Capítulo 31
—Esperaba que aparecieras ayer, te estuve esperando todo el día, Linny.
Cassian no me había soltado cuando terminó de besarme, sino todo lo contrario: me tenía bien agarrada de la cintura.
—Estuvimos todo el día trabajando.
Tyler soltó una risa seca y supe que ahí iban a empezar los problemas, porque no pensaba callarse.
Nunca lo hizo en el pasado y, por lo que parecía, tampoco iba a hacerlo en ese momento. No era un hombre que se tragara las cosas. Vamos, que era de los que no tenían pelos en la lengua.
Eso sí, estaba segura de que no contaría allí que habíamos estado juntos el día anterior, ni mucho menos lo que habíamos estado haciendo. Pero que iba a tirar varias chinitas, de eso sí estaba segurísima.
—Sí, se te ve cara de agotada. Seguro que no has dormido mucho —dijo con sorna.
—He dormido lo justo.
—¿Y qué tal el trabajo? ¿Conseguiste lo que querías? —preguntó con ironía, aunque de eso solo Knox y yo nos dimos cuenta, porque éramos los únicos que sabíamos qué había estado haciendo yo el día anterior y con quién.
Tuve que morderme la lengua y no contestarle.
No era el momento ni el lugar para hacerlo y, sabiendo el daño que le había hecho dejándome besar por Cassian, que se reflejaba en su cara después del maravilloso día que habíamos pasado juntos, menos todavía.
Iba a decir algo con lo que salir del paso, pero no tuve ocasión.
Mi medio desastre, Knox, salió en mi ayuda como el buen amigo que era y desvió la atención al hablar él.
—De hecho, estamos muy lejos de conseguir lo que queremos, por eso hoy tenemos más preguntas. Así que, cuanto antes empecemos, mejor.
—Pues no sé qué más nos vais a preguntar, ya os hemos contestado y dicho todo lo que sabemos —dijo Sullivan de mala leche.
—Te aseguro que, si quisiera, tengo tantas preguntas que podemos estar aquí hasta que se nos haga de noche. Pero no creo que sea necesario. Espero que con un par de horas sean suficientes.
—Pues empezad ya, yo tengo que irme en un rato, he quedado —dijo Tyler.
—¿Has quedado? ¿Con quién? —le preguntó Rachel.
—He quedado con Stella para comer.
—Esa chica es estupenda y hacéis muy buena pareja. A ver si hacéis lo vuestro oficial de una vez —le dijo Sarah sonriendo.
—De momento solo somos amigos, pero todo se andará.
—No digas chorradas. Llevas meses viéndote con ella y tirándotela. Eso no se hace con una amiga, es tu novia; otra cosa es que no lo hayáis hecho oficial para que la prensa no te maree —le dijo Cassian.
Yo me quedé muda.
Ni respirar podía.
Pero ¿cómo coño iba a poder respirar si bastante tenía con mantenerme en pie? Porque, joder, enterarme así de sopetón de que Tyler tenía pareja después de lo que había pasado entre nosotros el día anterior era demasiado.
Giré un poco la cabeza para cruzar la mirada con Knox y vi que estaba flipando igual que yo.
Porque sí, era para flipar.
Después miré a Rachel, que parecía muy disgustada y observaba a Tyler mientras negaba con la cabeza.
—¿Quién dice que no se puede hacer eso con una amiga? Hay muchas clases de amigas.
—Hombre, hasta ahí llego, ¿sabes? —le dijo Cassian poniendo los ojos en blanco.
—Hay amigas como Rachel, que son intocables, por ejemplo. Amigas como Stella, que seguramente se convierta en algo más pronto, porque aún no lo es, por mucho que tú digas que sí. Y luego hay amigas con las que puedes follar para pasar un buen rato y ya está.
Mientras decía todo eso no miraba a Cassian, sino a mí.
Y encima lo hizo sonriendo.
Pues se podía decir más alto, pero no más claro.
Yo era de las terceras, ni más ni menos.
Vamos, que me acababa de llevar una hostia a mano abierta. Una hostia de realidad, más bien.
Tyler tenía pareja, o una amiga especial, como él había dicho, y lo que pasó entre nosotros, como acababa de dejar bien claro, no había sido para él nada más que un rato de diversión.
Eso, sumado a que el día anterior en ningún momento me había dicho o insinuado que sintiera algo por mí, me hizo darme cuenta de que Knox y yo habíamos estado equivocados pensando que seguía sintiendo lo mismo que sintió en el pasado.
Que, por otra parte, era normal. Habían pasado siete años. Ni él ni su corazón tenían por qué esperarme a mí ni seguir sintiendo nada más allá del cariño que puede quedar entre dos amigos que han crecido juntos y compartido más de media vida.
Ahí entendí que lo que había visto en sus ojos al verme besarme con Cassian no era dolor por él, sino por mí.
Porque, como buen amigo, porque solo era eso —y bien claro acababa de dejarlo—, se preocupaba por mí y no quería que, por volver con Cassian, lo pasara mal de nuevo.
—Bueno, pues lo que sea. El caso es que hoy no comes aquí porque te vas de folleteo, ¿no? —le preguntó Cassian.
—Pues sí, más o menos.
—Pues que te aproveche, al igual que me va a aprovechar a mí el reencuentro con mi mujer.
—Cassian, han dicho que vienen a hablar —le recordó Rachel.
—Y se puede hacer todo. Él —dijo señalando a Knox—, que os pregunte a vosotros. Y Linny me preguntará todo lo que quiera mientras me la follo. Luego, ya que intercambien información.
—Cassian…
—¿Qué? No me digas que no lo estás deseando, porque no me lo creo.
Suspiré, pero no le contesté.
—Quien calla otorga. Así que vamos —dijo tirando de mi mano para entrar en la casa.
Al pasar al lado de Knox, nos hablamos con la mirada, como tantas veces hacíamos cuando estábamos trabajando. Bueno, y también en otras circunstancias.
—Ten cuidado —me dijo.
—Tranquilo, lo tendré —contesté.
No miré atrás. ¿Para qué? Entre Tyler y yo ya había quedado todo claro.
Él tenía a la tal Stella y se iría a pasar el día con ella, seguramente de la misma forma en que lo había pasado conmigo el día anterior.
Con la gran diferencia de que con ella hacerlo no era algo puntual, porque estaba iniciando, o a punto de iniciar, una relación, y conmigo había sido un arrebato del momento para quitarse la espinita y las ganas de meterse entre mis piernas, como siempre había querido hacer.
Bien, pues él que siguiera con su vida, que yo seguiría con la mía en Washington en cuanto encontrara el puto teléfono, pensé mientras iba andando detrás de Cassian, que tiraba de mi mano escaleras arriba.
Abrió la puerta de la habitación con demasiada fuerza y, después de entrar y tirar de mí para que pasara con él, cerró de un portazo.
Ni siquiera me dejó dar dos pasos.
Se dio la vuelta, me agarró por la cintura con más fuerza de la que me esperaba y me empotró literalmente contra la puerta antes de lanzarse a besarme.
Dejé la mente en blanco y le seguí el juego.
Juego que no iba a pasar de los besos y de algún toqueteo por encima de la ropa, eso lo tenía clarísimo.
Empezó a tocarme los pechos, apretándomelos hasta el punto incluso de hacerme daño. Mis manos no le estaban acariciando como habría hecho con ellas en el pasado, solo las tenía apoyadas en sus hombros.
—Joder, Linny, cómo te he echado de menos.
Tuve que contenerme para no echarme a reír a carcajadas.
¿Que me había echado de menos? Había que tener cara para decirme eso, de verdad que sí.
¿Cuándo me habías echado de menos? ¿En los ratos en los que no te estabas tirando a todo bicho viviente o cuando estabas tan drogado que tenías alucinaciones conmigo?
Quise decirle eso, pero me callé.
Buena gana de perder el tiempo y empezar una discusión que no nos llevaría a ninguna parte.
Más que nada porque a mí me importaba una soberana mierda con las mujeres con las que había estado y saber todo lo que había hecho durante los años que no nos habíamos visto.
No lo sabía ni falta que me hacía, aunque, conociéndole y sabiendo lo que hacía estando yo allí viviendo con él, me podía imaginar la vida que había llevado y todo lo que había hecho en esos años.
—Vamos a la cama. Quiero quitarte la ropa, quiero verte. Quiero hacerte muchas cosas. Pero primero quiero tu boca en mi polla.
Otra carcajada que me aguanté.
Por supuesto, campeón. Así, para abrir boca, lo primero que voy a hacer es arrodillarme y comértela. En eso estaba yo pensando desde que me levanté por la mañana.
Otra vez me callé lo que realmente quería decirle y, en cambio, le solté lo que quería oír. Y esa fue la ventaja que necesité.
—Sí… vamos, yo también lo estoy deseando.
Me soltó para girarse hacia la cama y ese fue el momento que necesitaba, el momento perfecto. Me dio la espalda y yo no lo pensé ni dudé; simplemente actué por instinto.
Ese instinto innato que tenía y que, sumado al entrenamiento que había recibido y que yo misma quise ampliar junto a Knox, aprendiendo ciertas técnicas que no todo el mundo usaba, hizo que le diera con el canto de la mano un golpe seco en la nuca que lo hizo caer inconsciente, bocabajo, encima de la cama.
—Ale, a dormir un rato, gilipollas. A ver si así te callas un poco y dejas de sobarme, porque vaya pulpo asqueroso que eres —le dije al verle por fin allí tirado.
Tenía el plan perfectamente trazado en la cabeza.
Un plan que llevaba maquinando desde el mismo momento en que dije que yo buscaría ese teléfono.