Infortunio (Trilogía de la Brecha 1) 15. Sadie #3
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15. Sadie #3

—Así me gusta —respondió él, lanzando una mirada hacia Liba para comprobar que seguía barriendo y no había salido corriendo a avisar a las autoridades de que éramos invasores alienígenas—. Vale, coge un trapo y explícame qué has averiguado.

Pasamos juntos a la siguiente bancada y me puse a frotar algo naranja y pegajoso, quizá algún tipo de mermelada, mientras le contaba mi conversación con Liba.

—Si están reuniendo un ejército para luchar en las guerras humanas —dijo Arturo después—, ¿dónde van los gladiadores después de cruzar esa puerta?

Si no vuelve a verlos nadie nunca, ¿es porque los transportan fuera de la ciudad?

No hemos visto nada que sugiera que tienen tecnología de hipermotores y, en todo caso, si hubieran activado uno hoy, Alanik lo habría captado.

—No lo sé —respondí—, y Liba tampoco. Pero podríamos hablar con algún gladiador. Quizá ellos sepan más.

—Sí que parece nuestra mejor pista —asintió Arturo—.

Pero también quiero echar un vistazo detrás de esa puerta.

—Miró un momento atrás, hacia el acceso al Elíseo, todavía vigilado por el equipo de seguridad del coliseo—.

Podemos intentarlo esta noche, cuando todos los trabajadores se hayan ido a casa.

—¿Crees que…? —Callé un momento—. ¿Es posible que eso del final de todo tenga algo que ver con nuestra llegada?

—Es una coincidencia sospechosa —dijo él—. Llegamos y, al instante, Ivy nos ataca. Piensa que somos inspectores de la Supremacía. Y entonces, de pronto, llega el final de todo y tiene que enviar al Elíseo todos los gladiadores que pueda.

—Ha pasado después de que comprenda que somos humanos —afirmé—. A lo mejor, ha probado a contactar con sus superiores y se ha dado cuenta de que no somos inspectores de la Supremacía.

—Es una posibilidad —reconoció Arturo—. Podría estar reuniendo a luchadores para defenderse de nosotros.

—Qué miedo da esa idea.

Habíamos llegado allí esperando encontrar aliados, pero quizá estábamos incluso más superados en número de lo que pensábamos.

Nedd terminó el último banco de su sección y vino hacia nosotros, con el trapo echado al hombro. Cuando los demás acabaron también de trabajar, recogimos el material de limpieza y echamos a andar de vuelta hacia la oficina, donde el encargado nos dio unas monedas metálicas.

Salimos del estadio por la puerta principal y nos detuvimos en la escalinata de acceso. Arturo nos indicó que nos agrupáramos para poder hablar sin que nos oyera nadie.

—Necesitamos más información antes de poder determinar si es seguro revelarnos a estos humanos —dijo—.

Vamos a dividirnos en dos equipos. Alanik y yo esperaremos a que el personal del coliseo termine de trabajar y se marche, y entonces usaremos las ilusiones de Hoid para colarnos dentro otra vez y mirar detrás de esa puerta.

Si lo que hay es una forma de salir del planeta, con un poco de suerte podremos usarla para escapar.

Gilaf y Suki vigilarán nuestras espaldas mientras entramos.

—Me quejaría por no poder ver las profundidades del coliseo —respondió Suki desde su escondrijo en la mochila de Arturo—, pero el peligro no es precisamente mi especialidad.

Eso nos dejaba a Nedd y a mí fuera de aquello. Me dio miedo esperanzarme por lo que creía que significaba.

—Entonces, ¿quieres que Nedd y yo vayamos al pub a hablar con los gladiadores?

—Exacto —confirmó Arturo—. No sabemos muy bien cuándo será el tercer turno, pero de todas formas necesitáis tiempo para localizar el sitio.

Cuando lleguéis, preguntad a ver si alguien sabe cuándo llegarán los gladiadores.

Si coincidís con ellos, averiguad qué saben sobre el Elíseo.

Si no, enteraos de a qué hora tenéis que volver, y nos reuniremos todos aquí cuando hayamos terminado de explorar el coliseo. Pero no os…

—No nos delataremos —dije—. Lo sé.

—Iba a decir que no os arriesguéis si no hace falta —me corrigió Arturo—.

Aquí está pasando algo siniestro. Esta gente no son simples prisioneros, y no sabemos si están compinchados con Ivy, así que no podemos estar seguros de que no vayan a atacarnos en el instante en que sepan quiénes somos.

Si parece que alguien sospecha de vosotros, largaos enseguida.

No bebáis nada que tenga alcohol, ni nada que pueda haceros enfermar.

—Venga ya, hombre —replicó Nedd—. Y yo pensando que seríamos más diplomáticos si nos poníamos borrachos como cubas.

—No llevaréis ilusiones —continuó Arturo sin hacer caso a Nedd—, porque las necesitamos nosotros para entrar en el coliseo. Llevaos parte del dinero y comprad ropa. Conseguid un pañuelo para taparle el pelo a Sadie y un guante para la prótesis de Nedd. —Arturo nos miró a ambos—. ¿Podréis con esto?

Era una pregunta pertinente, ya que ninguno de los dos teníamos formación como espía. Pero, si yo tenía mucha experiencia en algo, era en hacer preguntas incómodas. Asentí.

—A mí me preocupa más que a vosotros pueda pillaros la seguridad del coliseo —dijo Nedd—. Eres consciente de que nos tocará a Sadie y a mí lanzar una misión de rescate si os capturan a vosotros cuatro, ¿verdad?

—Soy consciente —confirmó Arturo—. Esperemos que no haya que llegar a eso.