Injusticia (Amber Farrell – Investigadora Paranormal, precuela) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

«Fácil, claro.»

Mi noche libre acababa de esfumarse. Por suerte, no había planeado nada.

Afuera, el coronel hizo una llamada y, un par de minutos después, apareció un coche negro. Me abrió la puerta.

—He pedido camperizar una furgoneta para nuestras futuras reuniones. Será más cómodo para hablar y hacer las pruebas —dijo cuando se sentó conmigo en la parte de atrás—. ¿Dónde quiere que le dejemos?

Le di la dirección en la que había aparcado mi coche.

Mientras tanto, el coronel ya me había hecho su vudú de oficial al mando.

«No me des excusas, ponte manos a la obra».

Mis preocupaciones no eran importantes.

Había empezado a planear. El éxito en este tipo de operación era cuestión de tomar la iniciativa.

Aunque, de su operación « tan fácil » dependían un montón de tareas.

Y tendría que hacerlas todas, no tenía margen de maniobra.

Pero, al menos, al estar ocupada dejaría de preocuparme por el Club Agonía .

Pulsó un botón y una pantalla de seguridad se interpuso entre nosotros y el conductor.

De un maletín que tenía a sus pies, cogió una caja pequeña con correas.

Mi corazón se aceleró. Mierda. Sabía lo que iba a pasar, pero incluso así, mierda. Cogí el aparato, me lo até al brazo y apreté el botón.

El coronel había hecho las preguntas de los científicos y yo le había contestado. No sabía si los científicos se molestaban en mirar mis respuestas. Pero sabía que esto tenía toda su atención.

Habían encontrado unas sustancias químicas en mi cuerpo después de mi recuperación: cadenas de proteínas, a las que llamaban priones, a falta de un nombre mejor.

Prión era el nombre que se le daba a las proteínas que causaban enfermedades cerebrales devastadoras.

Los priones que habían encontrado en mi cuerpo no habían causado eso, y la hipótesis era que esos priones en realidad causaban el vampirismo o eran un indicador del mismo.

Este aparato medía el nivel de priones en mi sangre.

Si la lectura era demasiado alta, no saldría de este coche hasta que llegáramos a la base.

La pequeña pantalla marcaba 0.40. Más alto que la última vez. Aguanté la respiración.

El coronel miró el aparato y anotó la lectura.

—Dentro de los niveles aceptables —murmuró.

Mantuve mi rostro tranquilo, dejé salir el aire tranquilamente y empecé a relajar alguno de los músculos que estaban en tensión.

«Disimula».

El coronel guardó el aparato mientras llegábamos a mi coche.

—Sargento, el equipo de Observación no sabe si hay un desencadenante psicológico o biológico para convertirse en vampiro. —Suspiró—. Usted está en Denver por una razón. No rompa las reglas, y mientras ese motivo siga siendo válido, no voy a encerrarle por tener pesadillas o sentirse estresada.

—Gracias, coronel. —Bonitas palabras. Esbocé una sonrisa y bajé la guardia. ¡Y una mierda!

—¿De verdad no piensa en 4-10? —dijo.

—A veces pienso en los buenos tiempos.

«Otra mentira.» Ops 4-10 había sido mi vida durante un tercio de ella. Mis amigos y compañeros, todos arrancados de mi lado, como si hubieran muerto aquella noche en la selva. Pensaba mucho en ellos.

Casi parecía decepcionado, pero afirmó con la cabeza y salí. Le miré mientras se alejaba en el coche.

No le había dicho cómo me sentía de verdad.

No le había hablado de mis sospechas sobre el asesinato de ayer.

No importa las palabras de apoyo que hubiera dicho, no podía permitirme que pensara que me estaba volviendo inestable.

O que el estrés postraumático estaba fuera de control y que mi paranoia me dominaba.

No iba a darle ningún motivo para que me encerrase otra vez.

Y en cuanto al asesinato, tenía tiempo de avisarle si encontraba una prueba.

«Usted está en Denver por una razón». No había sido explícito sobre la trampa que encerraba esa frase.

Incluso casi había sonado comprensivo, pero él sabía que yo ya lo había pensado.

El ejército me necesitaba para encontrar a los vampiros.

Una vez que los hubiera encontrado, ¿para qué me iban a necesitar?

Desde luego, no habría nada que me mantuviera en Denver.

Podría pensar en muchas cosas que podrían querer de mí, pero todas ellas implicaban que volviera a estar bajo observación.

En cuanto al coronel, nos habíamos llevado bien en Ops 4-10.

Tenía el mando general de la unidad y eso significaba que fue él quien asumió la responsabilidad cuando la cagué, mataron a todo mi escuadrón y me mordieron.

Había perdido su posición en Ops 4-10 y terminó llevando un equipo médico reducido que me estudiaba, Observaciones; Obs, para los amigos.

No me sorprendía nada que no fuera mi mejor amigo, ni que pareciese irradiar decepción cada vez que nos veíamos.

Su coche dobló la esquina. Relajé la tensión de mis hombros y cerré los ojos. Esta mañana había estado demasiado cerca. Esperaba que esta noche podría encontrar algo que desviase la atención del coronel lejos de mí.

Debería haber tenido cuidado con mis deseos.