Informe final: Estoy enamorada Capítulo 24
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Capítulo 24

Lo que pasó en el siguiente minuto casi hizo que se me saliera el corazón por la boca del susto que me llevé.

Nada más decirle a Knox que Cassian me había besado, de la impresión el trozo de hamburguesa, que no era pequeño precisamente, se le fue por donde no debía y se atragantó.

Empezó a toser de tal manera que me asustó muchísimo.

Dejé mi hamburguesa tirada en el papel que había puesto a modo de mantel y me levanté a toda velocidad para ponerme a su lado y darle unas palmadas en la espalda.

Solo pude respirar tranquila cuando le vi tragar por fin y coger una bocanada de aire.

—Joder, casi me da un infarto. No se te ocurra volver a querer morirte en mi presencia —le dije llevándome la mano al pecho de forma dramática.

—Tócate los cojones. Casi la diño por su culpa y encima es ella la que se queja.

—¿Por mi culpa? ¿Y qué culpa tengo yo de que te comas la hamburguesa como un ansioso?

—Claro que es por tu culpa. No me la estaba comiendo como un animal. Ha sido por el impacto de lo que has dicho por lo que casi me ahogo.

—Hombre, impactante es, pero tanto como para ahogarse, pues no sé yo.

Knox me miró con una ceja alzada mientras cogía su refresco y daba un gran trago para hidratarse la garganta, que seguramente la debía de tener irritada de toser tan fuerte.

—¿Impactante? No, hija, impactante es que te rapes el pelo al cero, por ejemplo. Esto de Cassian no tiene catalogación.

Volví a sentarme en mi sitio y yo también bebí de mi refresco porque del susto se me había quedado la garganta seca.

—Entonces, ¿te cuento lo que ha pasado o no?

—Sí, sí, claro que sí. Quiero saberlo todo y con los detalles más escabrosos incluidos. Pero la próxima vez que me vayas a decir una cosa tan fuerte, avísame antes. No quiero morir. Soy joven todavía.

—¿Joven? De eso nada. Tú lo que eres es una vieja cotilla —dije apuntándole con el dedo, riéndome.

—Lo que sea. Pero venga, cuéntamelo todo, que estoy en un sinvivir. Esto, más que un caso, parece una telenovela.

Solté una carcajada a la vez que negaba con la cabeza.

Knox tenía muchas cosas buenas, pero la paciencia no era una de ellas. Sobre todo, si era para enterarse de un cotilleo. Le iba más el chisme que a una panda de quince marujas juntas en un corrillo.

—¿A qué esperas?

—Leches, que ya voy. Estaba cogiendo dos patatas.

—Pues o hablas mientras comes o pasas hambre. Así que habla ya.

Me eché a reír sin poder evitarlo porque, de verdad, su cara de «vamos, habla, hija, que del chisme depende si dormiré hoy o no» era increíble.

Cogí dos patatas más, bebí otro trago de refresco y le di otro mordisco a la hamburguesa. Todo con mucha parsimonia para hacerle rabiar.

En el tercer resoplido seguido decidí apiadarme de él y empecé a contárselo todo: la conversación que había tenido con Cassian en el jardín, cómo había intentado desviar en todo momento el tema de Jake hacia nosotros y cómo vi en su mirada que me deseaba, no que me quería, que eso era muy distinto.

También le conté que reconocí enseguida lo que intentaba hacer conmigo, cómo quería enredarme otra vez para que volviera a ser dependiente de él y cómo había vuelto a sacar ese lado posesivo suyo, porque sí, seguía considerándome suya.

Le hablé también de cómo me dijo, y yo aguanté como una campeona con una sonrisa en la cara, que se iba a descansar para estar bien recuperado para cuando me metiera en su cama.

Y, por último, le conté que tuve que dejarme besar para que se confiara.

Knox se quedó unos segundos pensativo, analizando y desmenuzando en su cabeza todo lo que acababa de contarle antes de darme su opinión.

—¿Entonces tienes claro que no volverías nunca con él?

—Sí.

Mi respuesta fue rápida. Ni siquiera tuve que pensarla. Me salió sola y de muy dentro. Porque sí, puede que tuviera dudas en otras muchas cosas, pero eso lo tenía clarísimo.

Por nada del mundo volvería con Cassian.

Pero ni aunque siguiera enamorada de él, que no lo estaba, lo haría. Porque él estaba claro que no iba a cambiar y ganas de volver a sufrir a su lado no tenía ninguna, de eso ya tuve bastante en el pasado.

Y aunque dicen que los humanos son los únicos animales que tropiezan dos veces con la misma piedra, en mi caso no sería así. Esa piedra ya la había mandado muy lejos de una patada.

—Sabes que respetaría siempre tu decisión, hicieras lo que hicieras, aunque no estuviera de acuerdo o aunque pensara que te estás equivocando. Pero en este caso creo que es la mejor decisión que has podido tomar. Cassian puede que te quiera, que no digo que no, pero no te quiere bien.

—Creo que lo que siente por mí y lo que ha sentido siempre es más posesión que amor.

—Yo también lo creo. Lo he visto en sus ojos, en cómo te mira. Lo hace como si fueras suya, como si, pase lo que pase, tuvieras la obligación de estar por y para él.

—Pues que se siente a esperar, porque eso no va a volver a pasar.

Knox asintió satisfecho.

—¿Y con Tyler qué ha pasado? Porque tenía una cara de cachorro apaleado cuando nos hemos ido que daba miedo.

—Ay… Tyler… —dije suspirando.

Knox soltó una risita.

—¿Qué te hace gracia?

—Ese tío será tu todo para el resto. Os queréis.

Fruncí el ceño, porque, según estaban las cosas, no tenía yo eso muy claro.

—No lo creo. Las cosas están difíciles, cada vez más.

—Pues hazlas fáciles.

—Sabe que Cassian y yo nos hemos besado y ya ha dado todo por hecho. Está convencido de que estamos juntos otra vez.

—Cuéntame por qué lo sabe y por qué piensa eso.

Me comí el último trozo de hamburguesa que me quedaba y di el último sorbo de refresco antes de contarle todo lo que había pasado con Tyler desde que volví con Cassian del jardín y él y Rachel se dieron cuenta de que había pasado algo entre nosotros.

No me dejé ni una coma de toda nuestra conversación.

Con Knox siempre me había resultado fácil hablar de todo. Era una persona que escuchaba, que no se callaba lo que pensaba y que nunca te decía lo que querías oír, sino la verdad, por muy dolorosa que esta pudiera resultar.

—Está dolido.

—Lo sé.

—Eso hace más difícil que confíe en ti como le has pedido. Son muchos años viendo cómo la mujer a la que quiere no le ha mirado y ha querido a un hombre que no se la merece. Y todo acaba pesando. No quiere volver a pasar por lo mismo otra vez.

—Es que no va a pasar lo mismo.

—Pero eso él no lo sabe. Él solo sabe lo que ha visto. Solo sabe cómo te mira Cassian y cómo, a pesar de lo que pasó, te has dejado besar.

—Qué mierda todo, joder.

—Pues sí, un poco mierda sí que es.

—No quiero hacerle más daño.

—Pues eso va a ser inevitable, al menos hasta que cerremos el caso y le puedas explicar por qué has hecho lo que has hecho.

—Espero que no sea tarde, yo le…

Las palabras se me quedaron atascadas en la garganta. No porque no las sintiera, sino porque allí, en ese banco y hablando con Knox, mi corazón y mi mente se habían aclarado como cuando a las nubes de una tormenta se las lleva el aire.

Lo vi y lo sentí con claridad.

Le quería.

Le quería, joder, y no solo como a un amigo.

Le quería y supe también que me marché de allí queriéndole, aunque en ese momento la situación de mierda que tenía no me dejara verlo.

—Lo sé. Solo hay que ver cómo se te iluminan los ojos cuando dices su nombre.

Asentí.

Porque sí, con un asentimiento por mi parte era más que suficiente. Ya estaba todo claro.

Ahora solo quedaba que todo el asunto de Jake se resolviera y, cuando eso por fin pasara, la vida me diera una segunda oportunidad de compartir mi vida con un hombre que siempre me había querido y que era al que mi corazón también quería a su lado.

Esa tarde ya no volvimos a la casa.

Nos encerramos en la habitación y durante horas repasamos toda la información que teníamos.

Volvimos a mirar todas las llamadas, todos los mensajes y correos de todos. También repasamos las conversaciones que habíamos tenido con Sullivan, Cassian y los demás.

De las que menos información habíamos sacado fue de las preguntas que les hicimos a Jenny y Sarah, ya que las dos no supieron respondernos ni la mitad de ellas porque no tenían ni idea de lo que hacían los chicos.

También volvimos a mirar toda la información que teníamos a nuestro alcance.

Contratos con la discográfica, sus cuentas bancarias, entrevistas en la tele, en las revistas o en las redes.

Todo. Lo revisamos todo.

Teníamos claro que Sullivan y Cassian estaban implicados en la desaparición de Jake.

Y el motivo también lo teníamos: el dinero.

De lo que no teníamos ni idea era de dónde narices podría estar.

Repasamos todas las propiedades que los tres tenían a su nombre, que no eran muchas.

Cassian tenía la casa donde vivía y el ático donde vivía Sarah, que también estaba a su nombre. Jake solo la casa donde vivían Rachel y su hijo. Y Sullivan un ático gigante en el que apenas pasaba tiempo, ya que parecía que vivía con Cassian por las horas que pasaba en su casa.

En esas propiedades no estaba, así que tenía que ser en otro sitio.

¿Pero dónde?

Esa era la pregunta que más nos hicimos durante la tarde.

Y con esa pregunta en la cabeza fue con la que nos fuimos los dos, agotados, a la cama a dormir un poco para poder seguir a la mañana siguiente investigándolo todo otra vez para dar con él.