Capítulo 1 #3
No es que lo necesitase a él en especial como compañero, pero necesitaba a un compañero, uno que respondiera por mí.
No había formularios oficiales para ese tipo de evaluación.
Pero una noche en el bar, alguien preguntaría a Knight cómo lo estaba haciendo la novata y era increíble cómo una carrera podía depender de esa respuesta.
Había imaginado bromas y trabajo pesado mientras era una novata, y podía soportar ambas cosas. Pero había pensado que mi experiencia en Ops sería una ventaja. Si resultaba ser un lastre, estaba perdida.
Para mí había mucho más en juego que un trabajo en la policía.
Después del «incidente», como el ejército lo llamaba, me habían dado de baja y me consiguieron este trabajo, pero tenía un precio.
Seguía estando a sus órdenes. Si continuaba sana, empleada y no me convertía en algo que daba sustos por la noche, me podía quedar en Denver.
Si fallaba en algunas de esas áreas, me atraparían y darían marcha atrás.
La ciudad empezaba a despertarse, y uno de los policías uniformados tomó el relevo para que pudiera ir a buscar cafés.
Cuando volví, había sucedido un milagro. Buchanan estaba hablando con el uniformado. Mierda.
Se dio la vuelta y vio cómo me acercaba.
—Qué bien que te unas a nosotros. Espero que no te moleste que hablemos durante tu descanso.
—Claro que no, detective. —Me callé antes de añadir algo así como: «me alegro de que hayas encontrado tiempo para nosotros».
Aún así, se le tensó la mandíbula.
«Bien hecho, Farrell».
No había aprendido esa actitud en el ejército y estaba claro que aquí no me haría ningún favor.
Se estaba comportando como un capullo, pero no podía permitirme cabrearlo tanto como para dejar de tener el apoyo de los demás.
No necesitaban crearse enemigos en el trabajo por culpa de una novata listilla que no sabía mantener la boca cerrada.
—¿Fuiste la primera en llegar al cadáver? —preguntó.
—Sí. Ese coche de ahí chocó contra los contenedores…
—Estoy al corriente de los antecedentes —me interrumpió—. ¿Confirmaste que estaba muerto?
—Sí, no tenía pulso en la garganta.
—¿Informaste a la policía científica que habías contaminado su escena?
Otro policía que pensaba que era una novata.
—No, detective. Pero les entregué los guantes que llevaba puestos y les expliqué lo que había hecho.
Buchanan entrecerró los ojos. Le miré con cara de inocente.
El forense y los equipos de la científica se acercaron y Buchanan nos dio la espalda. Un par de ayudantes del forense subieron el cuerpo a su furgoneta. Lo miré con tristeza, pero estaba segura que si intentaba colarme para oler el cuerpo, me despedirían en el acto.
La mujer de la policía científica parecía tan excluida de la conversación de Buchanan como el resto de nosotros. ¿Cómo se llamaba? Melissa algo. ¿Melissa Owen?
Me acerqué a ella con disimulo. Buchanan no iba a echarnos de menos, pero tampoco nos había dicho que nos quedásemos ahí como espantapájaros.
—Ey, esto… Melissa. —Ya nos habían presentado, y llamarla Owen me parecía raro.
—Amber —dijo, girándose hacia mí, con un rostro neutro pero abierto.
—El cadáver tenía unas heridas extrañas en el cuello.
—Sí.
—¿Fueron la causa de la muerte?
—Posiblemente.
—No vi sangre en la basura o en el suelo cerca del cuerpo.
—Mmm…
Tendría más suerte escurriendo una piedra. Intenté un nuevo enfoque.
—¿Sería posible echarle otro vistazo?
—¿Lo dices en serio? Además de todo lo demás, ¿también tienes experiencia investigando la escena de un crimen? — El tono de Buchanan rezumaba sarcasmo y cortó cualquier respuesta que Melissa pudiera haberme dado.
No, no la tenía. Pero tenía muchísima experiencia con cadáveres y un poco con mordiscos de vampiro.
Si se trataba de eso, entonces el ejército iba a querer más información.
Buscar vampiros era la razón por la que estaba allí y no con el ejército, donde podrían vigilarme mejor.
El problema era que cuando pasabas la mitad de tu tiempo buscando cosas que la mayoría de la gente pensaba que no existían, siempre había la posibilidad de que empezaras a ver cosas que no eran.
Un cadáver desangrado. Con un patrón de heridas en la garganta. Sin sangre alrededor. No era una evidencia concluyente de vampiros, ni de nada más.
—Si ya hemos terminado —dijo Buchanan, mirándome fijamente—.
Según las primeras estimaciones, este tipo fue asesinado ayer entre las diez y las doce de la noche.
No lo mataron aquí en el callejón ni en el edificio de apartamentos, así que transportaron el cuerpo desde algún lugar.
Necesito que hagáis un puerta a puerta en esta manzana para comprobar si alguien vio algo entre las diez de la noche y la hora en la que llegasteis. ¿Alguna pregunta?
—Hay una cámara de videovigilancia al otro lado de la calle —dije. La red de videovigilancia de Denver tenía por objetivo reducir el crimen. Si la cámara funcionaba y apuntaba a esta dirección, podríamos tener una pista.
—Si no hay preguntas, os sugiero que os pongáis manos a la obra —dijo Buchanan y se fue. Los otros dos uniformados se dirigieron hacia donde el callejón se unía con la Avenida 11 sin decir una palabra. Incluso la policía científica y el equipo del forense me miraron con recelo cuando se fueron.
—Buen trabajo, «detective» Farrell. —Knight asintió con la cabeza de camino a nuestro coche patrulla—. Pensaba que querías probar suerte en Homicidios en algún momento.
—Así es. —Alcé la vista al cielo—. No me digas que ese gilipollas es el responsable de admisiones.
—No —dijo Knight—, no es el responsable, pero va a ver los partidos de futbol con él.
Gruñí. No era lo que quería escuchar, después de un turno de noche y la perspectiva de pasar un montón de tiempo sin que nadie del barrio dijera nada. Nos dividimos y empezamos a llamar a las puertas.
Hora de la muerte: las once de la noche, más o menos. Por supuesto, no lo sabía entonces, pero fue en ese momento cuando el reloj empezó a correr.