44. Arturo
Arturo
Las naves habían dejado de buscarme y estaban empezando a descender, probablemente para proteger el almacén de nuevo. No iba a tener ninguna oportunidad mejor de emboscarlas.
—Allá vamos —dije a las demás.
Oscilé en torno a la roca tras la que nos escondíamos, abrí fuego sobre la nave más cercana y la pillé desprevenida desde atrás.
Sus escudos eran débiles y acabé con ella antes de colarme entre otros dos pedazos de cascote y aproximarme a la siguiente nave.
Todos aquellos pedazos de roca —estrellas, eran pedazos de la Tierra— evitarían que los demás cazas pudieran apuntarme desde lejos y eliminarme.
—Alanik —dije, acribillando a la siguiente nave con fuego de destructor—, ¿aún nos afecta el campo inhibidor que rodea Infortunio?
Alanik negó con la cabeza.
—Los inhibidores no funcionan aquí dentro, igual que los hipersaltos.
—Jorgen ha sido capaz de comunicarse con gente que estaba en la ninguna-parte —continué. Lo había hecho cuando nuestra compañera Spensa se había perdido en ese lado—. ¿Intentas contactar con él, por favor?
Estaba claro que Jorgen no podía superar el inhibidor que rodeaba Infortunio, pero quizá sí que podríamos alcanzarlo desde allí.
—Lo intentaré —dijo Alanik.
Rodeé con mi nave un pedazo de roca particularmente enorme y salí encarado hacia una tercera nave al otro lado.
Abrí fuego y me llevé un impacto en el escudo antes de eliminar el caza enemigo por completo.
El piloto no se eyectó. Estrellas, odiaba hacerle daño a esa gente, pero estábamos en demasiada inferioridad numérica para no aprovechar las oportunidades que tuviéramos.
—¡Cuidado! —gritó Suki mientras llovían disparos de destructor desde ambos lados.
Lancé mi caza a un tonel volado para esquivar una andanada y lo invertí para girar en sentido inverso a través de otra. Recibí otro golpe en el escudo, pero había sido un milagro que no me llevara más.
Alanik iba agarrada a los lados de su asiento, como si deseara poder hipersaltar a cualquier otro sitio, y estrellas, deseé que me llevara consigo.
Los muchos taynix que aún atestaban el Dulo estaban saliendo despedidos de un lado a otro, flauteando pequeños ruiditos irritados, y no se lo reprochaba.
—¿Cuánto te molesta no tener el control de la nave? —pregunté a Alanik.
—Hay palabras en tu idioma —dijo ella— que significan que me desagrada mucho, pero ahora mismo no se me ocurren.
Reduje velocidad y las dos naves se cruzaron por delante de mí, dispuestas a dar la vuelta y disparar otra vez. Enganché una con mi lanza de luz, la arrojé contra un escombro y abrí fuego contra la otra mientras intentaba dar media vuelta y regresar en mi dirección.
Cinco naves derribadas. Según mis monitores, varias de las otras seguían moviéndose hacia el almacén, pero quedaban algunas que avanzaban hacia nosotros.
Si querían dividir sus fuerzas por mí, mejor que mejor.
Volé alrededor de una piedra plana e intercepté a otro caza, que abrió fuego al instante.
Ejecuté otra complicada sucesión de maniobras evasivas e hice un giro con lanza de luz para catapultarme en torno a otra roca y disparar a la nave.
—¿Odiar? —sugerí.
—Sí, esa era —dijo Alanik—. ¿Hay más?
Dos naves más llegaron a toda velocidad a la refriega, y tracé una tijera gemela justo entre ellas para concentrar el fuego de destructor en la primera nave, que cayó.
—Execrar —dije—. Aborrecer. Detestar. Abominar.
—«Abominar» suena bastante feo —comentó Suki.
—Me gusta —dijo Alanik—. Es perfecto.
—Te cambiaría el sitio —le aseguré, concentrando el fuego en la nave más cercana—. Pero no creo que sea buen momento.
—¡Arriba! —gritó Suki y, en efecto, llovió más fuego de destructor.
Hice un picado para poner escombros entre el enemigo y yo. Tenía demasiadas naves encima. Tocaba alejarme, esconderme y separarlas otra vez para recobrar la ventaja.
—¡Anfi! —exclamó Alanik—. ¡Lo he encontrado!
¿Arturo? , dijo la voz de Jorgen en mi mente, y fue tan bueno escucharla que podría haber llorado.
La mayoría de los citónicos solo podían hablar de mente a mente con otros citónicos, pero los inusuales poderes comunicativos de Jorgen lo convertían en una excepción a esa norma. ¿Se puede saber qué tirdas pasa ahí?
Estrellas, ¿por dónde empezar? La Tierra era claramente el mayor descubrimiento, pero explicarlo iba a requerir volver bastante atrás.
Espera, espera , dijo Jorgen, ¿estás en la Tierra ?
Ah, claro. Podía leerme la mente.
Nos atacaron nada más llegar y nos quedamos encerrados en Infortunio , pensé, procurando ponerlo al día tan rápido como pudiera.
Hay varvax entrenando a guerreros humanos y luego enviándolos a través de un portal a la ninguna-parte por motivos que aún no conocemos.
Hemos volado por ese portal y descubierto que lleva a la Tierra, atrapada en la ninguna-parte.
Creo que es la causa de los extraños escombros y del campo inhibidor que rodea el planeta.
Zigzagueé entre cascotes, pero una nave enemiga había decidido imitarme y se había escondido.
La nave se enlazó para rodear una roca de delante, dio media vuelta y vino directa a por mí.
Disparé mientras ejecutaba un giro para esquivar.
No creía haberle dado ni de lejos, pero sí que conseguí desviarla de su rumbo y evitarles un impacto directo a mis escudos.
¿Estás bajo ataque? , preguntó Jorgen.
Sí , dije. Drones y naves pilotadas, a ambos lados del portal a la ninguna-parte. Tenían taynix cautivos, pero ya están liberados.
Enviaré refuerzos al planeta , prometió Jorgen. Tardarán unas horas en llegar a vosotros a través del campo inhibidor.
La nave enemiga me rebasó y usó de nuevo su lanza de luz para rodear un escombro y volver. Yo agarré una roca más pequeña que tenía cerca, se la arrojé a la nave y le arranqué un ala de cuajo.
Envía una fuerza numerosa , sugerí. Hemos encontrado resistencia seria. Estrellas, no le había dicho lo del equipo diplomático. Sus muertes parecían haber tenido lugar hacía mucho tiempo. Me inundó la vergüenza. Perdimos a Hurón, Subrayado, Llamarada, Dasha y Katri en ese primer ataque.
Lo siento , dijo Jorgen. Podría haberse enfadado al saber que había perdido a la mitad de mi equipo, pero lo único que noté en sus palabras era preocupación.
Estudié los monitores. Algunas naves se habían escondido entre los escombros. O bien me había cargado las suficientes como para que empezaran a tenerme miedo, o bien estaban tendiéndome una emboscada.
—Creo que ya podemos volver —dijo Alanik—. He visto dónde se han escondido varias de ellas. Puedo trazarte una ruta más segura.
Hice descender la nave bajo una roca muy grande mientras Alanik trazaba esa ruta y mantuve un ojo echado a los monitores por si había movimiento cercano, pero no vi ninguno.
¿El combate ha terminado? , preguntó Jorgen.
De momento sí. Nedd y Sadie están presumiblemente atrapados en una instalación a este lado del portal. Tenemos que volver a por ellos, pero hay naves en el camino.
—Ya está —dijo Alanik, indicándome una dirección entre los escombros.
Seguí sus instrucciones para dar un buen rodeo y luego fui regresando hacia el almacén por una zona que tenía una gran densidad de rocas y partes de edificios rotos.
¿Vas bien? , me preguntó Jorgen. El contacto mente a mente transmitía algo de su intención junto con las palabras.
No estaba preguntándome por el estado de la misión, ni por las condiciones físicas de mi nave.
Estaba preguntándome por mí, supuse que porque había captado la oleada de vergüenza que había acompañado a la noticia de la muerte de nuestros compañeros de equipo.
Hago mi trabajo , dije. Vigilé por si aparecían naves en los monitores, pero no detecté ninguna en las inmediaciones.
No te he preguntado si haces tu trabajo , respondió Jorgen. Yo he hecho mucho de este trabajo en un estado de no ir nada bien.
Bien podía decírmelo. Una vez nos había dirigido en una de nuestras misiones diplomáticas más triunfales justo después de que asesinaran a sus padres. No tenía derecho a quejarme.
Para con eso , dijo Jorgen. Pues claro que tienes derecho a que jarte.
Eh, tío , repliqué, lárgate de mi cabeza.
Sentí algo procedente de Jorgen que se parecía a la risa.
Perdona. Gajes de ser psíquico.
No creía que Jorgen pudiera hurgar muy profundo en mi mente. No conocía todos mis secretos, a menos que estuviera pensando en ellos en la superficie. Pero había muchísimo allí mismo, y muy en carne viva. Mis fracasos, mi confusión, mi ira.
Sí , dijo Jorgen. Soy muy íntimo de esas sensaciones.
No tengo el control sobre esta situación .
Ya. ¿Sabes? Llevo sintiéndome así a cada instante desde antes de que dejáramos la escuela de vuelo.
Vale , respondí, ¡pero ahora lo siento yo, y eso es mucho peor! Me gustaba más que estuvieras tú al mando . Rodeé una roca que tendría casi el tamaño de la Plataforma Primaria, allá en casa.
Más risa.
Necesitaba averiguar cómo lo hacía Jorgen. Hacer a un lado mis sentimientos personales y mis temores por el futuro y limitarme a tirar adelante. Aceptar el riesgo. Hacer el trabajo.
Eso, eso , dijo Jorgen, tú actúa como yo. Seguro que te irá de maravilla .
—Hay dos escondidas en los escombros de delante —me avisó Alanik—. Otras esperando al otro lado.
Puedes con esto , dijo Jorgen. Saca de ahí a Nedd y a Sadie y aguantad hasta que lleguen los refuerzos.
Recibido , contesté.
Jorgen no me dijo cómo salir de aquella. Confiaba en que lo hiciera, incluso sabiendo que había perdido a medio equipo.
Si quería superar a esas naves y rescatar a Sadie y Nedd, iba a tener que invocar esa clase de confianza en mí mismo.