22. Sadie #2
—¿Alguien te ha cogido de la mano? —insistí. La otra canoa nos había sacado incluso más ventaja, así que no había forma de que los chicos nos oyeran, pero bajé la voz de todos modos—. ¿Ha sido Arturo? Habéis entrado en el coliseo los dos solos.
—Sí —dijo Alanik, claramente intentando sonar como si no importara mucho, pero entonces no estaría preguntando al respecto.
Yo no era muy experta en coger de la mano, ni en ningún otro tipo de gesto romántico. Nunca había tenido novio, siquiera. Los chicos por los que me interesaba nunca parecían sentirse atraídos por mí. Pero, aun así, era muy posible que comprendiera el significado cultural mejor que Alanik.
—Si no había nadie herido ni llorando, lo más probable es que fuese un gesto afectuoso, más que reconfortante.
—Corríamos peligro —dijo Alanik—. Era muy fácil que nos descubrieran.
—Vale —respondí—. Entonces, quizá fue también un poco tranquilizador.
—¿Tú le cogerías la mano a Arturo en una situación así? —preguntó Alanik, volviéndose para clavar la mirada en mí.
—¡Qué va! —Quizá no debería haber gritado, pero me notaba muy rotunda al respecto. Bajé la voz de nuevo—. ¡Yo no estoy interesada en Arturo!
Alanik calló un momento para meditarlo.
—Así que, en este caso, cogerse de la mano no sería un gesto reconfortante adecuado entre un jefe de escuadrón y uno de sus pilotos.
—No —confirmé—. No a menos que estén involucrados románticamente. —Ay, tirda—. ¡No estoy diciendo que vosotros lo estéis! O sea, no sé si lo estáis. —Me incliné hacia delante en mi asiento—. ¿Lo estáis?
—No lo estamos —respondió Alanik—. Pero ¿ese gesto indica interés?
Parecía estar esforzándose mucho por comprenderme.
—Sí —dije—. A no ser que haya algún factor importantísimo que se me escape, eso es lo que significa.
Alanik miró a Dayan.
—¿Tú estás de acuerdo?
—Yo no sé absolutamente nada sobre ninguna de vuestras culturas.
—Señaló hacia los restos de su tira de algas—.
Si esto es lo que coméis, lo más probable es que tengamos unas diferencias importantes.
Pero sí, si yo no estuviera llorando y alguien que no es pariente mío decidiera cogerme la mano, supondría que es muy posible que le interese.
—No me encaja —dijo Alanik—. Una vez, cuando estaba sedada en una enfermería, FM me cogió la mano. No creo que eso indicara interés.
—Cierto —asentí—. Pero estabas en el hospital. Eso es distinto.
Alanik suspiró.
—Entonces, cogerse de la mano es un gesto romántico a menos que alguien esté llorando, herido, en un hospital o guarde contigo relación genética.
Me alegré de que Alanik tuviera su alfiler intérprete para aquella conversación. Desde luego, no nos interesaba generar más malentendidos que los que ya teníamos.
—Bueno, ahí tú estabas herida y además en un hospital, ¿verdad?
—Verdad —dijo Alanik, pero seguía pareciendo confundida—. ¿Hay alguna otra excepción? Querría evitar… malentendidos culturales.
Me parecía un temor razonable. Las relaciones ya tenían bastante confusión inherente, incluso entre personas que procedían del mismo planeta.
—Quizá deberíamos preguntarle a Suki —dije—. Es ella quien nos estudia.
—Estoy interesada —respondió Suki—, pero creo que lo digo en un sentido muy distinto a nadie más de aquí.
No podía estar segura, pero me pareció que estaba tomando notas de nuevo.
—A mí me parece que la cuestión —dije— es si tú estás interesada o no en Arturo.
Esperaba que me espetase que no era asunto mío, pero lo que hizo fue mirar pensativa hacia el bosque. Tirda. ¿De verdad estaba manteniendo una conversación sobre sentimientos con Alanik?
—Me gusta su compañía —dijo—. Y me ha gustado cogerle la mano.
Sonreí.
—Entonces, él te gusta.
—Sí —dijo Alanik, aunque parecía preocupada por ello.
Seguramente estaba forzando aquella conversación más de lo que debería, pero tirda, me moría de curiosidad, así que, si Alanik seguía hablando, yo no iba a parar de preguntar.
—¿Quieres besarlo? ¿Tu pueblo se besa?
—Sí —dijo Alanik. Calló un momento—. Sí a las dos cosas. Pero no tengo claras las costumbres humanas, y preferiría no precipitarme antes de comprender las consecuencias en su totalidad.
Estrellas.
—No creo que nadie comprenda en su totalidad las consecuencias de besarse. Puede significar cosas distintas para personas distintas. En realidad, si quieres saber lo que significa para Arturo cogerse de la mano, deberías preguntárselo.
—Es buen consejo —dijo Dayan—. Pero te arriesgas a obtener una respuesta que no te guste.
No creía que fuese a pasar. Era evidente para todo el mundo que Arturo estaba interesado en Alanik. Casi parecían siameses desde que ella había entrado en nuestro escuadrón.
—¿Tú crees que debería preguntarle al respecto? —Alanik volvía a mirarme—. ¿Es vuestra costumbre?
Me encogí de hombros.
—Creo que la costumbre humana es no hablar de las relaciones ni siquiera cuando deberíamos. Pero eso de ningún modo se cumple para todo el mundo. Si estás interesada, deberías hacerlo y ver qué pasa. O supongo que también podrías disfrutarlo y esperar a ver hacia dónde va de manera natural.
—Puede que haga eso —dijo Alanik—. Lo que pasa de manera natural está gustándome mucho.
Oírlo me hizo burbujear un poco por dentro. Deseé que les saliera bien.
—Estupendo —respondí—. Creo que vosotros dos seríais adorables juntos.
Alanik volvió a clavar la mirada en mí, y me pregunté si habría dicho alguna cosa ofensiva.
—Por favor, no le cuentes que hemos hablado de esto.
—¡No, claro que no! Pacto de chicas. Prometido.
—Pacto de chicas —repitió Alanik, algo dubitativa, aunque no me pidió que se lo explicara.
—Yo no soy chica —dijo Dayan—, pero tampoco le contaré nada.
—Vale, sí —acepté—. Pacto de amistad. Mejor así.
Alanik pareció más perpleja por la idea de que pudiera haber una amistad en nuestra canoa que por el significado cultural de cogerse de la mano y, vete a saber por qué, me pareció hilarante.