Capítulo 35
Tyler
El silencio en el coche fue horriblemente incómodo.
Knox y Yelina, desde que nos montamos y él le preguntó si estaba bien —pregunta estúpida, porque estaba claro que no lo estaba—, no habían vuelto a abrir la boca y yo tampoco me atreví.
No dejé de observarles desde el asiento de atrás durante todo el trayecto desde mi casa hasta la de Cassian.
Knox estaba tenso, mucho, más incluso de lo que le había visto el día anterior cuando Sullivan, como el gilipollas que era, se puso a discutir con Rachel de cosas sin sentido, queriéndonos vender una verdad que no había quien se creyera.
Ahí vi claramente que, si no hubiera sido por Yelina, Knox se habría tirado encima de Sullivan para ponerle en su sitio y, ya de paso, partirle la cara.
Y Yelina…
Ay… mi pequeña.
Ella iba en el asiento del copiloto, mirando por la ventanilla, con la vista perdida en el paisaje sin ver nada.
Estaba triste, eso ya lo había visto en sus ojos nada más entrar en el salón de mi casa y verla allí. Pero además de tristeza había otras cosas.
Había decepción, dolor y algo parecido a la derrota.
¿Pero derrota, por qué?
El dolor ya se lo había visto en los ojos, además de la sorpresa, el día anterior, cuando dije que había quedado con Stella. Lo que no llegaba a entender era por qué habría de dolerle a ella que me fuera con nadie si no sentía nada por mí.
Eso me lo dejó clarísimo nada más entrar en el jardín, y no solo dejarse besar por Cassian, sino encima devolviéndole el beso.
Y para acabar de pisotearme el corazón, ese que tenía destrozado en esos momentos, cuando se marchó con él a la habitación, dejándonos a todos bien claro lo que iba a pasar allí.
Me sentí tan mal cuando los vi besarse que dije lo primero que se me vino a la cabeza para poner una excusa y largarme. Y eso fue decir que me iba con Stella.
Y sí, me había ido.
O, más bien, la llamé cuando llegué a casa y ella en menos de media hora estaba allí, como siempre que la llamaba.
Era verdad que llevábamos meses viéndonos; en eso Cassian no había mentido, pero los dos sabíamos que nunca llegaríamos a tener una relación más allá de una amistad y de acostarnos cuando nos apetecía.
Ella estaba enamorada de su jefe, un capullo que la tenía harta con sus idas y venidas, y yo, aunque no sabía quién era, también tenía claro que mi corazón tenía dueña.
Así que, cuando nos veíamos, pasábamos un buen rato y, al terminar, cada uno para su casa y tan amigos.
Como he dicho, vino a mi casa en cuanto la llamé y sí, la besé en cuanto entró, como hacía siempre, pero nada más poner mis labios en los suyos, no pude tenerlos ahí ni dos segundos.
La razón era bien sencilla: no eran los labios que yo quería volver a besar. Esos que ahora que los había probado quería, aunque sabía que no iba a pasar, volver a besar el resto de mi vida.
Así que de ahí no pasamos. No pude hacer nada con ella.
Stella, además de compartir cama conmigo, era una buena amiga y, al verme tan raro, me preguntó qué me pasaba. Durante toda la tarde me sinceré con ella y le conté todo lo que había pasado y cómo me sentía.
Como se hizo tarde, se quedó a dormir conmigo, pero solo a dormir, por eso Yelina se la había encontrado allí.
El día anterior, como ya le había contado todo, también le dije quién era la mujer que me robaba el sueño, así que cuando Yelina dijo su nombre, vi por el rabillo del ojo cómo Stella sonreía.
Sonrisa que no entendí.
Me estaría volviendo tonto, porque de verdad que últimamente cada vez entendía menos lo que pasaba y las reacciones de la gente, pensé.
Stella había disimulado bien delante de Yelina que sabía perfectamente quién era ella para mí y cuando me acerqué antes de irnos le dije, casi contra su boca para que mi pequeña no nos oyera, gracias.
El silencio solo se rompió cuando los tres entramos en casa de Cassian y saludamos a Jenny, que como siempre fue la que nos abrió la puerta.
Salimos al jardín, donde estaban todos los demás, como ella nos había indicado.
Cassian, en cuanto entramos, se levantó de la silla en la que estaba sentado y fue como una bala, como había hecho el día anterior, a por Yelina, pero todos nos quedamos helados cuando ella lo frenó con firmeza, poniendo las manos en su pecho.
—No me toques y siéntate —le dijo con voz autoritaria.
—Linny, ¿qué ocurre? —preguntó Cassian, confundido por su reacción.
—Ahora sabrás tú y todos lo que me ocurre.
—¿Qué está pasando? —le susurré a Knox, que seguía a mi lado, al lado de la puerta, mientras Yelina había avanzado hasta donde estaban los demás.
—Que ahora vas a saber hasta dónde has metido la pata, chaval.
—¿Yo qué?
—La quieres, ¿verdad? Y no me lo niegues, porque lo he visto en tus ojos todo el camino en el coche.
A esas alturas ya qué más daba decir que sí o que no. Así que no se lo negué.
—La quiero desde siempre.
—Eso pensé desde el día que llegamos, pero ayer dudé. Lo de irte con otra después de haber pasado la tarde y la noche juntos ha sido una cagada muy grande. Y por cómo ha bajado de tu casa, supongo que se la ha encontrado allí.
Asentí con la cabeza confirmándoselo y Knox negó disgustado.
—Ella y Cassian…
No me dejó continuar.
—Estate muy atento a lo que va a pasar ahora. Ahí vas a ver por qué te pidió que confiaras en ella. Si lo hubieras hecho, no la habrías perdido.
—No la he perdido porque nunca la he tenido.
—Eso ya me lo contarás luego cuando quieras arrancarte todos los pelos de la cabeza.
No pude preguntarle más.
—Knox, Tyler, por favor, venid.
Los dos nos acercamos. Yo me senté al lado de Rachel, pero Knox se quedó al lado de Yelina, que era la única que estaba de pie.
—Vale, ¿empezamos?
—¿Qué cojones tenemos que empezar? —le preguntó Cassian enfadado.
Yelina soltó una risa seca.
—Pues a contar la verdad.
—¿Qué verdad? ¿De qué hablas?
—Escuchad todos con atención, porque os voy a contar la historia de tres cabrones egoístas.
Dicho eso, empezó a hablar y no nos dejó ni hablar, ni preguntar nada, ni intervenir casi hasta el final.
Nos contó cómo habían sospechado desde el primer momento que Jake había desaparecido por voluntad propia. Cómo, tirando del hilo, habían descubierto que todos menos yo estaban en la puta ruina.
Y cómo, investigando un poco más, habían llegado a la conclusión de que entre los tres planearon lo de que Jake desapareciera para ganar atención de la prensa y de los fans.
Al hacer tanto ruido y estar a todas horas en los noticieros y en todas las redes, las ventas habían subido y habían conseguido su propósito: ganar dinero y recuperarse un poco.
A medida que hablaba se me fue poniendo un nudo en la garganta y un mal cuerpo impresionante.
Pero cuando llegó a la parte en la que descubrieron que se estaban comunicando con un teléfono que Cassian había comprado y que, después de pensarlo mucho, llegaron a la conclusión de que él lo escondía en su habitación, fue peor.
Por eso subió. Para buscar el móvil.
Joder, saber que se había acostado con él para encontrar ese teléfono me sentó fatal.
—No lo hizo —me susurró Rachel.
—¿Qué?
—No se acostó con él.
—¿Cómo lo sabes?
—No lo sé, pero por cómo te miró ayer me lo imagino.
Solo pasó un segundo antes de saber que lo que acababa de decirme Rachel era verdad.
—¡¿Subiste a follar conmigo para robarme el móvil?!
—Subí, claro que subí para buscar el móvil. Pero no me acosté contigo, no lo haría ni por todo el oro del mundo.
Cassian se quedó pensando unos segundos.
—¡Me golpeaste! ¡Me dejaste inconsciente nada más entrar! ¡Hija de puta! ¿Cómo pudiste engañarme así?
Yelina se echó a reír sin humor.
—Aprendí a mentir del mejor; deberías estar orgulloso por haber sido tan buen maestro.
Al saber la verdad, quise morirme. Quise arrancarme todos los pelos de la cabeza, justo como Knox me había dicho minutos antes.
Le miré y, sin palabras, me soltó eso tan famoso de «te lo dije».
Dios mío, ¿qué cojones había hecho?
Por eso Yelina me pidió que confiara en ella y que no me creyera lo que viera u oyera. Porque había tenido que hacer creer a Cassian que entre ellos había algo para poder desenmascararle.
—¿Entonces sabéis dónde está Jake? —preguntó Rachel muy enfadada.
Y no era para menos. Estaba tan enfadada con ellos como lo estaba yo, porque había que ser cabrones para liar todo lo que habían hecho por el puto dinero.
—Jake está detenido desde anoche —dijo Knox, dejándonos a todos helados.
—¿Detenido por qué? No podéis acusarnos de nada —dijo Cassian levantándose de la silla para encararse con Yelina.
Los siguientes minutos pasaron sin que apenas nos enteráramos de nada.
Cassian terminó en el suelo, engrilletado.
Sullivan fue el siguiente.
Y cuando ya estaban los dos así, vinieron compañeros de Knox y Yelina y se los llevaron.
Y yo me quedé tan en shock por todo que no supe reaccionar.