4. Sadie #3
—¿Y esto será útil? —preguntó Alanik desde su silla de madera.
Lo había dicho en inglés, aunque aún llevaba su alfiler intérprete. Había estado esforzándose en aprender nuestro idioma, y yo quería aprender el suyo también, pero no estaba nada convencida de ir a ser capaz de que mis palabras sonaran tan elegantes y fluidas como las suyas.
—Buena pregunta —dijo Katri—. ¿Para qué íbamos a querer cambiar nuestro aspecto al presentarnos a esos humanos?
—No sabemos lo que encontraréis al otro lado de ese campo inhibidor —respondió FM—. Quita la ilusión —añadió, y volvió a convertirse en ella misma.
Ya había leído sobre aquella extraña perturbación que rodeaba el planeta, cuando por fin recibí el informe de la misión. Sonaba estrambótico y nada corriente, que venían a ser las especialidades de nuestro equipo. FM siguió hablando.
—Hoid puede hacer cosas como colorear la parte inferior de vuestros cazas para igualarla con el cielo y así camuflaros si os buscan desde la superficie.
Con eso, las naves exploradoras podrán volar más cerca del planeta sin que las detecten y obtener mejor información antes de que establezcáis contacto.
—¡Establezcáis contacto! —repitió Hoid, atusándose los pinchos, tremendamente complacido de ser el centro de atención.
Me pregunté cuánto de aquella conversación estaban comprendiendo las babosas. Parecían captar nuestras emociones. Deseé tener ese mismo poder. Me vendría de maravilla percibir citónicamente cuándo irritaba a la gente, en vez de tener que adivinarlo.
—Vale —dijo Arturo, mirando los pinchos multicolores de Hoid—. ¿Estás diciéndome que ese taynix puede adoptar el aspecto que quiera y elige tener ese?
—En realidad —respondió FM—, creemos que los colores son una ilusión. Desaparecen si la babosa entra en un campo inhibidor.
—Pues eso —dije yo— hace que Hoid sea mi nuevo compañero de escuadrón favorito. Lo siento, Gilaf.
—Me parece razonable —asintió Gilaf—. ¿Quién va a competir con eso?
—¿Una sola babosa podrá camuflar todas nuestras naves? —preguntó Arturo.
—Solo unas pocas a la vez —dijo FM—. La superficie que puede afectar una babosa está limitada, y se reduce según lo compleja que sea la ilusión.
Una babosa puede camuflar tres o cuatro naves en un cielo despejado, o a unas pocas personas y su ropa, además del color de sus babosas.
Para hacer más que eso, necesitaríais un equipo de babosas ilusorias.
No tenemos motivos para creer que vaya a haceros falta en esta misión concreta.
Esto es solo un poquito de lustre para ayudaros a observar el planeta antes de que Dasha, Katri y Suki decidan cuál es la mejor manera de darse a conocer a la población.
—Qué maravilla —dije—. ¿Y la babosa puede ponerle a todo el mundo el pelo azul, a juego con el mío?
—¡Sí que puede! —exclamó FM—. Lo más fácil es que una persona citónica le transmita las instrucciones, porque pueden comunicarse mentalmente con el taynix para dejarle clara la intención.
—Entonces Alanik debería poder crear el holograma, ¿verdad? —preguntó Gilaf—. Se supone que tiene todos los poderes citónicos.
Alanik clavó la mirada en su hermano y el aire de delante de ella titiló un poquito.
—Esto es todo lo que sé hacer hasta el momento —dijo—. Aún estoy aprendiendo.
—¿Hoid le pide permiso a una comubabosa antes de crear sus pinchos arcoíris? —preguntó Katri—. Se pasará el día pidiéndolo, ¿no?
Era buena pregunta. Había leído algo sobre las nuevas normas de hipersalto en el informe de misión, pero no tenía ni idea de cómo se aplicaban a las ilusiones.
—No —respondió FM—. Lo único que enfada a los zapadores son los hipersaltos.
Que crucemos físicamente sus dominios tiene algo que los irrita un montón, así que estamos intentando respetar su espacio.
Pero otros poderes, como las cuchillas mentales o las oleadas conmocionadoras, no parecen irritarlos.
A lo mejor es porque estamos sacando fragmentos de su mundo, en vez de meter cosas.
—Tiene sentido —dije—. Es como si tu casa estuviera en el centro del barrio y todos tus vecinos te pisotearan la sala de estar en vez de rodearla. Sería bastante molesto.
FM me miró y parpadeó.
—Pues… no se me había ocurrido verlo así.
—No sé vosotros —dijo Nedd—, pero yo voy a comerme otro trozo de pizza.
—Estoy de acuerdo —asintió Gilaf.
—Os dejo para que os relajéis —se despidió FM, y echó a andar hacia la puerta—. Pero… —Se mordió el labio—. Volved enteros.
—Siempre volvemos enteros.
FM bajó la mirada a su prótesis, pero Nedd hizo como si no se hubiera dado cuenta.
—¡Vamos a hipersaltar a la otra punta de la galaxia! —exclamé—. ¿Qué puede salir mal?
—Sadie —dijo Arturo—, no vuelvas a decir nunca esa frase.
Vale, sí. Estaba claro que había mucho que podía salir mal. Estábamos haciendo cosas que casi nadie más en todo el universo tenía la oportunidad de hacer.
Pero al menos era improbable que nos dispararan en una misión diplomática. Era la clase de cosa que, con el tiempo, la gente empezaba a tomarse como algo personal.