Informe final: Estoy enamorada Capítulo 15
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Capítulo 15

Eran pasadas las doce de la noche cuando Knox y yo entramos en la habitación del hotel.

A los dos se nos notaba el cansancio en la cara.

Las horas en coche para llegar hasta Nueva York, el madrugón que nos habíamos pegado cuando Sterling nos despertó cuando apenas había amanecido y la tarde movidita que habíamos tenido pesaban, y todo eso junto había hecho que estuviéramos exhaustos.

Después de mi entrada triunfal, como Knox la había llamado, los abrazos de reencuentro, el enfrentamiento con Cassian y la presentación de quiénes éramos y qué hacíamos allí, empezamos con las preguntas y la observación.

Fue tedioso, como siempre lo era el primer contacto con las personas cercanas a una víctima.

Muchas preguntas que o no sabían o no querían contestar. Gestos que decían más que cualquier palabra. Silencios y miradas retiradas que decían todavía más.

En las horas que habíamos pasado en la casa había habido de todo eso.

Ese solía ser nuestro proceder.

Primero hacíamos las preguntas en grupo, pillándolos por sorpresa. Después les dábamos unas horas para que pensaran, tramaran o se pusieran de acuerdo en lo que dirían en el siguiente interrogatorio, en el que ya les advertíamos de que sería al día siguiente y de manera individual.

Cuando les preguntábamos a solas, era ahí donde demostrábamos por qué a Knox y a mí nos daban los casos más complejos y difíciles de desapariciones, sobre todo.

Porque teníamos la capacidad de leer muy bien a la gente.

Éramos muy buenos con el lenguaje no verbal y pillando mentiras, pero sobre todo dándonos cuenta de cuándo alguien respondía algo que había preparado, bien solo o con otra persona, y su respuesta era automática o demasiado estudiada.

Y, por lo que había podido comprobar en ese salón, al día siguiente tendríamos trabajo de ese tipo.

Tendríamos el reto de descubrir qué escondían, porque escondían algo. No todos, pero sí algunos.

Aparte de eso, antes de acostarnos haríamos otras cosas, así que lo de irnos a dormir o descansar unas horas aún quedaba lejos.

En cuanto nos diéramos una ducha y nos pusiéramos cómodos, Knox sacaría el portátil con el que nos conectaríamos a la central y empezaríamos a hacer nuestra magia.

Revisaríamos el teléfono de la víctima, en este caso el de Jake. Las llamadas, los mensajes, las últimas ubicaciones, los correos electrónicos… En fin, todo lo que tuviera allí y guardado en la nube.

Eso siempre nos ayudaba y muchas veces había sido clave para encontrar a los desaparecidos.

También revisaríamos su cuenta bancaria, las propiedades que estaban a su nombre y muchas cosas más.

Vamos, resumiendo, que nos colaríamos en su vida todo lo posible. Porque siempre, siempre, cuando el secuestro o la desaparición no habían sido por sorpresa, sino preparados, en todos esos datos que mirábamos encontrábamos algo.

De momento, el caso lo estábamos tratando como una desaparición, porque nadie se había puesto en contacto con sus allegados para pedir un rescate.

Cosa que no descartábamos que pasara en las próximas horas. Pero, habiendo pasado ya tres días, casi cuatro, desde que ninguno tenía noticias de Jake, era algo que casi teníamos descartado.

Knox salió del baño, donde, al igual que había hecho por la tarde, entró el último de los dos, y se sentó con el portátil en las piernas.

Me senté a su lado con mi tableta en la mano, en la que iría apuntando lo que fuéramos viendo que nos llamara la atención y haciendo un croquis.

—Antes de empezar, dime tu primera impresión —le pedí.

Knox pensó unos segundos antes de hablar.

—Están implicados. No sé si todos, pero sí algunos.

—Yo pienso lo mismo.

—No voy a descartar a nadie, al menos hasta mañana. Pero podría hacerlo. No tengo claro quiénes sí, pero sí quiénes no.

—He visto lo mismo. Pero seremos prudentes. Por mi implicación, no descartaré a nadie por la relación que me une o me unía con ellos. Prefiero esperar.

Knox carraspeó y sonrió de medio lado.

Le miré con la ceja alzada.

—¿Qué?

—Nada.

—No me jodas, Knox. ¿Qué coño significa esa sonrisita?

—No solo me he fijado en las reacciones para el caso; esta tarde he visto mucho más.

—¿Qué has visto? ¿Cómo Cassian me fulminaba con la mirada varias veces o cómo Sullivan me miraba con asco y tocaba los cojones cada dos por tres?

—Sí, he visto eso. Pero también he visto algo más. Algo que sé que tú también has visto, porque creo que no es nuevo. Y no solo en Cassian.

—A ver, listo, ¿qué has visto? —dije dándole con una almohada en la cabeza.

—Pues…

Sería capullo. Se llevó la mano a la barbilla como si estuviera pensando para hacerse el interesante.

—Deja de hacer el tonto y habla ya, joder, que tenemos mucho que hacer.

—Cassian sigue sintiendo algo por ti. Lo que no tengo claro es si es amor o nostalgia por lo que fuisteis.

—Tyler me ha dicho que sigue queriéndome.

—Entonces, como él.

Le miré con los ojos como platos. Porque, coño, sí que le había observado bien, porque Tyler solía esconder de todos muy bien no solo lo que sentía por mí, sino todos sus sentimientos.

Knox, al ver mi cara, levantó una ceja, sorprendido.

—Lo sabes.

Asentí.

—Siempre lo he sabido.

—Ese hombre está enamorado de ti. Lo disimula muy bien delante de todos. Pero cuando cree que nadie le ve, te mira de una manera que le delata.

—Lo sé. Como te he dicho, lo sé desde que éramos apenas unos niños. Y Rachel también lo sabe. Muchas veces me ha dicho que, si me hubiera enamorado de él y no de Cassian, las cosas me habrían ido mejor.

—Pues probablemente tenga razón. A él no parece que la fama le haya echado a perder como sí les ha pasado a los hermanos.

Asentí.

—Así es. Tyler siempre fue el más sensato de los tres. El más prudente, el que siempre tenía los pies en la tierra. Y también el más maduro.

—Y también el que estuvo siempre para ti cuando las cosas se torcieron, ¿no?

Sonreí con tristeza.

—Sí. Fue mi paño de lágrimas. Fue el que estaba cuando Cassian no lo hacía. Fue el único que se enfrentaba a él cuando me hacía desplantes o me alzaba la voz. Aun sintiendo lo que sentía, siempre se comportó como un verdadero amigo.

—¿Sentiste alguna vez algo más que amistad por él?

Suspiré y cerré los ojos unos segundos.

—No lo sé, Knox. Me hice esa pregunta muchas veces en el último año que estuve aquí.

—¿No encontraste respuesta?

—No. Con el panorama que tenía, había veces que creía que sí, otras que no. Y otras, pensaba que estaba confundiendo las cosas. Que solo era amistad y que, al estar siempre para mí, confundía esa atención que me daba y que Cassian me negaba con sentir algo más.

—¿Sigues enamorada de Cassian?

Volví a sonreír con tristeza.

—Pues no sabría decirte. Al verle hoy algo se me ha removido dentro, pero no sé si son esos sentimientos que tenía u otra cosa.

Paré para pensar y Knox esperó a que siguiera.

—Tengo ahora mismo un subidón de sentimientos dentro por todos que ni sé qué siento por cada uno. Y no solo por ellos dos, sino por todos los demás. Incluso por Jake, aunque no estuviera.

—Ha pasado mucho tiempo. Es normal estar confusa.

—Lo sé. Hace siete años no habría dudado en contestarte que los quería a todos con locura, a cada uno de una manera u otra, pero los quería, al fin y al cabo.

—¿Con Rachel y Sarah lo tienes claro?

—Con ellas sí. Porque no han salido de mi vida. Han seguido siendo una constante. Pero a los demás no los veo ni hablo con ellos desde que me fui.

—¿Por qué dejaste de hablar con los demás? Me refiero a que Tyler, Jake y Sullivan no tenían la culpa de lo que pasó.

—No lo sé. Pensé que se pondrían de su parte, que no entenderían por qué necesitaba romper con todo.

—Pues creo que al menos Tyler sí te habría entendido. Es más, creo que se habría puesto de tu lado a riesgo de acabar mal con Cassian.

—Lo sé, y ese fue el motivo por el que nunca le llamé. Sabía de sobra de parte de quién se pondría sin pararse a pensar en las consecuencias siquiera. Eso habría hecho que el grupo peligrara. Por eso no lo hice.

—Eso no eras tú la que tenías que decidirlo, Yelina. Tyler estuvo para ti en todo momento. Tenía derecho a decidir qué hacer y no que tú lo hicieras por él.

—También lo sé. Pero me di cuenta tarde y, cuando lo hice, había pasado tanto tiempo que pensé que estaría muy enfadado por sacarle de mi vida por algo que él no hizo.

Nos quedamos unos segundos en silencio.

Tuve que tragar saliva varias veces para intentar que el nudo que se me estaba formando en la garganta al hablar de todo eso desapareciera. Pero nada, ni por esas lo hizo.

—Yelina.

—Dime.

—No quiero que me respondas, ¿vale? Solo que pienses en lo que te voy a decir.

—Vale, a ver qué es.

—Piensa qué has sentido hoy al ver a Cassian y también en lo que has sentido al ver a Tyler. Cuando lo pienses en profundidad, lo analices y pongas todo en orden, encontrarás las respuestas que necesitas para saber qué sientes por ellos.

Resoplé.

—Primero me centraré en Jake. Que lo encontremos es prioritario. Pero te prometo que pensaré en ello, ¿vale?

Asintió.

—Ahora vamos a ponernos a trabajar; la noche va a ser larga.

—Vale. Pero antes una última cosa —añadí.

—¿Qué?

—Esas miraditas que os habéis lanzado tú y Rachel toda la tarde, ¿qué me dices de ellas?

Ahí fue él el que abrió los ojos como platos.

—¿De qué coño hablas? No ha habido miraditas de nada.

Solté una carcajada.

—Knox, te recuerdo que estás hablando conmigo. Te recuerdo que soy igual de buena que tú analizando a la gente, su lenguaje no verbal y sus miradas.

—Te repito que no ha habido miraditas. Has debido de ver mal.

—¿Quieres que te apunte con mi arma hasta que digas la verdad?

—Deja el arma, anda, que ya bastante la has sacado hoy.

Los dos nos miramos, acordándonos de la cara de todos cuando encañoné a Cassian, y nos echamos a reír a carcajadas.

—Knox, sí que os habéis mirado.

—Déjalo, ¿quieres? Te recuerdo que Rachel es la mujer del desaparecido.

—Solo hasta que aparezca.

—¿Qué?

—Rachel va a dejar a Jake. Ya lo tenía decidido antes de que esto pasara.

—¿Por qué, si es que puede saberse?

No dudé en contárselo. Confiaba ciegamente en Knox y, además, sabía de sobra que Rachel no se enfadaría ni le parecería mal que se lo contara a él.

—Pues porque lleva años aguantando por su hijo lo mismo que yo aguanté. Incluidas las infidelidades. Y ya no puede más.

Vi cómo Knox apretaba los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos al saber lo mal que lo había pasado Rachel aguantando lo inaguantable por su hijo.

—Cabrón…

—Lo es. Jake se perdió incluso más que Cassian. Y al parecer, y por lo que dice Tyler, mi marido ha cambiado, ha dejado toda esa mierda atrás, pero Jake sigue igual.

Los dos nos miramos y supimos que debíamos dejar ahí la conversación personal o no avanzaríamos en el caso. Así que, sin decirnos nada y solo con una mirada, nos entendimos.

Él abrió el portátil y yo la tableta.

Y nos pusimos a trabajar.