Informe final: Estoy enamorada Capítulo 16
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Capítulo 16

A las seis de la mañana me levanté de la silla en la que estaba sentada en la habitación del hotel y di varios paseos, moviendo el cuello y los brazos.

Tenía el cuerpo totalmente agarrotado.

Knox y yo nos habíamos pasado toda la noche enganchados al ordenador.

Repasamos cientos de llamadas, mensajes y correos electrónicos del teléfono de Jake.

No lo teníamos físicamente porque, según dijeron los demás el día anterior, debía de habérselo llevado con él, ya que en su casa, en el estudio en el que grababan, ni en la casa de Cassian, donde se pasaba muchas horas, no estaba.

Lo tenía apagado, claro. Eso fue lo primero que comprobamos.

Pero, desde los medios de los que disponíamos, habíamos visto todo lo que contenía de los tres últimos meses. Más que suficiente, aunque no habíamos descartado tener que ir un poco más allá y revisar meses anteriores.

Habíamos visto cosas normales y otras no tanto.

Había llamadas normales. Llamadas a Rachel, aunque no muchas. A Cassian, casi a diario, lo cual sería lo normal siendo lo que eran y trabajando juntos. Pero no lo era tanto que muchas de esas llamadas fueran a unas horas poco normales.

Porque había llamadas a altas horas de la madrugada. Llamadas que no duraban ni treinta segundos.

Y eso era raro. Nos lo decía la experiencia.

Porque esas llamadas debían tener un trasfondo, un motivo. Algo inusual. Porque, si hubieran sido un par de ellas, no nos habrían llamado la atención. Pero no había ni una ni dos, sino una veintena de ellas, y siempre siguiendo esa misma línea.

Llamada nocturna, poca duración y luego, a la mañana siguiente, un mensaje de Jake a Cassian que decía simplemente: «Gracias».

Pero, respecto a las llamadas, había algo todavía más chocante. Si las llamadas a Cassian eran muchas y raras, a Sullivan había todavía más. A todas horas.

Que, siendo su representante, podría parecer normal. Pero nuestro instinto nos decía que no. Que ahí había algo importante.

Y, si lo de las llamadas nos tenía alerta, más nos tenía la situación financiera de todos, o casi todos.

Porque sí, al ver el estado financiero de Jake, que era para echarse a llorar, seguimos tirando del hilo y quisimos saber si los demás se encontraban en apuros económicos igual que él.

Ahí nos llevamos una sorpresa. Una para bien y otra para mal.

Jake estaba en la puta ruina. Tenía las tres cuentas bancarias que poseía prácticamente en números rojos.

¿Cómo podía ser eso posible con el dineral que ganaban y que llevaban años ganando?

Pues muy sencillo. Eso no había sido algo que hubiera pasado de repente. Era algo que había ido ocurriendo con el paso del tiempo. El gasto excesivo en fiestas, droga y viajes totalmente insultantes por la cantidad de dinero que se había dejado en ellos.

También se había gastado cantidades indecentes de dinero en caprichos innecesarios que ni siquiera fueron para él.

Regalos a unos y a otros. Regalos a amigos o supuestos amigos y amigas, o más que amigas, seguramente amantes.

Y no, no eran un bolso o un reloj. Eran coches carísimos, joyas con precios insultantes y viajes a los que invitaba a ir con él, llevándolos a gastos pagados.

¿Amigos? Ja, ja y ja.

Eso no eran amigos, eso eran garrapatas que se acercan a una persona que no tiene ni medida ni control y se aprovechan de él, dorándole la píldora. Y él, al sentirse querido o admirado, se gastaba su dinero a espuertas con ellos, creyendo que así estarían a su lado siempre.

Pero es bien sabido por todos que ese tipo de gente, que de amigos no tienen nada porque los verdaderos son los que están en las duras y en las maduras, en cuanto el dinero desciende y ya no puedes seguir pagándoles todo al mismo ritmo, se esfuman como el viento y se largan a buscar a otro tonto del culo que les costee una vida de lujos que no se merecen.

A todo ese derroche había que sumarle la mala gestión que había hecho de todo el dinero que había ganado.

Había estado años haciendo inversiones que no sabíamos quién cojones le había aconsejado hacer, pero vamos, ni yo, que no tenía ni idea de invertir, lo habría hecho tan mal, porque había perdido millones, muchos millones, invirtiendo en mierdas que no valían para nada.

Lo que más me dolió cuando vimos el desastre que tenía montado y que estaba en la ruina fue descubrir que había puesto la casa en la que vivían en venta para poder subsanar un poco los gastos pendientes que tenía.

Estaba segura de que Rachel no tenía ni idea de nada de lo que habíamos descubierto y me jodía pensar que, en nada de tiempo, ella y Andrew se iban a ver en la calle y sin un duro.

Porque sí, Jake seguía siendo el mismo puto egoísta de siempre y no había pensado en ellos ni una sola vez, porque, desde luego, si lo hubiera hecho, no habría acabado así.

Por lo que, viendo el desastre que tenía formado, quisimos saber si los demás integrantes de KayJax estaban en la misma situación o en una parecida, porque eso podría ser la clave de su desaparición.

Primero miramos las cuentas de Cassian.

No estaban en un estado pésimo como las de su hermano, pero tampoco estaban como deberían para el pastón que llevaba ganando años.

Tenía dinero, sí.

Pero no tanto como para mantener el ritmo de vida que ellos solían llevar.

También había hecho malas inversiones, justo en los mismos sitios que su hermano.

También había regalado muchos caprichos a ciertas personas y también se había gastado cantidades insultantes y aberrantes de dinero en viajes, supusimos que en droga, y en comprarle a su nueva chica un coche que a la señorita se le había antojado.

Vamos, otro que o espabilaba o en nada estaría en la misma ruina que su hermano.

Sullivan, por su parte, sí que ganó mucho dinero al ser su representante, pero ni por asomo se acercaba a las cantidades que habían ganado los otros tres. Aun así, también tenía las cuentas temblando, seguramente por haber querido seguirles el ritmo a los demás.

Al último que investigamos fue a Tyler y, si con los otros nos habíamos sorprendido al ver la situación que tenían, con él lo hicimos mucho más.

Pero por todo lo contrario.

Al ver todo lo que tenía y que llevaba años amasando, nos demostró que, como yo siempre había dicho, había sido el más centrado y sensato de los tres.

Tenía cinco cuentas bancarias con tal cantidad de dinero que no podría gastárselo él, ni sus tataranietos si llegaba a tenerlos, ni aunque todos vivieran tres vidas.

Pero no se quedaba ahí la cosa. Porque habíamos visto que, aparte del dinero que ganaba con la música, que ya era bastante, casi ganaba más con las propiedades que tenía por toda Nueva York alquiladas.

Tenía un total de treinta y siete edificios, todos de pisos u oficinas, que había ido comprando desde que empezaron con el grupo.

Los había comprado, reformado y, en la actualidad, ni uno solo de los pisos u oficinas estaba sin alquilar, y eso todos los meses le proporcionaba una cantidad enorme, o más bien gigantesca, de dinero, ya que no eran edificios pequeños, sino todos de más de veinte plantas.

Además de todo eso, durante los años en los que hacía que no nos veíamos, Jake y Cassian no, porque no volvieron a tocar un libro desde que terminaron el instituto y se dedicaron de lleno a la música, pero Tyler había aprovechado el tiempo.

Había tardado, sí, porque con el ritmo de vida que llevaban entre conciertos, giras, galas y demás historias no había podido hacerlo de otra manera.

Pero lo hizo. Tardó mucho más que una persona que solo se hubiera dedicado a ello al cien por cien, pero lo hizo.

Había estudiado de forma online Administración de Empresas y Economía y, al saber eso, fue cuando nos dimos cuenta de por qué le había ido tan bien en sus inversiones.

Había sido el más previsor de los tres y se había formado para tener un futuro fuera de la música, por si algún día venían mal dadas, por si el grupo se acababa o, simplemente, porque quería construir algo más en su vida.

Sonreí al pensar que en solo tres días terminaría por fin esos estudios en los que tanto se había volcado y que llegaría el momento de su graduación.

Pero sonreí todavía más al caer en la cuenta de que los demás no tenían ni puñetera idea de todo lo que había hecho ni de todo lo que tenía. Y apostaba a que seguía siendo así, porque le conocía… o al menos había conocido muy bien al Tyler de antes.

Siempre fue reservado, hermético incluso, y tremendamente celoso de sus cosas y de su intimidad.

Guardaba lo importante muy dentro, como si enseñarlo demasiado pudiera restarle valor.

Y estaba segura de que eso no había cambiado.

Por eso los demás seguían completamente a ciegas con todo lo que nosotros acabábamos de descubrir.

—Yelina, no puedo más. Se me van a caer los ojos si sigo mirando cinco minutos más el ordenador —dijo Knox desde la cama, quejándose.

Miré el reloj. Marcaba las seis y diez de la mañana.

Ni me lo pensé. Me acerqué a él, le quité el portátil de las manos y lo dejé en la mesa junto a mi tableta. Después cerré las persianas de golpe.

—Hasta las diez no tenemos que ir a hacer los interrogatorios individuales. Vamos a dormir, aunque sean tres horas. Necesitamos la mente despejada.

—Joder, sí —me contestó mientras se deslizaba por la cama para acomodarse.

—Pondré la alarma en el móvil a las nueve y media.

—Perfecto.

—Knox, piensas lo mismo que yo —le dije mientras me tumbaba en la cama.

—Sí.

—La desaparición es una farsa.

—Lo sé. Lo han preparado ellos. Ahora nos queda saber por qué.

—Creo saber el porqué.

—Pues madura la idea mientras duermes y, cuando me levante y sea persona de nuevo, me la cuentas.

Me eché a reír porque eso ya me lo dijo con los ojos cerrados y soltando un suspiro al final.

Cinco minutos después, los dos caímos rendidos por el sueño y el cansancio.