Infortunio (Trilogía de la Brecha 1) 2. Arturo #2
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2. Arturo #2

—En parte, sí. La información que pudimos robar indica que había un pequeño destacamento de seguridad de la Supremacía vigilando el planeta.

Pero, incluso si esa fuerza sigue allí, oculta dentro de la perturbación de la ninguna-parte, llevarán un siglo sin entrar en combate.

Deberíais poder ocuparos rápido de cualquier resistencia que haya y luego aterrizar cerca de la ciudad.

Dejad que los exploradores cartografíen el planeta y que las diplomáticas establezcan contacto con la ciudad.

Quiero que tu equipo investigue la perturbación de la ninguna-parte, a ver qué averiguáis sobre lo que la generó.

Te aconsejo llevarte a Alanik. Como citónica, quizá sea capaz de percibir cosas en la perturbación que a los demás se os escapen.

Yo nunca me oponía a llevar a Alanik conmigo, y no solo porque era una piloto alucinante. Pasaría todo el tiempo con ella si pudiera.

—¿No quieres que me lleve al escuadrón entero?

—No creo que vayas a necesitar tantos cazas —respondió Jorgen—.

No tengo intención de enviar a nuestro equipo diplomático sin tomar precauciones, pero tampoco nos interesa desplegar una fuerza de asalto completa en nuestro primer encuentro con una población que no tiene cazas estelares.

Quiero que vayáis Alanik, tú y otros dos pilotos.

—Me gustaría llevar a Nedd —dije.

Jorgen arqueó una ceja. No sabía si Nedd le había contado ya a Jorgen que pretendía quedarse en el escuadrón. No quería ser yo quien rechazara la oferta de trabajo del almirante en nombre de Nedd, pero tampoco quería dejarlo atrás.

—Como copiloto —aclaré—. Ha estado volando con Gilaf, así que me lo llevaré a él también.

Mientras Nedd fuese mi segundo al mando, no podíamos volar en la misma nave. Tenía que estar disponible para dar las órdenes si a mí me derribaban.

—Quiero que lleves cuatro naves —dijo Jorgen—, para poder dividirlas en parejas de compañeros de ala si hace falta. Si Nedd vuela con Gilaf, te recomiendo que Sadie sea tu cuarta piloto.

Contuve el impulso de gemir. Sadie Chay era la piloto más joven de mi equipo y la más inexperta.

—Con el debido respeto —dije—, si tenemos que proteger a las diplomáticas en silencio y dejar que sean ellas quienes hablen, preferiría llevar a alguien…

—¿Más discreto? —sugirió Jorgen.

—A alguien que sepa cuándo ha de tener la boca cerrada. Podría llevarme a Tenderete o a Gatero.

Eran los miembros con más edad y experiencia del escuadrón, al haberse graduado del entrenamiento para cadetes unos pocos años antes que el resto del equipo.

—Tú decides —respondió Jorgen—, pero yo creo que deberías llevar a Sadie. Está infrautilizada, y a lo mejor te sorprende.

Por convención, las tareas específicas para los miembros de mi equipo quedaban a mi discreción. Jorgen no me obligaría a elegir a nadie, pero tampoco iba a hacer caso omiso a una sugerencia del comandante en jefe de todo nuestro ejército.

—Me lo pensaré —dije.

—Bien. —Jorgen cogió unas hojas impresas y frunció el ceño al ver el mordisco que les había dado Babosa Explosiva—. ¿En serio? —dijo en voz baja al taynix.

—Pum —respondió Babosa Explosiva.

Jorgen me pasó lo que quedaba de los papeles.

—Aquí está toda la información robada que tenemos. La gente de Infortunio tiene distintos idiomas, entre ellos el inglés. No deberías tener que hablar mucho, pero podrás comunicarte en la medida en que lo necesites para proteger al equipo diplomático.

—¿Sabemos por qué lo llaman Infortunio? —pregunté—. Suena muy siniestro.

—Siniestro —coincidió Babosa Explosiva.

—Sí —dijo Jorgen, moviendo la mano hacia el holoproyector para ampliar un sector de la superficie—.

Buena parte del planeta está infestada por una especie arbórea invasora.

—El holograma destacó la posición de la ciudad humana en el extremo norte de un gran continente y, en efecto, comprobé que buena parte de su extensión estaba cubierta de un bosque inmenso cruzado por un río—.

Las esporas originales las llevó un grupo de humanos que viajaban de planeta en planeta antes de la Segunda Guerra Humana, buscando recursos explotables.

Por lo visto, los nutrientes de la tierra y la atmósfera eran los ideales para la proliferación de ese árbol, que destruyó el ecosistema existente.

—Estupendo —dije.

Más partes de la galaxia destrozadas por humanos invasores.

Era por lo que se habían librado todas las guerras humanas, por el deseo de nuestros antepasados de conquistar la galaxia, y por los esfuerzos interplanetarios de los alienígenas para impedírselo.

A veces me sentía como si fuésemos adolescentes saliendo de casa por primera vez, solo para descubrir que nuestros bisabuelos se habían dedicado a robar y asesinar por toda la galaxia, mancillando nuestro apellido.

No justificaba la opresión de la Supremacía, pero sí que la hacía más fácil de entender.

—También quería hablarte de los hipersaltos —dijo Jorgen—. La normativa nueva cambia un poco respecto a lo que conoces, y también te modificará un poco la estructura de mando.

—Ya no podemos hipersaltar sin pedir permiso antes —dije—, para no cabrear a los zapadores.