Injusticia (Amber Farrell – Investigadora Paranormal, precuela) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—¿Te mordió y no te dolió? —Mi experiencia fue completamente diferente, yo estuve luchando a muerte.

Los comentarios de Valerie sobre sus sensaciones y la niebla en su memoria coincidían con un par de teorías que el coronel y yo habíamos comentado.

Si los vampiros podían convencer a los humanos para dejarse morder, serían peligrosos; pero si pudieran confundir sus sensaciones y recuerdos, era otro tipo de peligro.

—Sí. —Se acurrucó contra el cojín y apoyó su cara en él—. Ninguno me hizo daño. —Su voz sonaba amortiguada—. No esa vez.

Le toqué el brazo con suavidad. Leo se giró rápidamente y me atacó con sus garras. Nos reímos de su reacción y tuvimos que mimarlo un poco hasta que me soltó.

—Aquella noche fue espantosa, pero podría vivir con eso —continuó cuando el gato ya había recibido suficientes mimos—.

Hablé con Dominé. No le gustó cómo sonaba y dijo que no les dejaría entrar nunca más.

Pero ayer no estaba. Alguien les dejó pasar.

Yo estaba en la puerta del Sanctum, donde me has visto esta noche.

Metió la mano detrás del sofá y sacó una gran carpeta de arte. La dejó sobre la mesa. La primera hoja era una obra recién pintada. Era una pintura al óleo y parecía que todavía estaba pegajoso.

Valerie torció el gesto, como si tuviera náuseas.

—No puedo recordar exactamente lo que pasó.

Pero puedo recordar cómo me sentí —dijo, empujando el cuadro hacia mí.

Había extendido los colores intensos con una espátula, en líneas nítidas y rectas.

Era un cuadro lleno de furia, heridas y violencia—.

Recuerdo darme cuenta de repente de lo que eran y estar completamente aterrorizada.

Ahí es cuando empezaron a pasar cosas y todo se vuelve…

—Vuelve a hacer gestos hacia la pintura y aparta la carpeta como si no quisiera recordarlo—.

Marcel estaba en la puerta conmigo. Dice que no pasó nada.

No puede recordar cómo subían las escaleras.

Le hicieron algo. Ni siquiera Dominé me creyó hasta que no miró las grabaciones de la cámara de seguridad.

¿Grabaciones de videovigilancia? ¿Había evidencia de la actividad de los vampiros? Sentí la piel de gallina en los brazos.

Tenía que conseguir esa grabación de Dominé y tenía que llevársela al coronel esta noche.

—Y tú, Amber. Eres uno de ellos, pero eres diferente.

¿Cómo puede ser? Me sentó como un puñetazo en el estómago.

Todo lo que Dominé me había dicho sobre ser como ellos era solo parloteo, inquietante pero ya está.

Pero esta chica podía detectar a los vampiros y había detectado que yo era uno.

Y estaba aquí sentada con mi razonamiento de Ops 4-10 pensando en cómo cazar a los vampiros que había en América para ayudar al coronel.

Pero, si yo también era un vampiro, ¿qué significaba para mí?

—¿Qué quieres decir? —la interrumpí.

—Cuando te pusiste delante de mi cara en el club, sentí lo mismo que la primera noche con ellos tres. Era como si me llamases. Eres uno de ellos. —Leo se estiró y saltó a sus brazos, rascando su cabeza contra la barbilla de Valerie—. Pero, en cierta forma, eres diferente.

—Tienes miedo de ellos, pero ¿no tienes miedo de mí?

—No tengo miedo de ti, no por ahora. No lo puedo explicar. No me das las mismas sensaciones. —Frunció el ceño—. No has contestado a mi pregunta.

Mis labios se crisparon. Esta niña no era tonta.

—Me han mordido, pero no muerdo.

Valerie le dio vueltas a eso un momento.

—Si no eres un… —titubeó antes de decirlo—, un vampiro, pero te han mordido, ¿quiere eso decir que yo tampoco me voy a transformar en vampiro?

Por supuesto, esa era una de sus principales preocupaciones y era lógico.

—No puedo asegurártelo. En mi caso, ya ha pasado un año y no soy un vampiro. —Me encogí de hombros—. Pienso en ello como una infección que mi cuerpo está combatiendo.

Se quedó pensando en eso un rato. Leo decidió que estaba tranquila y se colocó en su regazo.

—Si no eres un vampiro —dijo—, entonces, ¿por qué los estás buscando?

Eso me hacía sentir más cómoda. Parecer un vampiro, no ser un vampiro.

—Bueno, es algo que hago.

—¡Oh, Dios mío! —Se le iluminaron los ojos—. ¿Eres una cazadora de vampiros? —Se levantó y se arrodilló en el sofá, para disgusto de Leo—. ¿Con estacas y esas cosas?

—Nada de estacas, ni de agua sagrada, nada de Hollywood.

—Pero los libros dicen que los mejores cazadores son medio vampiros. Entonces eso…

—Los libros dicen muchas cosas que no son verdad. —Me pasé una mano por el pelo—. Espero que esos tipos desaparezcan y que estés bien. Pero mientras tanto, tienes que irte a North Platten.

—Ya he entendido el mensaje—respondió—. ¿Qué pasa con los demás en el club?

—A ti te han mordido, a ellos no. No me importan.

No quería decir eso exactamente, estaba cansada y hablaba sin pensar. A Valerie no le gustó.

—Son personas, Amber. La gente los ve diferentes y utiliza eso como una excusa para todo tipo de mierdas. Pero tú no puedes hacerlo. Tienes que entenderlo, tú también eres diferente.

Volvió a coger la carpeta con los dibujos y la abrió, hojeando hasta que encontró lo que estaba buscando y lo sacó.

—Mira —dijo mientras me enseñaba una pintura.

Era preciosa: dos ángeles entrelazados, hombre y mujer, emergiendo de la sombra.

Sus manos tocaban un sol brillante. El modelo de la mujer era Giselle, del club, y ya de por sí era guapa.

El modelo del hombre tenía un rostro que podría describirse como feo, pero el artista lo había transformado en una expresión de alegría.

—No soy crítica de arte —dije—, pero me parece que es excelente. ¿Es tuyo?

—No, lo ha hecho Marcel. Si tuviera una décima parte de su talento, sería feliz.

—Nunca funciona así…

—Lo sé, lo sé —dijo—. Nunca seremos felices si pensamos así.

—Pero, además, tienes talento. —Señalé los cuadros en las paredes.

Se giró y me miró enfadada.

—Dibujo pingüinos divertidos. Ya sé que has dicho que no eres crítica de arte, así que te daré una pista: esa es una gran la diferencia.

Me reí y, al poco tiempo, lo hizo ella también. Podía ver cómo disminuía la tensión en su rostro.

Pero no había terminado.

—Y Giselle —dijo indicando la pintura—. Has hablado con ella.

—Bueno, en realidad no hablamos —dije—, pero sí, la vi un momento.

—Y porque se viste así por la noche y lleva un angoisse , no merece que se preocupen por ella.

—No…

—Solía tener otro trabajo hasta que alguien descubrió que venía al club. Adivina lo que era.

Levanté las manos en señal de rendición.

—Era profesora y…

—Vale, vale… —la interrumpí—. Pero mi argumento sigue en pie. A ti te han mordido. A ellos no. Quiero que desaparezcas. Vuelve a Nebraska, visita a tus padres. —Sonreí—. Encuentra a una prima discreta.

Resopló.

Me recosté en el sofá.

—¿Alguien sabe cómo contactarte allí? ¿Alguien del club?

—Solo Dominé.

Tomé una decisión rápidamente. Había ido tan lejos como pensaba que podía llegar con Valerie. De todos modos, sus recuerdos no eran claros. Lo que de verdad necesitaba era las grabaciones de la cámara de seguridad.

—Ahora voy a volver al club. Conseguiré esa grabación. Tú mantente alejada y ve a Nebraska. Una de nosotras te llamará.

Saqué la tarjeta de Dominé y le pedí a Valerie que anotase su móvil y fijo en la parte de atrás. Le di el número de mi móvil y me despedí de Leo, quien me concedió permiso para irme.

En la puerta, Valerie me detuvo y colocó una mano ligera en mi brazo.

—Puedes dormir en el sofá cuando hayas terminado en el club. Tengo un montón de cosas para desayunar.

No creo que la propuesta fuera realmente para el sofá.

—Estaré bien, gracias. ¿Me prometes que te irás?

—Vale. Y gracias.

Conduje de vuelta hasta el club. Sabía lo que se esperaba de mí. Sabía cuáles serían mis órdenes.

El coronel querría tener a Valerie en observación. Luego, lo mismo que hicieron conmigo lo harían con ella. Podría transformarse. Pensé en ella dibujando luminosos y divertidos pingüinos mientras estaba encerrada en el laboratorio, en la base.

Me dieron náuseas.