15. Sadie #2
Quise preguntarle quién era el enemigo, pero no podía sonar como si hubiera llegado al planeta escasas horas antes.
—También es un poco triste que los torneos vayan a terminarse cuando solo acabo de ver mi primero —dije—. ¿Siempre asciende alguien al final de cada combate?
—No siempre —respondió Liba—. Pero sí muchas veces. Gamon llevaba una eternidad intentándolo. Cuesta mucho tiempo acumular los puntos suficientes a base de ramas amputadas.
—¿Volverá a luchar aquí alguna vez?
Liba negó con la cabeza.
—No, ahora se ha ido al Elíseo. ¿No se hace para eso?
Supuse que era una pregunta retórica. Ya estaba acercándome a lo que era demasiado evidente para preguntarlo, así que necesitaba atacar desde un ángulo distinto. Me agaché para recoger otro montoncito de polvo barrido por Liba e intenté sonar desenfadada.
—¿Cómo crees que será el Elíseo?
—Peligroso —dijo ella.
Pues vaya. No parecía un gran honor eso de ascender a un lugar peligroso. Pero claro, también era un honor entrar como piloto en la FDD, aunque nuestra esperanza de vida no fuera muy alta, y aquella misión servía como nuevo recordatorio de por qué.
—¿Crees que Gamon estará bien allí?
—Vete a saber —dijo ella—. Luchará para proteger a la humanidad, que es un objetivo noble, pero suena mucho más mortífero que entrenar contra vástagos.
Por tanto, no luchaban contra vástagos en su guerra. Por fin llegaba la apertura que había estado buscando.
—¿Contra qué crees que se enfrentará Gamon ahí fuera?
Liba me miró raro.
—¿A qué te refieres?
Tirda. Creía que le había planteado la pregunta con cautela, pero al parecer no era así. De todos modos, no quería dejar de presionar todavía. Aunque Liba sospechara de mí, había un mundo entre eso y suponer que debía de ser una visitante del espacio exterior.
—No estarán luchando contra vástagos, ¿verdad? —dije—. ¿Crees que será muy distinto enfrentarse a otros enemigos?
Liba se encogió de hombros.
—Supongo que sí, ya que Gamon tendrá que luchar contra todo el mundo.
Eso no era… demasiado informativo.
—¿Todo el mundo?
—Sí, claro —dijo ella—. Hay un universo entero lleno de alienígenas ahí fuera, ¿verdad? Y todos quieren matarnos. Cuando nuestros luchadores ya son lo bastante buenos, ascienden al Elíseo y se unen a la guerra por la humanidad. Dura desde siempre, pero dicen que por fin estamos ganándola.
—Espero que sí —respondí—. Da miedo pensarlo.
Un universo entero lleno de alienígenas que querían matarnos. Aquello no sonaba a retórica de la Supremacía, sino más bien a propaganda de las guerras humanas, cuando el imperio en expansión constante de nuestros antepasados los llevó a entrar en conflicto con otras especies alienígenas.
¿Aquella gente creía que las guerras humanas aún estaban librándose?
En ese caso, nuestra hipótesis sobre Ivy llevándose a sus mejores luchadores como guardaespaldas en la Supremacía debía de ser errónea.
Un guardaespaldas que llevaba toda la vida entrenando con el objetivo de destruir a los alienígenas no iba a servirles de mucho.
Pero eso significaba que seguíamos sin tener ni idea de adónde se llevaban en realidad a la gente de Infortunio. Allí fuera no había ninguna guerra en la que luchar, y desde luego no habíamos encontrado ninguna armada de humanos dispuesta a ayudarnos, cuando habíamos derrotado a la Supremacía.
—¿Qué van a hacer unos luchadores entrenados contra vástagos cuando luchen contra alienígenas? —pregunté—. ¿No sería mejor entrenarlos como pilotos?
Liba levantó los hombros de nuevo.
—En una guerra tan enorme hace falta todo tipo de combatientes.
Justo por eso hay un montón de puestos de avanzada humana, cada uno especializado en una clase de lucha distinta.
Aquí entrenamos a luchadores cuerpo a cuerpo, pero hay otros planetas que entrenan a pilotos, artillería, marina, infantería.
Todo lo que necesitamos para protegernos de los monstruos de ahí fuera.
Estrellas, ¿de veras había puestos de humanos por toda la galaxia? Parecía imposible, y seguía sin responder a la pregunta de dónde se llevaban a todos aquellos combatientes.
—¿Has conocido alguna vez a alguien de otro puesto de avanzada? —pregunté.
Liba me miró como si estuviera loca.
—Pues claro que no. Pero cuando nuestros participantes llegan al Elíseo, se juntan todos para protegernos.
Aquello sonaba mucho a cuento que les contaban a aquellos humanos para mantenerlos enviando luchadores al Elíseo, fuera lo que fuera en realidad.
Y, si Ivy estaba involucrada, lo más probable era que fuese una treta de la Supremacía para explotarlos, cuyos engranajes aún giraban aunque el resto de la maquinaria hubiese desaparecido.
Tenía preguntas. Un montonazo de preguntas. Pero me arriesgaba a sonar demasiado perdida si continuaba presionando, y ya estaba haciendo que Liba sospechase de mí. Necesitaba buscar a otra persona a la que preguntarle, alguien que supiera un poco más.
—Cómo me gustaría hablar con algún gladiador —dije— y saber más sobre lo que hacen. Pero había mucha aglomeración de gente después del combate, así que no he podido.
—Ya —respondió Liba—. Siempre pasa igual.
Una vez le di la mano a Malia, pero es lo más cerca que he estado.
Dicen que muchos van al Tejón Furioso en el tercer turno.
Es un pub que hay en el distrito del grano.
Se presentan allí sobre todo porque la gente los invita a comer y beber, pero es buen momento para hacerles preguntas o que te firmen réplicas de armas o lo que sea.
—Suena genial —dije.
—Y supongo que lo es. Yo nunca he estado. Mi madre no me deja ir.
Sonó un silbato por la parte de arriba del coliseo y Liba se sobresaltó.
—Mejor sigamos trabajando —propuso—. Si creen que estamos haciendo el vago, nos echarán.
—Gracias por el dato —dije mientras Liba se marchaba correteando a otra sección con su escoba.
Recogí dos montoncitos de polvo acumulados por Alanik y Gilaf antes de poder pasar otra vez junto a Arturo sin levantar sospechas.
—Tengo información —le dije.