27. Arturo
Arturo
Pasaron varias cosas a la vez. Mi escuadrón salió de formación al instante y pasó a maniobras evasivas.
Otras muchas naves abrieron fuego también y llovieron disparos de destructor en torno a nosotros.
Tracé un picado con mi nave, enviándola en ángulo por debajo de la estación, donde había menos naves esperando para emboscarnos.
Mis ConGravs se activaron, absorbiendo la inercia e impidiendo que Dayan y yo perdiéramos el sentido…
aunque, estrellas, incluso con los ConGravs, su cuerpo iba a recibir un castigo inaudito cuando empecé a hacer virajes bruscos a alta velocidad.
Los ConGravs se saturaron y me palpitó la cabeza cuando la sangre del cuerpo subió hacia ella. Detrás de mí, oí que Dayan chillaba,
Enderecé el morro y se me aclaró la cabeza al reducirse la fuerza.
—Suki, mira cómo está Dayan —pedí.
—Sigue consciente —informó Suki, retorciéndose en su asiento—, aunque creo que ha vomitado.
Por instinto, mi escuadrón se había dividido en dos parejas de compañeros de ala. Alanik me había seguido hacia abajo y Sadie y Gilaf habían escorado a derecha, llevando a sus drones perseguidores fuera del campo inhibidor.
—¡Ivy! —gritó Sadie por el hipercomunicador cuando hubo salido del radio de efecto—. ¡Creo que ha habido un malentendido! ¡Esta agresividad es innecesaria! ¡Hemos venido a informar de su buen trabajo a nuestros superiores!
—Sé muy bien a qué habéis venido —replicó Ivy.
Tirda. ¿Nos habíamos delatado de algún modo?
—Anfi, cuidado —me advirtió Alanik.
Rodé para evitar una ráfaga de disparos de una nave que había descendido bajo la estación y venía volando hacia nosotros.
—Sígueme —dije a Alanik.
Volé derecho hacia las naves enemigas, girando sobre mi eje para evitar su fuego, y salí despedido por detrás de ellas, alejándome de la estación por el lado opuesto.
—¿Qué narices ha sido eso? —preguntó Dayan desde detrás de mí, con voz dolorida.
—Fuerzas de inercia —dije—. Lo siento. Son duras si no tienes costumbre.
—Son duras incluso cuando la tienes —añadió Suki.
—¡No necesitamos una demostración de sus defensas orbitales! —exclamó Sadie por el hipercomunicador—. ¡Le prometo que ya hay una evaluación positiva sobre ellas en mi informe!
—¿Creéis que podéis merodear por mi planeta sin permiso? —dijo Ivy—. Soy su protectora y no permitiré que ni vosotros ni vuestros superiores lo pongan en peligro.
Tirda. Tirda. Ivy no nos había descubierto.
Intentaba matarnos porque creía que éramos investigadores de la Supremacía y no quería que los mandamases de la Supremacía supieran lo que estaba haciendo en Infortunio.
Estrellas, por eso tenía tantas naves allí, y por eso nos había atacado nada más detectar que llegábamos al planeta.
Había estado preparándose para una ocasión como aquella y, pensando que la habían descubierto, había acelerado el progreso de los juegos, dispuesta a acabar con nosotros y cerrar el negocio.
—Nos hemos equivocado de lleno —dije.
—Con el informe tan bonito que había escrito —bufó Suki, indignada—. Y ahora va y no quiere ni verlo.
Lancé mi nave a una horquilla inversa, girando en S para darle la vuelta al morro y encararlo de nuevo hacia la estación.
Por las estrellas, estábamos en apuros. Gilaf y Sadie habían volado al otro lado de la estación y regresaban, todavía fuera del campo inhibidor.
Las naves que esperaban allí fuera estaban acribillándolos, pero de momento sus escudos resistían.
Las oleadas conmocionadoras de Plam eran inútiles contra naves no tripuladas, pero Mimitos lanzó sus esquirlas de energía psíquica contra el enemigo, creando con sus cuchillas mentales una nube letal e invisible por delante del Dulo de Gilaf y Nedd.
Tres drones entraron en ella y quedaron hechos trizas que de inmediato salieron despedidas en espiral.
Llegaban dos naves hacia mí desde ambos flancos, así que ejecuté un tonel volado que provocó un gemido gutural de Dayan.
Otras naves rodearon a Sadie y Gilaf, pero se mantuvieron juntos y fuera de la zona inhibida.
Sadie cubría a Gilaf mientras él intentaba acercarse lo suficiente a los cazas enemigos para que Mimitos se los cargara con sus cuchillas mentales.
—¡Ivy! —suplicó Sadie por el hipercomunicador—. ¡Le prometo que no hemos venido para hacerle ningún mal a su planeta, que no queremos…!
Se interrumpió al recibir un impacto en sus escudos, y luego otro. Un tercero los anularía del todo.
Ivy no respondió.
Llamé a Sadie por un canal privado. Cuando respondió, su voz sonaba lacrimosa.
—Lo siento —dijo—. ¡Lo siento, lo siento! He intentado razonar con ella, pero…
—No es culpa tuya —la interrumpí. Estrellas, lamentaba haberla obligado a cargar con aquello, incluso si era la mejor integrante de nuestro equipo para esa tarea—. Esta emboscada nos la han tendido porque escogimos la tapadera equivocada. Nada que hicieras podría haber cambiado eso.
Una nave enemiga pasó a toda velocidad por delante de mí, así que terminé de enderezar mi caza y abrí fuego.
—¿Qué hacemos? —preguntó Sadie—. ¿Huimos?
No sabía qué nos esperaba en aquella estación. No sabía qué estaba ocultando Ivy.
Pero si Ivy no era una agente de la Supremacía que estaba vaciando Infortunio de sus mejores guerreros, ¿qué hacía con la gente que se llevaba? Necesitábamos saberlo.
Tres naves empezaron a acosar a Alanik, así que volví la mía para proporcionarle cobertura mientras ella se apartaba y daba media vuelta para acribillarlas también con sus propios destructores.
Atrapado entre ella y yo, un dron enemigo recibió daños considerables en el escudo y luego perdió parte de su casco abombado y rodó fuera de control en dirección al planeta.
—No vamos a huir —dije—. La única manera de obtener respuestas es abordando esa estación.
Los varvax eran unos pilotos competentes, pero los que habíamos conocido en persona eran unos cobardes, tan temerosos de parecer agresivos que no sabían defenderse en una pelea sobre tierra.
Nosotros teníamos armas cortas, entrenamiento militar y a une de los mejores combatientes cuerpo a cuerpo de Infortunio anhelando acabar con ellos.
Quizá fuéramos inferiores en número contra esa estación espacial, pero si huíamos para escondernos, íbamos a quedarnos sin respuestas, y nuestra única otra opción sería meternos a ciegas en el portal a la ninguna-parte que había bajo el estadio.
Allí tampoco podríamos utilizar las capacidades citónicas.
Tres de nuestras cuatro naves llevaban hipermotor citónico, en la forma de Vuelta, Naga y Alanik, por lo que estábamos en condiciones de volar fuera del campo inhibidor y ocultarnos de nuevo en el planeta si había necesidad.
Seguía pensando que nos iría mejor allí.
—¿Estás seguro de esto? —me preguntó Suki.
—Sí —le dije.
No podía garantizar que Ivy no estuviera escuchando aquel canal, pero tendría que correr ese riesgo. Necesitaba dar órdenes a mi escuadrón. Desde el lugar donde estaba, se distinguía una plataforma de aterrizaje cerca del extremo de la estación con forma de tubería.
—Vamos a aterrizar en este lado, no en el otro —dije a Sadie—. Con un poco de suerte, estarán menos preparados para recibirnos aquí. Informa tú a Espíritu. Tenemos que tomar esa estación.
—¡Ya lo creo que sí! —exclamó Dayan detrás de mí, aunque aún sonaba un poco desorientade—. Voy a darles su merecido.
—Me alegro de que aún estés con nosotros —le dije.
Abrí un canal general con mi escuadrón, uno nuevo, esperando que Ivy no lograra rastrear la frecuencia de inmediato, y esperé a que se conectaran todos.
—Ángel —dije—, ayúdame a distraer a las naves enemigas mientras Centinela y Espíritu aterrizan. Centinela, Espíritu, cuando estéis dentro, intentad cubrirnos mientras vamos con vosotros. Si encontráis resistencia muy fuerte en la plataforma de aterrizaje, salid de inmediato.
—Recibido —respondió Sadie, pero a Gilaf le costó un momento imitarla.
—¿Vamos a hacerlo, entonces? —preguntó Nedd.
—Sí —dije, pensando que ya no había vuelta atrás: tendríamos que acabar lo que habíamos empezado—. Ángel, ¿probamos una cacería de ratas?
—Recibido —contestó Alanik.
Era una maniobra que habíamos aprendido de Alanik y Gilaf, una táctica muy común que utilizaban en su liga deportiva de pilotaje de naves allá en ReAlba.
Aceleré hacia el dron enemigo más cercano que había sobre la plataforma de aterrizaje hasta volar justo a su cola.
La nave ejecutó una sucesión de maniobras evasivas, intentando zafarse de mí, pero me mantuve pegado a ella con terca determinación.
—Preparado —dije a Alanik.
Mientras yo perseguía a mi objetivo, ella se había situado junto a otra nave enemiga cercana. Sin previo aviso, ejecutó un giro Imban y atacó al segundo dron desde el lateral.
El caza enemigo reaccionó a la defensiva, huyendo de ella, lo que lo envió directo hacia la nave que yo estaba hostigando.
Rodé sobre mi eje y me abalancé contra la primera nave igual que Alanik había hecho con la suya, y esa nave viró de golpe y estuvo a punto de colisionar con la presa de Alanik.
Las dos tuvieron que enderezarse para evitar el choque.
Mientras estaban desorientadas, Alanik y yo intercambiamos el papel y serpenteamos alrededor de las naves para impedir que nos apuntaran.
En la confusión, uno de los cazas giró, pivotó para encararse hacia nosotros y abrió fuego a lo loco.
Con un giro diestro, Alanik fue hacia la segunda nave, le disparó y la obligó a entrar en la trayectoria del fuego de destructor de la primera.
Antes de que ninguna de las dos naves supiera lo que pasaba, una había derribado a la otra, y entonces Alanik y yo concentramos el fuego en la que quedaba y la eliminamos.
—Bien hecho —dije a Alanik.
Pero mis sensores destellaron, informándome de que Gilaf y Sadie estaban trayendo en su estela a la mayoría de las naves enemigas restantes, y convergían todos hacia nuestra posición.
Alanik y yo tendríamos que convertirnos en sus objetivos para apartar el fuego de Sadie y Gilaf mientras aterrizaban.
—Cúbreme —dije, escorándome hacia la abertura que había al final de la estación con forma de tubo.
Mis ConGravs se activaron y los gemidos de Dayan también, pero me encaré hacia las naves enemigas que llegaban y pasé entre ellas con una rápida tijera gemela.
Las había dejado entre mi posición y la plataforma de aterrizaje, así que di media vuelta, las ataqué desde atrás e hice que rompieran la formación y se dispersaran en todas las direcciones para intentar derribarme.
Alanik las acribilló. No nos atrevíamos a usar el PMI en esa situación, ya que ninguno de nosotros podía parar el tiempo suficiente para reactivar sus escudos.
La idea no era acabar con aquellos drones, sino distraerlos y darles a Sadie y a Gilaf el tiempo suficiente para aterrizar.
—¡Anfi! —llamó Sadie—. Tenemos un problema aquí abajo.
Miré mis monitores, pero lo habíamos hecho bien manteniendo las naves apartadas de Sadie y Gilaf. Tenían una zona despejada por el final de la estación para intentar el aterrizaje.
—¿La zona de destino está bloqueada? —pregunté.
—No —dijo Gilaf—, pero sí protegida por baterías automáticas.
Tirda. Íbamos a tener que anularlas antes de poder aterrizar… y habría que hacerlo con muchísimo fuego a cola.