Inmortales: El nacimiento de un individual 4. Secuestro
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4. Secuestro

La vacaciones en Colombia fueron… Se podrían decir calmadas.

Luego de la primera semana hubo un almuerzo con toda la familia Lara, la abuela, los tíos, primos; incluso algunos amigos cercanos de Lilian cuando vivía en Colombia, con los gemelos y Sebastián siendo un muro entre Hikaru y su familia materna que lo alagaba; con Alejandro siendo un joven estratega que mantenía a raya a sus primos mayores lejos de los menores.

Un mes pasó y de alguna manera se logró sacar la documentación, en donde Natsu tuvo que declarar a su tío un socio importante de su empresa que está en plan de desarrollo, dando a entender que sus conocimientos no eran certificados académicamente, aunque era un poliglota, lo que llevó a un extenso examen, además de que también tenía una gran capacidad de análisis.

No hace falta decir que Jonny recibió una gran cantidad de halagos, mientras los evaluadores se entristecían de como su país dejaba que talentos tan buenos se perdieran debido a su descuido.

Para cuando pudieron irse del país Jonny entregó la casa a su hermana Diana, que pagaba arriendo, tomó solo ropa y lo importante, se despidió de su madre y hermana en una última reunión y se fue para hacer una nueva vida, el idioma no fue un problema gracias Hikaru, habilidad para trasmitir conocimientos; las costumbres tampoco fueron algo difícil.

Los años pasaron, más precisamente dos años; Alejandro estaba en segundo año de secundaria, tenía catorce años; mientras que los gemelos ya tenían doce, entrarían a secundaria el año siguiente; Hikaru y Sebastián tenían nueve y estaban en quinto de primaria.

Aunque pensaban quedarse solo un tiempo y luego tener su propia casa, eso no pasó; al final no solo fue Sebastián, Alejandro fue el siguiente vinculado, aunque era más calmado que los más jóvenes debido a su madures; era el más impredecible.

Las niñas fueron las siguientes, al final los padres no fueron capaz de separarse; ellos eran apoyo de los otros en una labor tan ardua de evitar que sus hijos mataran a todo el que le sonreía a Hikaru, porque sí, ya habían visto a Alejandro llegar totalmente cubierto de sangre a los trece cuando un chico de otra secundaria lo acorraló mientras iba con Hikaru y Sebastián, tratando de intimidarlo para que le entregara a su primo menor, Alejandro hizo que su hermano llevará a su primo a casa; cuando volvió eran casi las doce; sus padres y sus tíos lo vieron, esa fue la primera vez que ellos supieron que Alejandro estaba vinculado, solo que él era extrañó, pero aun así estaba vinculado.

—Mira si no es bastante lindo — Hikaru estaba acurrucado en la habitación en el centro de la cama, un grupo de hombres, lo miraban y le tomaban fotos, de vez en cuando tocando y quitando sus manos para tener mejor vista, los ojos del menor estaban aguados, podía sentir el miedo de sus primos y hermanos; incluso él mismo estaba muy asustado; su corazón latía tan rápido que no podían controlar muy bien su respiración, él temblaba y no solo por el aire acondicionado, que esas personas lo tocaran le hacía picar la piel, tenía ganas de rascarse muy fuerte para quitar la sensación desagradable, se mantenía encogido con sus pies y brazos escondiendo su cuerpo de esas personas, no usó sus habilidades, sus padres habían insistido que no debía usar su poder en las personas que ellos eran frágiles, y aunque lo intentara, solo temblaba, no lograba concentrarse.

—¿Oye preciosa, como te llamas? — uno de los hombres se sentó en la cama, tocando su mejilla; él se tensó, ante el escalofrío que lo recorrió, el cielo se oscureció. Un hipo y el niño lloró, quería ir con sus hermanos.

‘Hermanos’

Hikaru no sabía que su sollozo llegó a sus hermanos y primos, pero aun así si sintió como el miedo aumentaba, tanto que lo hacía temblar demasiado, las lágrimas salieron y el cielo empezó a relampaguear, el grupo miró las ventana.

—Va a caer una tormenta — dijo uno, miró al niño de nueve años y sonrio — mira bebé ¿No estas feliz?, al menos aquí no vas a mojarte — el hombre se sentó frente a Hikaru poniendo su mano en la pierna del niño que se sentía mareado y quería vomitar

—Oye cariño, eres bastante lindo; quieres un dulce — interrogó uno, Hikaru negó sin subir la mirada, luego de un momento a otro sintió que le jalaban el cabello haciendo que subiera la mirada para ver una mirada café con ojos dilatados y una sonrisa fea — no es una pregunta, bebé — dijo el hombre antes de meter una pastilla en la boca del niño, metiéndola con el dedo hasta la garganta, en ese momento el miedo fue tanto que Hikaru no pudo controlarlo.

Un relámpago tan fuerte resonó que hizo que todo edificio temblara, al mismo tiempo que Hikaru perdía las fuerzas en su cuerpo y era consumido por la oscuridad, quedando sentado solo sostenido por la mano del hombre que aún tenía dedo en su garganta empujando la pastilla por su garganta.

—Oye se desmayó — informó uno

—No importa, aun así, la pastilla hará efecto — dijo el hombre mientras dejaba caer al niño inconsciente en la cama, todos el grupo rodeo la cama para ver al menor con su piel tan clara, perfecta como si fuera tallado con tanto cuidado y delicadeza que si lo tomaban muy fuerte se rompería; sus cabellos blancos aun sobre la sábana blanca resaltaban de una manera que ellos nunca pensaron.

La verdad no pensaron que harían esto, ellos solo fueron a una tienda de conveniencia a comprar cigarrillo y cervezas, luego vieron a el niño escogiendo algunos dulce y poniéndolos en el carrito mientras que el hombre que lo acompañaba hablaba por teléfono, pero verlo les provocó tanta euforia, el calor que llenó sus cuerpo y la sensación de solo verlos, puso pensamientos que jamás tuvieron en sus mentes, y cuando lo vieron sonreír desde lejos, no dudaron en tomarlo y sacarlo del lugar; y ahí estaba, hermoso, incluso en la inconciencia provocando cosas que ni la mujer más hermosa ha provocado en cada uno de ellos.

—¿Cómo puede un niño ser tan lujurioso? — interrogó uno de los hombres sin ser capaz de apartar la vista.

—Tan hermoso — dijo otro como en trance.

—Sus padres debieron haberlo hecho con mucho amor —dijo el hombre

—Eso…

Ellos callaron — ¿Qué le pasa? —todos vieron como la piel del niño parecía tomar más color, sus cabellos empezaban a volverse negros desde la raíz hasta las puntas, la igual que sus cejas

—El cabello cambio de color — dijo

—Aun es muy hermoso, eso que importa — dijo uno quitándose la camisa, así que no vio cuando el niño abrió los ojos ocasionando que una corriente recorriera a todos los que estaban viendo al menor, al ver esos ojos tan negros y oscuros, sintiendo que podrían ser absorbidos por un vació que probablemente no tendría fondo.

Ellos sintieron como el calor que han estado sintiendo desde que llegaron con el niño pareció disminuir y el aire se volvía más frio, uno de ellos no pudo evitar dar un paso hacia atrás, otro dio un paso hacia la cama, aun atraído, pero el niño solo centró su vista en el hombre que se quitaba la camisa.

Cuando el hombre terminó de quitarse la camisa, sin percatarse como él mismo aire se había vuelto un poco más frio que antes, miró al niño que ahora lo miraba con frialdad y un par de ojos tan negros como la oscuridad espesa; apenas tuvo tiempo de articular sonido antes de que explotara haciendo que su sangre, órganos y viseras salpicaran todos lados.

—…

Hubo un silencio por un momento, mientras que el niño se sentaba de una forma tranquila en la cama ignorando que la sangre también lo bañó; el grupo trataba de procesar que acababa de pasar.

Ellos miraron al niño, incluso con la sangre cubriendo su cuerpo, era tan hermoso; sus corazones empezaron a latir con tanta fuerza que uno de ellos tembló, en otro empezó a hiperventilar pasando su mirada de la hermosa y delicada escultura en la cama ahora cubierto por la sangre, hacia su amigo.

Su amigo, todos miraron el lugar donde se supone estaba su amigo, bueno todavía lo estaba su parte inferior estaba ahí; uno de ellos incluso se inclinó para ver la parte de arriba de lo que quedaba, todo rojo de diferentes tonos, algunas partes moradas, naranjas, negro, gris, y sangre que empezaba a salir como una tubería rota y derramarse como si fuera una copa con el líquido desbordando.

El hombre tocó y la parte inferior del cuerpo de su amigo que se balanceo hacia atrás, un ruido sordo y el primer gritó resonó, luego los gritos resonaron en el departamento.

La puerta del departamento se abrió de golpe, con ella estrellándose contra la pared, entraron tres adolescentes molestos, muy molestos que se detuvieron cuando vieron la vista frente a ellos.

Había sangre por todos lados, vieron algo que parecía carne en algunos lugares; incluso vieron un brazo, vieron al niño desnudo con el cabello negro en medio y un cuchillo en mano

—Pero que…

El niño se volvió y el grupo se estremeció ante esos ojos negros, no de mala forma, era como Hikaru, pero no se sentían el calor agradable, era más como una frescura en medio de un día demasiado caluroso.

—Hermanos — la voz era más profunda, menos dulce y más fría, pero que aún les provocó esa sensación de paz que les provocaba Hikaru.

—¿Hikaru? — ese fue Alejandro, el niño negó con suavidad

—Hikaru se desmayó, así que vine ayudarlo, está muy asustado

—¿Dónde está Hikaru? — el pelinegro miró a Cristian.

—Descansando, mi hermanito suele ser alguien muy asustadizo — dijo el pelinegro con una sonrisa que hizo estremecer al trio.

—A-Ayuda — los adolescentes miraron al hombre en el suelo, desangrándose a los pies del pelinegro, lo ignoraron y miraron al niño.

—¿Quién eres?

—Yo, soy Shiki, soy el hermano mayor de Hikaru. Hermanos, deberían cuidar mejor de Hikaru — el pelinegro miró al hombre

—¿Shiki? — el pelinegro miró a Alejandro y luego asintió

—¿Dónde está Hikaru? — dijo Leonardo, una risita el trio se estremeció ante el calor que los llenó.