Capítulo 3 #2
—No inesperadamente —dije vagamente—. Estuve entrenando mucho en el gimnasio de la policía y también he vuelto a los entrenamientos de Kung Fu. He encontrado un Kwan aquí, con un buen profesor.
El coronel levantó las cejas.
—No creo que necesite más entrenamiento en artes marciales.
—Con todo el respeto, coronel, no estoy de acuerdo. Y soy cuidadosa con los demás participantes.
Resopló, parecía como si fuera a darse la vuelta, pero dio marcha atrás y se puso justo delante de mi cara.
—¿Disonancia cognitiva? —preguntó, mirándome a los ojos. No parpadeó ni una sola vez, como si fuera el objetivo de una cámara.
Ahí estaba: « la » pregunta. Los médicos me la habían inculcado antes de que me dejaran salir.
Para convertirme en vampiro, tendría que adoptar unas creencias diferentes.
Tendría que ser capaz, no solo de hacer cosas que antes eran impensables, como chupar sangre, sino de querer hacerlas.
Y teorizaban sobre que la transformación sería relativamente lenta.
Llegaría un momento en el que estaría a medio camino, queriendo hacer algo y sin querer hacerlo al mismo tiempo.
Estaría completamente desquiciada. Esa era su señal de alarma.
Tendrían que encerrarme. Una vez que me transformara por completo, no habría forma de saber qué haría ni cómo acabaría todo.
«Ni hablar. Eso no iba a pasar».
—No, señor, estoy estable —dije.
Seguimos así, mirándonos a los ojos, durante un minuto, antes de que él apartase la mirada.
Sentí un gran alivio. Suponía que había aprobado y que seguía siendo libre.
Caminó hacia la siguiente galería.
—Sus búsquedas no han dado resultado hasta ahora —dijo.
Me había preocupado que interpretase la falta de progreso como una señal de que estaba escondiéndole algo.
Ahora me preocupaba que, si le hablaba del cuerpo en el contenedor y resultaba ser una falsa alarma, pensaran que me estaba volviendo inestable.
Que estaba imaginando cosas y tenía que volver a estar bajo observación.
—Sí, pero es una ciudad grande, no puede haber muchos…
—Y pasan desapercibidos. Hicimos las proyecciones juntos. —Frunció el ceño—. Puede que nuestras suposiciones fueran erróneas. Quizá estamos buscando en los lugares equivocados.
No me gustaba la dirección que estaba tomando. Buscar evidencias de vampiros en Estados Unidos era la principal razón por la que estaba en libertad. Si me quitaban eso, habría motivos para devolverme a la base, con todo lo que eso implicaba,
—Entendí que llevaría tiempo —dije. Yo era su único detector y lo que utilizaba no era tecnología punta ni fiable.
Cuando los vampiros se acercaron a mi escuadrón en la selva, me di cuenta de que podía percibirlos de dos maneras.
Tenía una sensación, como cuando sales de casa y sabes que te has olvidado algo, o la sensación que tenías cuando sabías que alguien estaba detrás de ti.
Los científicos pondrían los ojos en blanco al oír eso.
La segunda forma les gustaba más. Podía oler a los vampiros.
Desprendían un aroma dulce y cobrizo. Muy pocos creían poder olfatearlo y la mayoría de ellos cambiaba de opinión cuando se le ponía a prueba.
Pero los científicos habían sido capaces de mediar patrones eléctricos en mi cerebro cuando detectaba el olor de un vampiro.
Utilizaron los cadáveres para proporcionar el olor.
No les hizo tanta gracia que lo que causaba el olor se descompusiera y desapareciera con el tiempo, pero habían conseguido verificar sus resultados.
Era oficial: podía oler a los vampiros que nos habían atacado y habían matado a mi equipo.
El olfato y el sexto sentido tenían que ser los dos métodos menos fiables para la detección en una ciudad llena de gente con sus propios olores.
Y tenía que mantenerme trabajando, no podía pasar el tiempo dando vueltas y olfateando traseros.
Así que habíamos aplicado algunas hipótesis para acotar la búsqueda.
La gente pensaba que los vampiros no existían; por lo tanto, los vampiros tenían que ser discretos.
Pero si necesitaban sangre, tendrían que salir de vez en cuando.
Discotecas, raves y ambientes marginales parecían ser los lugares apropiados.
Así que ahí estaba yo, la única persona en el mundo a la que el ejército ordenaba que se lo pasara en grande en la vida nocturna de Denver. ¡Qué suerte la mía!
Bueno, ahora tenía mi primer posible informe. Pero mi sentido del olfato había sido sobrepasado por la basura y lo demás no era concluyente. Necesitaba más detalles antes de informar al coronel.
¿Y si estaba equivocada? O peor aún, ¿y si tenía razón? ¿Qué pasaría una vez que hubiera encontrado a sus vampiros? ¿Mi utilidad habría terminado? ¿O me encerrarían de nuevo en el laboratorio para hacer estudios comparativos? En cualquier caso, decidí esperar.
El coronel me hizo repasar mis informes rutinarios de las dos últimas semanas, por si se nos había pasado algo por alto. Entonces, volvió a sorprenderme.
—He incorporado a alguien para que le ayude —dijo—.
Un especialista de internet está analizando la red buscando personas o lugares en Denver que deberíamos investigar, así podemos centrarnos mejor.
—Sacó una hoja de su carpeta y me la entregó—.
Este lugar parece cumplir muchos de los requisitos de nuestro perfil y esta noche hay un evento especial.
El papel era una copia de la página web del Club Agonía. Había oído hablar de él, y las imágenes me lo confirmaron. Látigos, cadenas, cuero, esposas. Y otras cosas que ni siquiera quería saber cómo se usaban. No pude ocultar mi reacción.
—Esto… Coronel…
—No le estoy pidiendo que participe, sargento. Solo que dé un vistazo al lugar y a la propietaria. —Me entregó otra hoja—. El club es conocido, pero no tenemos nada sobre la identidad de esta persona.
Parece que la dueña se llamaba Dominé. Había una imagen borrosa que podría haber sido cualquiera, y solo un nombre, con unas instrucciones escritas a manos sobre cómo pronunciarlo: Dom-in-ay.
A la mierda con la jefa. No creo que estuviera merodeando por la pista de baile de su club.
Mi problema era con el club en sí, y lo que ocurría allí.
¿Cómo se suponía que tenía que mezclarme con la gente?
Si pensaba que iba a entrar allí con una fusta y un corpiño de cuero, se iba a llevar una buena sorpresa.
Lo intenté de nuevo.
—Coronel, esto es un club de élite. Se entra con invitación. Y se consigue una invitación al participar.
—Puede que esta noche sea diferente —dijo—.
Hay un evento llamado Mercado de la Orquídea Sangrienta; temática vampírica.
—Seguro que se estaba riendo por dentro.
Me entregó otro impreso, unas invitaciones para el evento que su especialista había conseguido copiar—.
Habrá mucha gente corriente disfrazada, pero por lo que hemos visto, creemos que vale la pena visitarlo.
Tengo plena confianza en su capacidad de entrar ahí y echar un vistazo.
Y para salir, sin verse envuelta en lo que esté ocurriendo.
Es fácil para alguien con sus capacidades.
Terminó entregándome un fino expediente que incluía los planos de distribución del interior del club.