Informe final: Estoy enamorada Capítulo 30
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Capítulo 30

Llamamos al timbre y, como las veces anteriores, fue Jenny la que nos abrió, aunque en esa ocasión no nos dijo que todos estaban en el salón desayunando porque ya era cerca de media mañana.

Para sorpresa nuestra, Sullivan y Cassian, según nos dijo, estaban con los demás en el jardín aprovechando el solecito que había salido ese día, aunque apenas calentara.

—¿Quieren que les saque algo de beber?

—Yo no quiero nada, gracias —contesté.

—Yo sí, una botella de agua, por favor.

—Ahora mismo se la traigo —dijo antes de marcharse en dirección a la cocina.

Caminamos hasta la puerta del jardín y nos quedamos unos segundos parados observando lo que estaba haciendo cada uno de ellos.

Sullivan estaba un poco retirado, al fondo del jardín, hablando por teléfono, seguramente mediando con la prensa, la discográfica o algo por el estilo, ya que era en lo que se pasaba ocupado la mayor parte del día.

Sarah y Rachel estaban sentadas juntas en un balancín.

La primera tenía en las manos un ovillo de lana y dos agujas y estaba tejiendo lo que parecía una bufanda.

Siempre le había encantado hacerlo y, además, decía que tejer la relajaba mucho. Teniendo en cuenta lo afectada que estaba por la desaparición de su hijo pequeño, me pareció una buena forma de mantenerse entretenida y sentirse un poco mejor.

Rachel estaba de lo más pensativa, mirando sin ver al fondo del jardín. Seguro que estaba pensando en su hijo y en lo mal que lo estaba pasando con toda esa situación por tener que estar separado de ella.

Tyler y Cassian estaban enfrente de ellas.

Tyler estaba sentado en un taburete frente al teclado que siempre tenía en aquella casa para cuando tocaban en alguna fiesta privada o decidían ensayar allí en vez de ir al estudio.

En ese momento iba probando notas al azar, pero yo le había visto hacerlo tantas veces que lo reconocí enseguida.

Estaba buscando el ritmo adecuado, la mejor manera de hacer su magia para una nueva canción que Cassian había escrito.

En el último en el que me fijé fue en Cassian.

Estaba sentado cerca de Tyler, tarareando.

En las manos tenía una libreta en la que iba apuntando, tachando o cambiando seguramente alguna palabra de la canción que, con el ritmo que le daba Tyler, quedaba mucho mejor.

Ahí faltaba la magia de la guitarra de Jake para que todo terminara de cobrar sentido, pero eso ya no iba a pasar porque los muy gilipollas la habían liado, y mucho.

—¿Qué hacen? —me susurró Knox.

—Integrando la música que Tyler cree que va mejor a una canción que Cassian ha escrito.

—Suena bien.

—Suena perfecto —dije sonriendo.

—Es una pena lo que han hecho. Joder, qué rabia da. Podían ser los reyes del mambo y, por perderse, mira en el lío que se han metido.

—Es una pena, sí —dije con tristeza.

—Lo que no entiendo es que, si no saben el estado de las finanzas de Tyler, lo lógico es que piensen que está tan pelado como ellos y deberían haberlo incluido en el plan.

—Tyler, aunque estuviera en la ruina, nunca habría aceptado participar en algo así y los otros lo saben.

—Nunca fue como ellos —dijo afirmándolo, muy seguro.

—No. Precisamente por eso tiene lo que tiene. Él maduró y los demás no; la fama terminó devorándolos.

—Es una pena, una verdadera pena.

Y sí, ciertamente lo era.

Porque Cassian podía haberme roto el corazón, podía haberme hecho mucho daño, pero me dolía en el alma tener que ser precisamente yo la que tuviera que sacar a la luz el delito que habían cometido.

Porque haber denunciado una desaparición que no existía, haber implicado incluso al FBI además de a la policía y aprovecharse económicamente de ello era un delito y tenían que pagar por eso.

Seguramente, por ser quienes eran, se librarían de la cárcel por no tener antecedentes penales, pero de la multa y de la vergüenza pública cuando la prensa se enterara no los iba a librar nadie.

Y eso seguramente sería el final de KayJax, ya que tendría una repercusión mediática muy negativa. Eso sin contar lo que decidiría hacer Tyler cuando se enterara.

Que esa era otra de las cosas que más me preocupaban: lo mal que se iba a quedar al saber lo que habían hecho sus amigos, compañeros y hermanos de corazón, como siempre se habían considerado todos.

—¿Preparada para el espectáculo?

—Crecí entre ellos, Knox, así que estoy más que preparada. No solo me enseñaron a amar la música. También aprendí a detectar mentiras y a decirlas o hacerlas cuando es necesario —dije con pesar.

Knox alargó la mano y agarró la mía para apretármela y darme ánimos.

—Pase lo que pase, estoy aquí. Siempre estaré aquí.

Tuve que hacer un esfuerzo y tragar varias veces para que se me pasara el nudo que se me puso en la garganta.

—Gracias, Knox. Sin ti no sería capaz de hacer esto.

—Claro que lo serías, pero estarías más triste porque no podrías contemplar a diario lo guapo que soy.

Tuve que reír bajito y darle las gracias de corazón a Knox por ser como era. Siempre, hasta en los peores momentos, sabía qué decir para aligerar el ambiente y hacer que todo pareciera más fácil.

—Eres idiota, pero te quiero con toda el alma, mi medio desastre —dije devolviéndole el apretón.

—Yo también te quiero. Vamos, Yel, termina con esto y vámonos a casa. No sé cómo lo voy a hacer, pero te prometo que conseguiré que Sterling nos dé al menos una semana de vacaciones.

—Solo por esa semana de vacaciones, que necesito como el aire, soy capaz de pegar un tiro a quien haga falta.

—Bueno, pero apunta bien, no se te vaya a ir el tiro y me des a mí. Que yo me voy a ir contigo a esas vacaciones. Ya lo tengo todo pensado.

—Ah, ¿sí?

—Sí. Playita. Mojitos. Sol. Agua salada. Sin teléfono. Y, a ser posible, con la gente que nos importa a nuestro lado.

—Te lo compro. Es el mejor plan para cerrar este capítulo.

Nos miramos unos segundos y ya no hizo falta decirnos nada más. Asentimos, sonreímos y, después de soltarnos la mano, salimos al jardín.

—Buenos días a todos —dijimos los dos a la vez.

Y el espectáculo que había dicho Knox empezó bien rápido. Demasiado. Porque Cassian, al oírme, se levantó con rapidez, se acercó a mí y, sin dejarme ni hablar, me agarró por la nuca y me besó allí delante de todos.

El silencio que vino después de eso fue el más incómodo que yo había vivido en años.

Pero todavía fue peor ver las caras de todos cuando por fin Cassian se despegó de mi boca.

Estaba de frente a ellos, así que pude ver perfectamente las reacciones de todos los presentes.

Lo que Cassian había hecho podían entenderlo; al fin y al cabo, era propio de él tener ese tipo de arrebatos.

Lo que no entendían, y eso se veía clarísimo en sus miradas, era que yo no me hubiera apartado y que encima le hubiera devuelto el beso.

Porque sí, con todo el dolor de mi corazón, tuve que devolvérselo para que el plan siguiera su curso.

La mirada de Rachel me decía que estaba enfadada, decepcionada y también dolida, seguramente pensando que le había mentido cuando le dije que no volvería con Cassian.

Sullivan también tenía enfado en la suya.

Nunca me tragó y eso no fue un secreto para nadie, ni siquiera para Cassian, así que mi sola presencia ya le molestaba, y que volviera con su amiguito del alma todavía más, porque pensaría que se le acabarían las orgías, las copas y todo lo demás que compartían.

Sarah, en cambio, me miraba entre alucinada y preocupada. Y era normal, porque sabía lo mal que lo pasé en el pasado por culpa de su hijo y no querría, sabiendo cómo era, que volviera a pasar por lo mismo.

A Knox no me hizo falta mirarle. Él ya sabía cuáles eran mis intenciones y por qué lo hacía, así que lo que había en su mirada me lo podía imaginar de sobra: resignación y preocupación a partes iguales.

Enfrentarme a la de Tyler fue lo más duro.

Le dejé para el final porque realmente tenía miedo de lo que me iba a encontrar en ella. Sabía que, por cómo me mirara, sabría si me había hecho caso en eso de confiar en mí como le había pedido, y no en lo que viera.

Cerré los ojos solo dos segundos y después le miré.

Al cruzar nuestras miradas, se me cayó el alma a los pies y se me estrujó el corazón.

No, no había confiado en mí.

En sus ojos había muchas cosas y ninguna buena. Había decepción, asco, desilusión, incluso un poco de odio. Pero lo peor no fue ver todo eso. Lo peor fue ver que todo lo que había el día anterior había desaparecido de un plumazo.

Ya no había admiración, ni cariño, ni respeto, ni mucho menos amor.

Vacío. Solo había cosas malas y vacío.

Incluso ese brillo que siempre había tenido en sus preciosos ojos verdes había desaparecido en décimas de segundo.