Injusticia (Amber Farrell – Investigadora Paranormal, precuela) Capítulo 12
62%

Capítulo 12

—Te estás centrando demasiado en mí —dijo Liu—. Relaja la mente, percibe todo.

Resoplé.

—La última vez, me dijiste que me concentrase en tus ojos, Shi Fu.

—Y al reflexionar sobre la contradicción, tu mente de acercará al ideal.

Liu no sonreía mucho, pero yo intuía su sentido del humor. Terminamos nuestra pausa de un minuto, nos pusimos los guantes y continuamos.

Tenía mucho cuidado cuando entrenaba con otros alumnos. Además de mis diez años estudiando artes marciales, mi fuerza y mi velocidad habían aumentado desde que me mordieron. No quería romperle la mandíbula a nadie sin querer.

Pero eso no me preocupaba con Liu. A pesar de ser más mayor que yo, era sorprendentemente rápido y escurridizo. Me emocionaba poder darle algo más que un par de golpes en una sesión de sparring como esta, donde básicamente estábamos boxeando y nos limitábamos a los puñetazos.

Me ayudaba a centrarme. Me obligaba a dejar todo a un lado y concentrarme en golpear ese objetivo que se movía, sin ser golpeada demasiadas veces. Me vendría bien en este momento; así podría volver fresca como una rosa a los problemas de qué hacer antes de la llegada del coronel el lunes.

Normalmente, Liu también disfrutaba de la sesión.

Dio por terminada la sesión tras la última ráfaga de bloqueos y golpes. Habíamos sudado bastante, pero yo esperaba un par de asaltos más.

—Ven —dijo, quitándose los guantes y el casco protector. Caminó hacia una esquina del Kwan—. Sígueme en la forma.

Empezó a realizar una de las formas clásicas. Mi cuerpo se dejó llevar por la memoria muscular y yo flui con él sin tener que pensar.

—Bien —dijo—. El cuerpo está concentrado. La mente está concentrada. La mente grande puede volar libremente. —Empezó un estiramiento asimétrico—. Y me puedes decir qué es lo que te preocupa.

—¿Perdona? —Me salté un movimiento y tuve que recuperarlo.

—Nunca estás completamente metida en el momento, Amber —dijo, girando sobre sí mismo y bloqueando los ataques de agresores imaginarios—. Siempre te guardas un poco. Pero hoy te estás guardando mucho. ¿Por qué?

Dimos un paso atrás a la vez.

—Estoy preocupada por cosas del trabajo.

—No suele ser así. Lo que le preocupa a la gente puede tener su raíz en el trabajo, pero lo más normal es que siga sin resolverse durante el tiempo que se pasa en el trabajo. —Se agachó, levantó una pierna y la sujetó completamente estirada—. ¿Qué es el trabajo?

Me tambaleé un poco, desconcertada por la pregunta.

—Todo lo que hago cuando llevo el uniforme.

—Entonces el resto es diversión.

No hablaba con nadie, sin contar al coronel, sobre lo que hacía para el ejército.

Vivía dos vidas y sentía que en algún momento se cruzarían.

Pude lidiar con el estrés y el secretismo en Ops 4-10, pero tenía el apoyo de la gente que estaba en la misma situación que yo.

Aquí estaba sola. No tenía a nadie de confianza con quien compartir algo, y mucho menos sentirme apoyada.

Claro, tenía la ayuda del departamento de policía para ayudar a los verdaderos novatos en su trabajo.

No había margen para ninguna diversión. Todo se había diluido en el trabajo para el coronel, hacer ejercicio, comer y dormir. No quería mentir a Liu.

Mi equilibrio se fue a tomar viento y tuve que poner el pie en el suelo y avanzar a la siguiente secuencia de movimientos. Maldición. Vine aquí para dejar de pensar en estas cosas.

Suspiró.

—Siéntate —dijo, sentándose en posición de medio loto. Le imité.

Había una pequeña clase haciendo ejercicios al otro lado del Kwan y nos habían dejado solos.

—Me gusta que asistas a este Kwan —dijo e hizo una pausa—. Pero estoy preocupado por ti.

—¿Shi Fu?

—Tu entrenamiento en el ejército te ha dado tanto control.

El mundo occidental lo llama «control de hierro».

Lo utilizas para enterrar cosas completamente en tu interior.

—Levantó una mano para impedir que hablase—.

Pero el hierro se puede oxidar. El hierro puede volverse quebradizo.

Hay ira y fuerzas enterradas en ti que encontrarán una salida.

Si lo hacen por sí solas, podrían destrozarte.

A veces, Liu podía sonar tétrico, pero nunca habíamos tenido una conversación así. Con otra persona, habría sido embarazoso. Pero Liu parecía estar hablando con algo dentro de mí que estaba tomando notas.

—Sea lo que sea, no puedes seguir haciendo lo que estás haciendo —dijo—. Debes cambiar. Cambiarás; no tienes otra opción, excepto saber el grado de control que tendrás sobre ese cambio.

Bueno, ¿qué me aconsejaría si le explicase todo lo que estaba pasando?

Aunque solo lo llevase a un nivel mundano: ¿Debía convertirme en investigadora privada? ¿Privarme del pequeño apoyo que la policía podía ofrecerme? Al menos así no les estaría ocultando nada.

—Allí donde ocultas tu verdadero yo, causas daño, a ti misma y a aquellos de los que te ocultas.

¿Diría que dejase de ver a mi familia?

Liu me observó mientras reflexionaba en lo que había dicho.

—Si lo deseas, podemos seguir hablando después de las sesiones.

Asentí en silencio.

—Por ahora, confía más en tus instintos. Confía en ellos frente al aprendizaje memorístico que te dice que las cosas tienen que ser así. Eres más poderosa de lo que crees, si te permites serlo.

Se levantó de repente.

—Ahora, más sparring —dijo.

—¿Boxeo de nuevo? —Me puse los guantes, pero negó con la cabeza.

—Jiujitsu, creo. Pero no conmigo, con Tullah.

—¿Quién?

—Yo.

Me giré y suspiré. Iba tener que volver a ir con cuidado.

Tullah era más baja y delgada que yo, y parecía que todavía estaba en el instituto.

Tenía una mezcla exótica de rasgos chinos, pero las artes marciales no están inscritas en los genes, se tienen que aprender.

En ocasiones, Liu me hacía entrenar con alumnos que se creían muy avanzados.

Una especie de lección de humildad para que no se les suban los humos.

Si podía leer mis pensamientos, no lo dejó entrever. Su cara, parcialmente cubierta por el casco protector, estaba radiante. Al menos se movía bien.

Nos enfrentamos en las colchonetas e hice un ataque estándar. Una finta, para ver con qué rapidez se apartaba.

No se echó hacia atrás, no se apartó. Se acercó.

Dentro del alcance de mis brazos, anuló cualquier ventaja que yo tuviera.

Mi peso estaba demasiado adelantado, mi centro de gravedad era más alto que el suyo.

Me agarró por el cuello del gi, se agachó y se retorció, de modo que mi impulso me hizo caer sobre ella.

Luego empujó con fuerza y me lanzó por los aires.

Por suerte, todas las reacciones necesarias se me habían grabado a fuego. Me encogí y rodé para volver a ponerme en pie, levantándome lista para un segundo ataque. Solo por cuestión de forma.

Menos mal que me habían inculcado ese tipo de movimientos. Tullah estaba justo ahí, presionando con su ataque.

Los instintos tomaron el control y la intercepté cuando se acercaba desequilibrada frente a mi postura estable. Le di un golpe en el vientre y luego la lancé por encima de mi cadera.

Rodó con elegancia y volvió a ponerse en pie de un salto, igual que yo, lista por si acaso ya me estaba acercando. Pero no era así. Me quedé allí de pie, regañándome a mí misma por ser una engreída confiada.

—¡Ha sido increíble! —chilló. Y vino directa a mi.

Diez minutos más tarde, estábamos empapadas de sudor y me había contagiado su risa.

Pero tenía una cita con el oficial Knight, así que me quité los guantes a regañadientes en señal de rendición.

Se quitó el caso y me dio un abrazo.

—Muchas gracias, Amber. Te puedo llamar Amber, ¿verdad? Te he visto entrenando muchas veces, pero papá no me dejaba practicar contigo. He tenido que insistir mucho.

—¡Vaya! ¿El maestro Liu es tu padre?

—Sí, es un tío guay.

—Bien. —Supongo que yo también le llamaría «tío guay» si tuviera diecinueve años y estuviera rebosante de entusiasmo.

—¿Cuándo vuelves? ¿Podemos entrenar juntas otra vez?

—Sí, sí, claro. Quizá el martes. No seré tan indulgente contigo la próxima vez —dije.

¡Ja!

—Genial.

Tuve una idea.

—¿Y si envío a alguien a entrenar contigo? Puede que la chica tenga problemas para convencer a sus padres o a su tío para pagar los entrenamientos, ¿pero si pudiera venir y ver de qué se trata? Que hiciera algunas preguntas… —dije inocentemente.

—¡Claro!

—Se llama Jo. Te envío su número de teléfono.

—Vale, gracias por el entreno de hoy. —Se alejó saltando.

Sonreí. Había sido mala, pero se agotarían la una a la otra y no a mí.

Me despedí de Liu y fui a ducharme.

No se me escapó que me había emparejado con Tullah a propósito y que me había pasado un mensaje con una maniobra muy ingeniosa.

Sus comentarios de antes se repetían en mi mente. ¿Podría ver las cosas dentro de mí?

¿Y si su mensaje era sobre las cosas que pasaban en lo más profundo de mi ser? ¿Si estaba diciendo que era mejor no luchar contra eso, y convertirme en vampiro? Desaparecer en su mundo. Toda esta mierda desaparecería. La vida sería más fácil.

«¿Cómo sería, ser un vampiro?»

Aparté esa idea de mi mente. De todos modos, Liu no podía ver esas cosas en mi interior.

Incluso a nivel superficial, me había dado muchas cosas en las que pensar, pero el turno de patrulla nocturna del sábado no sería el lugar para hacerlo.