Injusticia (Amber Farrell – Investigadora Paranormal, precuela) Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—Entonces, su llegada fue una coincidencia. No conocía a nadie allí. ¿Cómo es que terminó llevando a una empleada del club a su casa?

—La dueña me lo pidió. Hubo algún problema durante la semana. Me pidió que llevase a Valerie Hawks a su casa en coche.

—¿Entonces sabía que era usted policía?

—Yo no se lo dije, no esa vez. —Miré a un lado—. Pero puede que Buchanan se lo ha haya dicho.

—Quizá no sabía su trabajo, pero debía conocerla para pedirle que hiciera eso.

—No la había visto nunca antes de esa noche.

—Vaya, un gran acto de fe por parte de la dueña.

No era una pregunta así que me quedé mirándole. Tenía razón, pero no tenía ni idea del porqué; dudaba que Dominé fuera a explicarle porqué confió en mí.

—¿No estaba haciendo un trabajo extra como guardaespaldas y no estaba intentando demostrar que podía hacer su propia investigación?

—No, y no.

—Y hoy —miró mi informe—, reaccionando a una llamada que recibió de la dueña del club, visitó el apartamento de la señorita Hawk. Sospechó al ver la puerta principal forzada, y por el olor. ¿Forzó la puerta y nos llamó inmediatamente después de encontrarla?

—Fue básicamente así. Como digo en el informe, la dueña me había llamado varias veces mientras estaba patrullando y tenía mi móvil personal apagado. Lo encendí cuando había terminado de patrullar y la llamé enseguida.

Morales miró a Núñez. No estaba contento, pero asintió, cogió su carpeta y se fue. Asuntos Internos había perdido su interés.

Buchanan estaba a punto de levantarse.

—No puedes estar…

Morales golpeó la mesa con fuerza.

—Buchanan, fuera.

Me miró como si quisiera estrangularme aquí mismo, pero le habían dado una orden directa. Nunca seríamos amigos, el detective Buchanan y yo. Una lástima.

Cuando se fue, nos quedamos en silencio.

Morales abrió mi expediente personal. Cogió la primera página, en la que estaban mis puntuaciones, y la puso en medio de la mesa.

Un par de páginas más abajo, estaba mi historia laboral y la colocó junto a las puntuaciones.

De su expediente del caso sacó una hoja que parecía estar llena de fechas y cifras.

La puso al lado de las otras y cerró los expedientes.

Su teléfono se unió al resto de desfile que había montado. Entonces, se recostó en su silla.

—¿Qué demonios está pasando, Farrell?

—No entiendo la pregunta, señor.

Su mano se dirigió a mi historia laboral.

—Sargento en el ejército, diez años sirviendo en operaciones especiales —dijo—.

Ningún informe negativo. Todos los detalles están clasificados.

—Se abrió el botón superior de la camisa—.

¡Menuda aura que lleva encima! —Pasó los dedos por las puntuaciones—.

Excelente en teoría y práctica de armas de fuego.

Letal en el cuerpo a cuerpo. Justo lo que se esperaría de la flor y nata del ejército.

—Sigo sin ver…

—Porque esto no es lo que se espera de una incorporación lateral a la policía de Denver. ¿Qué demonios hace una soldado de primera categoría con un expediente clasificado patrullando con mis equipos?

—Intentando ser una policía de primera, señor. —Tenía que dar por hecho que esa aspiración ya había pasado a la historia.

—Eso ha sonado bien. Debería practicar, Farrell.

Bien, ambos podíamos ser sarcásticos.

Mis ojos se fueron a la tercera página.

Morales continuó.

—Y esta increíble novata tiene una increíble conexión casual con un caso increíble.

—Hizo una pausa y dio un golpecito a la tercera página—.

Lo que… —pensó lo que iba a decir y empezó de nuevo—.

Lo que el detective Buchanan no ha visto, pero lo hará en algún momento, es que a este registro de las copias de seguridad de esta semana en el Club Agonía  le falta una.

Mierda.

Dominé había hecho lo que le pedí y suprimió la grabación que había dado al coronel. Podía ver porqué Morales iba a conseguir su puesto de capitán.

No dije nada. Las técnicas dilatorias estaban llegando a su final más pronto de lo que me habría gustado. Pero Morales no era Buchanan, no podía distraerlo.

—Lo que Buchanan no sabrá es que casi en el mismo momento en el que detecté eso, recibí una notificación 9-Red-Mil.

Tocó su teléfono y la agenda apareció, con una barra roja en la tarde. Fruncí el ceño. Nunca había oído hablar de ese tipo de notificación. Pero estaba claro que MIL quería decir militar.

—He tenido que buscarlo —continuó Morales—. Es una solicitud prioritaria del ejército a través del Departamento de Defensa para que me pusiera a disposición para una reunión. —Se reclinó en su asiento de nuevo y volvió a repetir—: ¿Qué demonios está pasando?

Me había quedado sin técnicas dilatorias.

—He estado actuando bajo órdenes, señor, y tendré que dejar las explicaciones en manos del coronel con el que se reunirá en breve.

Nos quedamos mirándonos durante un minuto.

Morales recogió los papeles y apiló los expedientes en orden. Se guardó el móvil en el bolsillo y apoyó los codos en la mesa, juntando las manos.

—Farrell, desde este momento, queda suspendida a la espera de más explicaciones.