Capítulo 21
En el camino hasta el salón le dejé que se confiara. Bromeó. Reí e hice de tripas corazón, conteniéndome para no darle una hostia y partirle los dientes o, si me calentaba un poco más, pegarle un tiro.
Porque, aunque iba riéndole las gracias y fingiendo estar encantada por nuestro reencuentro, por dentro la sangre me hervía.
Había que ser cabrón —por decirlo de una manera suave— para haber sido partícipe, o incluso pudiera ser que lo de la desaparición de Jake hubiera sido idea suya; eso aún me quedaba por descubrirlo, y estar tan tranquilo.
Sí, había que ser un desalmado, como Sullivan, de quien estaba segura de que también estaba metido en el ajo, igual que el descerebrado de Jake, para hacer algo así por dinero.
Por dinero, por egoísmo y por seguir aferrados a una vida de lujos y excesos que, sinceramente, no les había hecho ningún bien a ninguno. Más bien al contrario: los había echado a perder por completo.
Aquellos críos llenos de vida, de sueños y de amor por la música ya no existían.
De todo eso no quedaba nada. Estaban podridos por dentro.
Porque sí, como he dicho, había que ser desalmados para hacer lo que habían hecho y no pararse a pensar ni siquiera un segundo en cómo podrían sentirse Rachel y Sarah.
Porque Rachel, aunque tuviera claro que quería dejar a Jake, lo estaba pasando fatal. Que ya no estuviera enamorada de él no significaba que le deseara ningún mal, y mucho menos siendo el padre de Andrew. No quería que su hijo creciera sin él.
Además, por mucho daño que le hubiera hecho, estaba segura de que aún le quedaba cariño por todo lo bueno que habían vivido, aunque eso perteneciera ya a un pasado muy lejano.
Y luego estaba Sarah. Joder, Sarah… ¿Cómo podían seguir tan tranquilos, pensando solo en sí mismos, viéndola destrozada de esa manera?
Con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, imaginando a cada minuto que a su hijo pudiera haberle ocurrido algo terrible.
Con unas ojeras que asustaban, de tantos días sin dormir. Y con la cara consumida por el dolor, como si el sufrimiento le hubiera echado diez años encima de golpe.
—Voy a subir a dormir unas horas. Quiero estar al cien por cien descansado para cuando te haga mía de nuevo. No voy a dejarte salir de la cama en horas.
Sigue soñando, gilipollas, pensé mientras le sonreía para que viera que estaba encantada con su proposición.
—¿Y tu chica?
No es que me importara una mierda ni él ni la mujer del tanga, cuyo nombre ni me había molestado en aprenderme. Pero tuve que hacer esa pregunta porque era lo que se esperaba que hiciera.
—Se largará hoy mismo de aquí. Ella no es nadie para mí.
Ni yo tampoco, pensé con amargura.
Pero ni lo soy hoy ni nunca lo fui. Porque cada segundo que pasaba, una certeza dolorosa se hacía más real.
Cassian no quería ni había querido nunca a nadie, solo a él mismo, como el buen puto egoísta que era.
—Vale —contesté sonriéndole.
—Linny, me tendrás que contar por qué te fuiste.
Lo llevaba claro. No tenía yo otra cosa mejor que hacer que ponerme a contarle que me marché porque le vi follándose a dos mujeres en nuestra cama. Y ni siquiera fue solo por eso, aunque aquello terminara de reventarlo todo, sino porque ya estaba harta de él y de toda la mierda que nos envolvía.
—El pasado es mejor dejarlo en el pasado.
—¿Me dejaste por otro?
¿En serio había tenido la poca vergüenza de preguntarme eso, después de saber y ver con mis propios ojos que se tiraba a todo bicho viviente?
Pues sí, al parecer la había tenido. Y encima me lo había preguntado mientras apretaba los puños, enfadado, pensando que ese podía ser el verdadero motivo por el que me había ido.
—¿Eres idiota? Yo jamás te habría dejado ni engañado con otro.
—Entonces, ¿qué pasó? Me mataste, Linny, morí sin ti.
Tuve que contener la carcajada que me subió por la garganta para no descojonarme en su cara.
Es que de verdad, no se podía ser más cabrón y más cínico.
Que se murió, decía.
Pues se moriría él, porque su polla siguió muy viva metiéndose en todos los agujeros que encontró los meses siguientes a mi marcha, porque fue su peor temporada. Esa en la que, al verse libre, su casa se convirtió en un lugar en el que no había día en que no se celebraran orgías.
Todo eso lo sabía porque, tiempo después, cuando ya estuve mejor, Rachel me lo contó un día, desesperada y llorando, porque se había enterado de que Jake le decía que se iba a ensayar con la guitarra al estudio y a donde iba era a casa de su hermano, a pasárselo de puta madre allí dentro como hacían los demás.
Bueno, los demás no, porque Rachel me aseguró que Tyler nunca estuvo de acuerdo con esas fiestecitas y que nunca participó en ellas.
—Todo me superó, Cassian. Pero ya lo hablaremos con calma otro día. Ahora tengo que seguir trabajando. Mi jefe llamará pronto y algo tendré que contarle.
—Vale, cariño, pues ya lo hablaremos.
Bromeó con algo más, a lo que solo contesté riéndome, y así entramos en el salón.
Cassian con el pecho hinchado por creerse vencedor y yo sonriendo como él esperaba.
Pero mi sonrisa se me borró de golpe al ver la cara de asombro y un poco de consternación de Rachel y la de auténtica desolación de Tyler al vernos así.
Vi en los ojos de los dos que se habían dado cuenta de que entre Cassian y yo había pasado algo.
Me llevé las manos al pelo y vi que lo tenía un poco revuelto. Por eso y, seguramente, al ver mis labios, que sabía que estaban un poco hinchados por la manera salvaje en la que me había besado, fue por lo que supieron lo que había pasado.
—Me voy a descansar. Luego nos vemos, preciosa —me susurró Cassian antes de desaparecer por la puerta que daba a los dormitorios sin despedirse de ellos.
Me acerqué a la mesa.
Rachel seguía mirándome fijamente, esperando una explicación.
La miré directamente a los ojos y le dije con la mirada que se quedara tranquila, que todo estaba bien. Le pedí que confiara en mí.
Sonrió y soltó de golpe el aire que estaba conteniendo.
Busqué también la mirada de Tyler, pero se le veía tan abatido y dolido que no me dejó encontrarla. No era capaz ni de mirarme.
Y eso me dolió, porque con lo que había hecho le había hecho daño, aunque él jamás dejaría ver que había sido así.
Seguiría escondiendo sus sentimientos por mí y lo mucho que le dolía verme con Cassian, como había hecho en el pasado. Pero esta vez no dejaría que pasara lo mismo.
—Tyler, vamos fuera, eres el siguiente.
Se levantó de la silla con un movimiento lento, como si en vez de ir a hablar conmigo le hubieran propuesto ir al matadero.
Sin decir nada, empezó a caminar hacia la salida del salón, pero antes de salir pareció pensárselo mejor y se giró, aunque no para hablarme a mí, sino a Rachel.
—Rachel, luego, cuando llames a Andrew, avísame. Quiero hablar con él un rato. Le tengo una sorpresa.
Vi cómo Rachel sonreía a la vez que asentía.
Y no era para menos, porque Tyler se preocupaba más por su hijo que su propio padre.
Es más, sabía por boca de Rachel que Andrew le adoraba y cada vez más. Ya que no había heredado el talento ni el gusto por la guitarra como su padre, pero sí le encantaba tocar el teclado como a Tyler.
Aunque eso a Jake le tenía muy cabreado y, por más que el niño había insistido en que le comprara un teclado para tocar como el tío Tyler, como le llamaba desde siempre, aunque no lo fuera realmente, ni se lo había comprado ni había dejado que nadie lo hiciera.
—¿No te habrás atrevido? Sabes que Jake se enfadará.
Tyler soltó una risa seca.
—¿Y te crees que me importa? Cuando vuelva, si quiere, que tenga los cojones suficientes para venir a preguntarme por qué le he regalado un teclado a su hijo.
Rachel negó con la cabeza.
—Se va a liar…
—Pues que se líe —contestó muy serio—. Que venga. Lo voy a estar esperando para recordarle los meses que se pasó, teniendo más o menos su edad, pidiéndole a su madre día y noche la guitarra.
—Fue pesado hasta el aburrimiento —dije riéndome.
—Por eso mismo. Él fue pesado y lo consiguió, pues Andrew no tendrá que llegar a esos extremos.
—Lo que le jode es que no le guste tocar la guitarra como a él —dijo Rachel, negando con la cabeza.
—Y a mí me llevan jodiendo muchas cosas años y me callo, así que me tome de ejemplo y cierre la boca.
Rachel y yo nos miramos y supimos enseguida cuáles eran esas cosas de las que hablaba.
—Está bien. Cuando le llame luego, te aviso. Se va a poner como loco de contento.
—Eso es lo único que importa, que el niño sea feliz. Lo demás da igual.
—Gracias, Tyler. Gracias por estar —dijo Rachel emocionada.
—No me des las gracias. Lo hago porque así me nace. Además, tú también has estado para mí. Así que estamos a la par.
La conversación tuvo que quedarse ahí porque Knox entró en el salón. De Sullivan no había ni rastro, así que supuse que se habría ido a dormir, al igual que había hecho Cassian.
—Ya he terminado.
—¿Y?
No me contestó con palabras. Solo con mirarnos a los ojos nos lo dijimos todo. Teníamos razón. Estaban implicados.
—Al acabar con ellos —dije señalando con la cabeza a Tyler y Rachel—, nos vamos, tenemos mucho que hablar.
Knox asintió.
Los cuatro nos pusimos en marcha. Knox se fue con Rachel al despacho y yo con Tyler al jardín.
Podíamos habernos quedado en el salón, pero necesitaba la privacidad necesaria y estar lejos de donde alguien pudiera oírnos para todo lo que quería hablar con él.