Informe final: Estoy enamorada Capítulo 34
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Capítulo 34

A primera hora de la mañana mandé un mensaje a Rachel para preguntarle si estaban allí todos.

Me dijo que Tyler no había vuelto desde que se marchó el día anterior.

Le pedí, por favor, que lo llamara y le dijera que fuera a la casa porque iríamos a hablar con todos en un rato.

Me escribió cinco minutos después.

Su respuesta fue que estaba ocupado con algo todavía en su casa, que tardaría bastante más en llegar y que no pensara que iba a tener que estar a mi disposición cuando a mí me diera la gana, que él tenía una vida.

Eso me cabreó y me dolió a partes iguales.

—¿Estás segura de esto?

—Sí. Si él no va, yo lo traeré. Quiero que estén todos allí cuando les contemos la verdad y no voy a esperar a que al señorito le dé la gana aparecer. Si está con esa mujer, pues que deje los polvos para más tarde.

—Yelina…

—Tiene toda la vida para estar con ella, cuando y donde quiera. Yo necesito acabar con esto ya para poder largarnos a casa.

—¿Quieres que suba contigo?

—No, lo haré sola.

Knox asintió, pero me miró preocupado.

No dije más. Salí del coche y entré en el portal, que por suerte tenía la puerta abierta en ese momento. Subí por las escaleras los tres pisos hasta la casa de Tyler.

Llamé al timbre y se me retorció el corazón cuando una mujer guapísima me abrió la puerta con una camiseta de él como única prenda.

Había tenido, hasta ese momento, la esperanza de que lo de esa mujer lo hubiera dicho tan solo para hacerme daño al verme besarme con Cassian, pero estaba claro que una vez más me había equivocado.

—Buenos días. ¿Puedes decirle a Tyler que salga, por favor?

—¿Y tú quién eres?

—Eso no es importante. Avísale, por favor.

—Está en la ducha.

—Bien, entonces le esperaré dentro a que termine.

—No puedes pasar sin que él te dé su permiso —dijo poniéndose un poco chula.

Pues para chulerías no tenía yo el cuerpo y para discutir con niñas guapas tampoco, así que tiré de placa.

—Con esta no necesito el permiso de nadie. Así que déjame entrar.

Se apartó y entré hasta el salón con ella detrás de mí.

Mientras me vigilaba como un halcón, se puso a recoger la mesa en la que claramente se veían los restos de que habían estado desayunando.

—Stella, ya puedes entrar a ducharte, yo voy a…

Tyler había venido hablando por el pasillo, pero se quedó sin terminar lo que iba a decir cuando entró en el salón y me vio allí.

—¿Qué haces tú aquí? —me preguntó de malas maneras.

—Venir a buscarte. Necesito que vayas ahora a casa de Cassian.

—Estoy ocupado —dijo mirando a Stella.

—Ya lo veo, pero esto es importante.

—Para mí esto también —me contestó señalándola con la cabeza.

—Mira, Tyler, no quiero discutir, ¿vale?

—Pues no lo hagas. Vete y luego nos veremos allí.

—Eso no va a poder ser. Vas a venir ahora y, si hace falta, no te lo pediré como Yelina, sino como agente federal.

—Ahora vas a venir a restregarme tu placa —dijo cabreado.

Suspiré.

—No. No te voy a restregar nada. Solo quiero terminar lo que vine a hacer. Estoy agotada. No he dormido, apenas he comido nada desde ayer. Así que te lo pido, por favor, por última vez, acompáñame.

No sé qué vio en mi cara, pero su gesto de enfado cambió a preocupación en décimas de segundo.

—¿Has dicho terminar?

Asentí.

—Sí. En un par de horas, como mucho, todo habrá terminado. Tú podrás volver aquí y seguir con lo que sea… y yo podré irme a mi casa.

—¿Te vas? —preguntó sorprendido.

—Sí. Como te he dicho, todo terminará en un rato. Y no tengo ningún motivo para quedarme.

—¿Ninguno?

Le retiré la mirada.

—Pensé que sí podría haber uno, pero me equivoqué. Supongo que pensé cosas que no eran ciertas.

Frunció el ceño sin entenderme.

—¿Nos vamos, por favor? Knox nos está esperando abajo.

Miró a Stella, que estaba apoyada en el marco de la puerta, mirándonos sin perderse detalle de nuestra conversación.

—Tengo que ir a casa de Cassian ahora. Al parecer es importante. Volveré en un rato.

—Ve tranquilo, yo te espero aquí —le dijo acercándose hasta donde estábamos.

Tyler asintió sonriendo.

—Por cierto, soy Stella. He oído que has dicho que eres Yelina. ¿La mujer de Cassian, no? —me dijo extendiendo la mano para saludarme.

Vaya, pues sí que se conocían bien para saber hasta quién era yo, porque Tyler no le contaría nada de su entorno a una amiga que no fuera muy amiga o algo más, y en quien no confiara mucho, porque para eso era muy reservado, o al menos siempre lo había sido, pensé.

—Encantada, Stella. Sí, soy Yelina, la mujer de Cassian… al menos hasta hoy.

Al oírme decir eso, Tyler se giró con rapidez y me miró confundido. Volví a retirarle la mirada.

—Si vas a tardar, avísame y me iré a mi casa.

—Tranquila, no tardará. Podréis comer juntos, si era lo que teníais pensado —la aseguré.

—Esos eran los planes, sí.

—Pues se cumplirán. Solo tiene que estar presente en la conversación que vamos a tener. Así que en un rato lo tendrás aquí de nuevo.

—Genial, así podremos seguir planeando el viaje que vamos a hacer.

—Me alegro de que os vayáis juntos de vacaciones. Es bueno desconectar de vez en cuando —dije sonriendo.

Sonrisa que no llegó a mis ojos.

¿Pero qué otra cosa podía hacer? ¿Echarme a llorar ahí como una tonta? Pues no. Me tuve que tragar lo mal que me estaba sintiendo al escuchar cómo hacían planes como una pareja y sonreír para que vieran que me alegraba por ellos.

—¿Estás listo?

Tyler asintió.

—Sí, vámonos ya.

Stella se acercó a Tyler y, cuando vi la intención que tenía de besarle para despedirse, me giré rápido y caminé hacia la puerta para no verlo. Pero el puto espejo que tenía en la pared me devolvió la imagen que había querido evitar.

No fue un beso pasional, solo un roce de labios, pero lo suficiente para acabar de romperme.

Salí al rellano y Tyler detrás de mí.

Bajamos las escaleras en silencio. Uno que él rompió cuando llegamos al portal.

—¿Qué has querido decir con lo de que eres la mujer de Cassian al menos hasta hoy?

—Ni más ni menos que lo que he dicho.

—No entiendo nada.

—Tranquilo, en un rato lo entenderás.

—Tengo la sensación de que aquí está pasando algo raro.

—Aquí han pasado muchas cosas. Cosas que te van a sorprender.

—Algunas ya me quedaron claras ayer. Otras, no tanto.

—A todos nos quedaron claras muchas cosas ayer y hoy a vosotros os quedarán las que faltan. Yo ya las tengo claras todas.

—No entiendo cómo has podido volver con él después de todo, Yelina —dijo mirándome entre cabreado y con un poco de asco.

—¿Recuerdas lo que te pedí?

—Sí. Dijiste que confiara en ti. Que no me fiara de lo que viera u oyera.

—A la vista está que no lo has hecho. Por eso te vas a sorprender mucho en un rato.

—Yelina… —dijo cogiéndome del brazo.

No pude dejarme tocar. No después de saber que había estado tocando a otra mujer. No pude soportarlo, así que me retiré, quizá con más brusquedad de la que pretendía.

Se sorprendió mucho por mi gesto.

—Lo siento. Pero no quiero que me toques.

—Pues no decías eso antes de ayer.

No contesté. ¿Qué quería que le dijera?

Agarré el pomo de la puerta del portal para abrirla.

—¿No piensas decir nada? ¿Te da igual lo que pasó? ¿Tan fría eres? Sí, tienes que serlo para acostarte conmigo y, ni pasadas unas horas, hacerlo con Cassian. Pensé que eras distinta, pensé que… —me soltó muy enfadado, dejándose la frase sin terminar.

No pude aguantar más. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero para que no las viera bajé la mirada.

—Tenía pensado decir muchas cosas. Cosas que llevo dentro desde hace muchos años, pero supongo que seguirán quedándose ahí, porque a ti sí que te dará igual saberlas o no. No cambiarían nada. Y creo que, si hay alguien aquí que es frío, desde luego no soy yo.

Me miró sin comprender.

Pues tranquilo, que lo entenderás en un rato, aunque no te importe ni cambie nada, quise decirle.

—Yelina…

—Déjalo, Tyler. Vamos a terminar con esto. Tú podrás volver con tu chica y yo volveré a desaparecer. Es lo mejor.

—¿Lo mejor para quién? ¿Vas a volver a dejar a Cassian? ¿Te vas a largar otra vez sin decir ni adiós?

—Lo mejor para todos. Pero tranquilo, esta vez sí te diré adiós. Uno que sí será para siempre.

No pude seguir hablando o me derrumbaría, así que salí rápido del portal y, sin esperarle, me monté en el coche de Knox, que nada más verme la cara ya supo que algo había pasado.

Antes de hablar, Tyler se montó en la parte de atrás sin decir ni una sola palabra.

—¿Estás bien?

—Vámonos. Necesito que esto acabe y que nos vayamos a casa.

El camino se me hizo eterno.

Y no porque hubiera mucha distancia. No, no fue por eso. Fue por el silencio incómodo que nos acompañó todo el tiempo.

Ninguno de los tres dijo nada.

Nos bajamos del coche de la misma manera y también entramos en la casa de igual forma, rompiendo ese silencio solo para saludar a Jenny, que como siempre fue la que nos abrió la puerta.