Capítulo 14
Sonreí cuando Cassian terminó de hablar.
Sonreí porque, si en el momento en que entré se había quedado impactado mirándome y haciéndose mil preguntas sobre qué hacía yo allí, en cuanto se enterara de la verdad, su cara sería un poema.
En ese momento se me vino a la cabeza la petición que Joy le había hecho a Knox de que le grabara y tuve que contenerme para no echarme a reír.
—Ni me voy a ir, ni me voy a llevar a nadie conmigo. O puede que sí, si se pone tonto, ¿verdad, Knox?
—Cierto —contestó Knox.
Tyler, que aún seguía abrazándome, se separó, pero se quedó también a mi lado, como habían hecho Sarah y Rachel.
Cassian se levantó del sofá donde estaba sentado al lado de su chica y, con pasos rápidos, vino a enfrentarse a mí.
Mala decisión, cariño, le dije mentalmente.
—Lárgate de mi casa. Aquí no pintas nada —dijo apretando los dientes, cerca de mí, muy cerca.
—No.
Dio un paso más, poniéndose aún más cerca. Tan cerca que podía distinguir los puntitos marrones que salpicaban el azul de sus ojos.
—O te vas o llamaré a la policía para que te eche.
A Rachel se le escapó una risita. Sarah jadeó llevándose la mano al pecho. Tyler gruñó y Sullivan, que se había acercado también para cerrar el círculo en el que estábamos, sonrió satisfecho.
—No será necesario que los llames.
—Perfecto. Veo que has captado el mensaje.
Me eché a reír y Knox soltó una risita baja que se juntó con la de Rachel, que estaba a su lado. Los miré de reojo y vi que se estaban mirando. Se miraban, señoras, pero no de una manera casual por haberse reído a la vez, sino que se miraban de verdad.
Bueno, bueno, bueno… Mira tú por dónde, que lo mismo de esta visita hasta podían salir más cosas de las que yo esperaba, pensé durante un par de segundos.
Solo un par, porque tuve que dejarlo aparte por el momento y centrarme en lo que tenía entre manos, que era bajarle los humos a Cassian, que se estaba poniendo muy tonto.
—No me has entendido. No hará falta que llames a la policía. Nosotros, por el momento, nos bastamos.
Me miró confuso.
—¿Nosotros?
Miré a Knox y me sonrió. Había llegado el momento.
—Knox, ¿quieres hacer los honores de presentarnos?
—¿Qué cojones vas a presentarte? Aquí todos te conocemos de sobra —dijo Cassian, enfadado.
—Será un placer —dijo Knox a la vez.
—No conoces a la nueva Yelina —añadió Rachel, cruzándose de brazos.
Cassian iba a decirle algo a Rachel, pero Knox no le dejó. Dio un paso hacia él, puso esa mirada intimidante con la que muchos detenidos temblaban cuando los interrogaba, porque era fiera y aplastante, y le habló directamente.
—Soy el agente Knox Ashford y ella es mi compañera, Yelina Prescott, también agente del FBI.
Lo último, lo de FBI, lo recalcó un poco más alto para que no solo a Cassian le quedara claro, sino a todos los que estaban en el salón.
Me mordí los labios para no echarme a reír a carcajadas al ver la cara de Cassian, que, como mi padre había predicho, era no solo para grabarla, sino para enmarcarla y colgarla en la pared del salón para el resto de su vida.
No habló. Bueno, ni hablar, ni pestañear, y creo que ni respirar podía, porque se quedó completamente congelado.
La verdad es que, quitando a Rachel, que era la única que ya lo sabía, los demás estaban parecidos.
—¿Del FBI? ¿Eres una jodida agente del puto FBI? —me preguntó Tyler, que me miraba maravillado.
—Lo soy.
—¿Desde cuándo?
—Siendo agente, desde hace más de tres años. Trabajando en el FBI llevo unos seis.
—Me caguen la puta , Yelina, pero… pero… joder, ¿cómo ha pasado esto?
—Es una larga historia que te contaré con calma en otro momento, si quieres.
—Claro que quiero.
Cassian, que al parecer había vuelto al mundo real y se había recuperado un poco del impacto, gruñó y volvió a mirarme para seguir con su enfrentamiento.
—Me importan tres cojones que seas agente o Miss Universo. No te quiero en mi casa. ¡Fuera!
Cerré los ojos y me contuve. De verdad que me estaba poniendo de muy mala hostia con su chulería.
—Es que me da igual lo que tú quieras. No estás en posición de decir nada. Así que cállate y escucha.
Se lo dije controlándome y de forma calmada. Pero nada, que lo que quería era sacarme de mis casillas.
—Estoy en mi casa, no me pienso callar y no te voy a repetir ni una vez más que te largues, que os larguéis —dijo mirando también a Knox.
—Qué pesado eres, hijo. Los años no han hecho que se te pasara la tontería que tienes; la han agravado, por lo que veo.
Le sentó mal mi comentario y le dolió también.
Lo vi. Lo vi clarísimo. Como también vi que se iba a atrever a hacer algo que no pensó demasiado y que era un error descomunal.
Knox también lo vio, pero no se movió. Sabía de sobra que yo sola era muy capaz de enfrentarme a la situación y que, además, necesitaba hacerlo.
Cassian alargó el brazo para agarrar el mío, seguramente con la intención de sacarme él mismo de su casa a rastras.
Ese fue su error.
Con un movimiento que no vio venir, en tres segundos estaba de espaldas a mí, con su pecho pegado al mío, mientras que con mi brazo lo tenía agarrado por el cuello y con mi mano libre, con la que había sacado el arma, lo tenía encañonado por debajo de la barbilla.
Sullivan reaccionó al vernos así y dio dos pasos rápidos.
—Ni se te ocurra —le dijo Knox, haciendo que se frenara en seco.
—Ahora me vas a escuchar y a dejar de comportarte como el gilipollas que eres. Y, por favor, no me des un motivo de peso para pegarte un tiro porque, de verdad, que lo estoy deseando.
Intentó moverse, pero no le dejé. Seguí hablándole muy cerca del oído.
—Vas a sentarte en el sofá como un buen chico y vas a colaborar en todo lo que te pidamos y a contestar a todas las preguntas que tenemos. Porque no estoy aquí para aguantar tus tonterías; de esas ya aguanté muchas en el pasado. Estoy aquí para encontrar cuanto antes a Jake.
—¿A Jake? —susurró.
—Sí. Knox y yo hemos venido desde Washington para ocuparnos del caso y para encontrarle lo antes posible.
Saber que estaba allí para buscar a Jake fue lo único que hizo que se relajara un poco.
—Puedes soltarme, Linny.
Dios… Linny. Me había llamado Linny. Llevaba siete putos años sin oír a nadie llamarme así. Que, por otra parte, era imposible, porque solo él me llamaba de esa forma. Era algo suyo y de nadie más.
—No vuelvas a llamarme así —susurré entre dientes mientras le soltaba el cuello.
Se dio la vuelta para mirarme a los ojos.
—Pero eres… para mí eres…
—No. Ya no lo soy. Tú te encargaste de que Linny desapareciera.
Los demás aún nos estaban rodeando y nos miraban preocupados, sabiendo que entre nosotros había mucho que resolver o cerrar de una vez por todas.
—Te largaste, joder —dijo reflejando mucho dolor en la mirada.
—No quiero hablar de eso ahora. Como te he dicho, estoy aquí por Jake. El tiempo corre y cada minuto que pasa es primordial para encontrarle.
—Cuando vuelva —dijo muy serio, dándome a entender que, cuando Jake volviera, sería momento de hablar de lo nuestro.
Asentí.
—Sentaos, por favor. Es necesario que empecemos cuanto antes —les pidió Knox a todos.
Todos, en silencio, fueron ocupando los sitios en los que estaban sentados antes de que llegáramos.
Tyler se quedó un poco rezagado, a mi lado. Giré la cara y nuestras miradas se encontraron.
Su mirada había cambiado en apenas unos pocos minutos. En ella ya no había la misma alegría que tenía nada más verme. La tristeza se había apoderado de sus ojos. Una tristeza que ya había visto en ellos en el pasado. Una tristeza mezclada con anhelo que yo sabía de dónde venía.
Venía de lo que sentía por mí.
Porque sí, durante toda nuestra niñez, nuestra adolescencia y los pocos años de adultos que compartimos, siempre lo supe.
Siempre supe que estaba enamorado de mí.
No porque él jamás dijera nada, eso no. Porque se cuidó mucho de ocultarlo, o al menos de intentarlo, para que nadie lo supiera.
Pero Rachel y yo lo sabíamos. Siempre lo supimos.
—Aún te quiere, pequeña. Acabo de ver en sus ojos que no te dejará marchar, no otra vez —dijo sonriendo con tristeza.
—Tyler…
Me agarró de la mano sin que nadie lo viera y me la apretó.
—Yo estaré aquí, como siempre. Para lo que necesites.
Cerró los ojos un segundo, como si necesitara valor para decir las siguientes palabras y que no le dolieran tanto.
—Sé que le quieres y, si vuelves con él, las cosas ya no serán iguales. Ya no es el crío que se dejó deslumbrar por la fama. Ha cambiado. Ahora sí podéis ser felices.
En las palabras que me dijo estaba la clave de por qué eso que él me proponía no podía pasar. Porque Cassian había cambiado, sí. Pero yo también lo había hecho. Ya no éramos los mismos. Por eso lo nuestro nunca podría ser lo que fue. Porque lo nuestro empezó siendo dos personas que ya no existían.
—Prescott, ¿empezamos?
La voz de Knox hizo que Tyler me soltara de inmediato y que retirara la mirada, como tantas veces había hecho en el pasado.
—Tyler, ya hablaremos.
Asintió sin mirarme y se dio la vuelta para ocupar su sitio.
Suspiré y sacudí la cabeza.
En toda la historia de Cassian había algo que nadie sabía. Ni mis padres, ni Rachel, ni tampoco a Knox se lo había contado esa tarde. Nunca hablé de ello porque pensé que era algo que sentía por lo confusa que estaba, por la frustración que tenía y por lo sola que me sentía.
Pero estaba equivocada.
Porque eso había vuelto.
O quizá nunca se fue.