Capítulo 10
De vuelta en mi piso, todo el día parecía desvanecerse como un sueño.
El coronel había organizado una biblioteca de datos en internet.
Accedí desde mi portátil y empecé a subir la grabación de la cámara de seguridad del club.
La conexión era pésima y me distraje intentando escribir un informe de lo que había pasado.
Estaba agotada y mi mente, dispersa. Al final envié un enlace a la grabación y una sola palabra: «Llámeme».
Me estiré en la cama y esperé que terminase el envío, estiré la mano y cogí la placa de Tara de la mesita de noche.
Tara era mi hermana gemela. Había nacido muerta. Nadie entendía porqué tenía una placa de ella o porqué la había hecho hacer, cuando todavía estaba en el colegio.
La gente que pierde a personas queridas, a veces tiene una fotografía.
He visto algunas con las fechas de nacimiento y de fallecimiento escritas.
Tara no tenía nada de eso. Nunca nació en realidad, ni murió.
No había fechas. No había fotografía. Otros habrían dicho que no existió por eso.
Quizá fuera la única persona que todavía pensaba en ella.
Sostuve su placa. Era tan brillante que podía ver mi reflejo en ella. No necesitaba una foto. Así es como se vería ahora.
— ¿Día complicado? —dijo.
—Se podría decir que sí. Pero he encontrado a los vampiros.
— Cuéntamelo .
Parecía más fácil explicárselo a ella que escribirlo en un informe. Por supuesto, en el informe había cosas que había querido minimizar pero que podía explicar tranquilamente a mi hermana.
— Si hay alguna posibilidad de que esos tres vampiros estuvieran implicados en el asesinato, el caso pasará a ser competencia del coronel. ¿Cómo vas a gestionar eso con la policía?
—De momento, no lo sé. El ejército tendrá que encargarse de eso. Pero ¿podré quedarme en la policía después? Eso es lo que me preocupa. El ejército no va estar siempre buscándome trabajos, y si dejan de hacerlo, ¿qué voy a alegar para no volver a la base?
— Así que los vampiros pueden manipular la memoria de la gente —dijo—. Guay. Sería genial poder hacer un truco así.
Podía oír su comentario tácito: quizá no era tan malo ser un vampiro si había beneficios como ese.
—No quiero convertirme en vampiro, Tara. No quiero terminar otra vez en esa celda.
— Eso sería si el ejército fuera capaz de encontrarte… Cuando no han sido capaces de encontrar a los vampiros sin tu ayuda.
Fruncí el ceño. Era una forma de verlo.
—Pero la grabación muestra que los vampiros pierden el control, a veces. ¿Es eso lo que me espera?
— ¿Por qué crees que podrías perder el control de esa manera?
Me recosté e intenté analizarlo con objetividad, pero Tara no había terminado.
— ¿Y ocultar los detalles sobre Valerie por su seguridad? ¿No tendrá nada que ver con el hecho de que es la única persona que conoces que te puede señalar y decir que eres un vampiro?
Claro, hacer que Valerie volviera a Nebraska y ocultar su paradero era por su seguridad. Pero no podía mentirle a mi hermana gemela. Tara tenía razón; había hecho todo lo posible para ocultar a Valerie del ejército, y las razones eran complicadas.
Me negué a seguir con esa línea de pensamiento. No era un vampiro. No me iba a convertir en vampiro. No quería arriesgarme a que Valerie confundiera el tema con el ejército. Encontraría la manera de mantenerme fuera de la celda de Obs y vivir aquí en Denver.
Me quedé dormida diciéndome eso.