilla, solo lo afectó a él
—Tal vez sea por es el regente — dijo la mujer pelinegra y miró a su hermano menor — pero luego de Izanagi, tú eres quien más control tiene, debes evitar ir a esos lugares, deja que tus creaciones se encarguen de todo y tu quédate aquí. ¿me escuchaste? — el menor frunció el ceño, pero asintió.
—¿Entonces que harán?
—Esperaremos que Izanagi despierte, cuando lo haga discutiremos y encontraremos una forma de saber qué es lo que hay en el mundo que pueda ser un peligro
—Tal vez sea uno de sus bastardos — dijo una, era normal que los dioses tuvieran hijos con mortales, algunos de ellos tenían un gran poder, pero por lo general Izanagi era muy precavido para no tener hijos con mortales; él nunca tendría hijos con una mortal, cualquiera de ellos podría, pero Izanagi estaba demasiado resentido para siquiera ver atractivo a un humano.
—No creo — dijo la peli fucsia — Él no dejaría un hijo suyo vivo por ahí — dijo
—Para todo hay una primera vez, — dijo Zy’vorn sonriendo, el grupo lo miró, ellos piensan que ese chico sería feliz que tuviera un sobrino. —¿Imaginas, como lucirá un hijo de Izanagi? — el grupo miró al nombrado dormido
—…
—…
—Estamos especulando — dijo una mujer.