Informe final: Estoy enamorada Capítulo 13
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Capítulo 13

Cogí aire un par de veces y apoyé la mano en el pomo de la puerta.

No tenía miedo. No estaba nerviosa. Bueno, siendo sincera, quizá un poco sí. Y es que la situación a la que estaba a punto de enfrentarme no era para menos.

Iba a enfrentarme a mi pasado y no por decisión propia, sino porque el destino así lo había querido.

Había tenido muchos años por delante para volver. Pero, por dejadez, al principio por miedo y luego porque estaba liadísima con mi trabajo, lo había ido dejando pasar.

Pero precisamente ese trabajo era el que me había hecho regresar a una casa a la que nunca pensé que volvería.

A una casa en la que viví cosas muy bonitas con Cassian, pero también las peores. Aunque ahora todo eso debía quedarse donde llevaba muchos años: en mis recuerdos. Porque había algo más importante que lo que yo pudiera sentir al enfrentarme a todos.

Lo más importante era saber qué le había pasado a Jake y encontrarlo lo antes posible. Y vivo, eso por descontado. Porque, como le hubiera pasado algo malo, que era una posibilidad que nunca descartábamos, iba a ser un palo enorme para todos.

Incluida yo misma.

Porque habrían pasado muchos años y Jake podía haberse vuelto un completo gilipollas, al igual que hizo su hermano. Porque esa era la verdad: que Jake, siguiendo los pasos de su hermano mayor, había jodido su vida y su relación con Rachel igual que Cassian lo hizo con la nuestra.

Demasiado había aguantado mi amiga. Mucho más de lo que yo aguanté.

Yo me largué el mismo día que lo vi siéndome infiel. El mismo día que rompió mi corazón y mi confianza. Pero ella llevaba mucho tiempo soportando algo parecido.

Rachel, por suerte, no lo había visto ni le había encontrado en una situación como la que yo viví, pero ella sabía que la engañaba a menudo con otras mujeres.

Había aguantado por Andrew, había aguantado porque lo quería. Pero, como hizo su hermano conmigo, Jake se había encargado él solito de matar ese amor.

Por eso Rachel, cansada de todo, ya me había dicho que hasta ahí habíamos llegado. Que no le pasaba una más. Que no se quedaría a su lado sufriendo a diario esas humillaciones solo por Andrew.

Y hacía bien.

Porque nadie se merece vivir una vida así.

Cogí aire por última vez y empujé la puerta.

Ya sabía, incluso antes de entrar, quiénes estaban dentro. Rachel me lo había contado un rato antes por teléfono.

En el salón me esperaban Cassian, porque al fin y al cabo seguía siendo su casa; Tyler, Sarah, destrozada pensando que a su hijo podía haberle pasado algo malo; y también Sullivan, que como siempre no se separaba de ellos.

Además, estaba Rachel y, casi seguro, el ligue del momento de Cassian y el de Sullivan.

Puse mi cara más profesional y entré con Knox pisándome los talones.

—Buenas tardes.

Solo con esas dos palabras que salieron de mi boca, todas las cabezas de los que estaban allí se giraron sincronizadas para mirarme, haciendo a la vez que las voces que segundos antes habíamos oído desde fuera se apagaran en el acto.

Se impuso un silencio totalmente sepulcral.

Un silencio que a todos nos pesó. Un silencio que nadie se atrevía a romper.

Yo no iba a ser la que lo hiciera, eso lo tenía claro, así que esperé unos segundos para saber quién sería de todos los presentes el que reaccionaría primero al verme.

Sonreí al ver que no me había equivocado al pensar quién sería la primera persona en hacerlo.

Rachel.

Ella fue la que rompió el silencio del salón con un grito, acompañado de levantarse de un salto del sofá y correr hacia mí.

—¡Yelina!

Abrí los brazos antes de que llegara a mí y la envolví con ellos para sostenerla. Nada más entrar nuestros cuerpos en contacto, estalló en lágrimas.

—Tranquila. Ya estoy aquí, cariño. Todo irá bien.

Se separó de mí unos segundos después, pero no se fue. Se quedó allí, a mi lado.

La siguiente en reaccionar fue Sarah. También me lo esperaba.

—Niña… Pero… ¿qué haces aquí? Dios… estás preciosa —dijo, acercándose, llorando para abrazarme.

Con Sarah, aunque había mantenido el contacto los últimos años, no tenía ni idea de a qué me dedicaba. Ella pensaba que al acabar Psicología habría encontrado trabajo de lo mío y nunca la saqué de su error.

Cuando se separó, después de susurrarle que ya hablaríamos más tarde, miré al resto de los presentes uno a uno.

Tyler me observaba con la boca abierta, totalmente alucinado. En sus ojos había cariño, mucho cariño. Ese cariño que nos habíamos tenido siempre.

Siendo sincera, era una de las personas a las que más me dolió dejar atrás, porque había sido mi amigo incondicionalmente. Y también mi paño de lágrimas, igual que Rachel, en el último año que estuve con Cassian.

Llegó incluso a enfrentarse a él y a recriminarle cómo se comportaba conmigo.

De Tyler pasé la mirada a Sullivan.

Entre él y yo nunca hubo feeling , nunca nos llevamos especialmente bien. Nos soportábamos por el resto y hasta ahí llegaba nuestra relación.

Él no me miraba con cariño. Sorprendido, sí, pero además en su mirada había fastidio. Como si con haberme presentado en la casa ya hubiera montado un problema y solo viniera a perturbar la paz.

Gilipollas, pensé mientras pasaba mi mirada a las dos mujeres que estaban sentadas juntas.

Por Rachel ya sabía que la morena era el ligue de Cassian y la rubia el de Sullivan.

Me contuve de negar con la cabeza, por pena más que por otra cosa, al ver que eran dos mujeres que tenían unas pintas que daban ganas de llamarles la atención como si fueran dos niñas pequeñas.

La ropa que llevaban dejaba poco a la imaginación.

La morena llevaba una camiseta del grupo y un tanga rojo, que no es que yo tuviera rayos X y pudiera verlo, no. Es que, en la postura en la que estaba sentada en el sofá, o más bien repantigada, se le veía claramente.

Y la rubia estaba de forma parecida. Con la diferencia de que iba en bikini, uno con el que se le veía media teta y todo el culo al ser de tanga.

Con la situación que tenían encima, qué poca vergüenza. Y estando allí todos, qué menos que vestirse con un poco de decencia. Pues al parecer las «señoritas» no tenían ni decencia ni educación.

Pasé de ellas y llevé mi mirada hacia la única persona a la que me quedaba por mirar, a la que llevaba siete años evitando.

Cassian.

Mis ojos se clavaron en los suyos y los de él en los míos.

Nos sostuvimos la mirada, nos medimos, nos dijimos muchas cosas sin hablar.

En sus ojos había confusión, sorpresa, dolor, nostalgia, mucho cabreo y algo más que no quise pararme a pensar en ese momento.

Tyler, al que había visto por el rabillo del ojo levantarse de la silla en la que estaba y acercarse a mí con cautela, como si temiera que, al hacerlo, yo fuera a desaparecer, fue el que hizo que retirara la mirada de Cassian y me centrara en él.

Se puso delante de mí y me miró de arriba abajo. Estudiándome. Repasándome una y otra vez como si no acabara de creerse que fuera real y no una aparición.

—¿Quieres dejar de mirarme? Me vas a desgastar —dije riéndome.

—Joder, Yelina, es que no me creo que seas tú. Estás… estás…

Ni las palabras le salían al pobrecillo.

—Estoy más vieja, sí. ¿Me vas a dar un abrazo o voy a tener que obligarte? —dije abriendo los brazos.

Ni se lo pensó un segundo. Dio el paso que nos separaba y me dio un auténtico abrazo de oso.

Los abrazos de Sarah y Rachel me habían gustado, me habían encantado, porque las había echado muchísimo de menos. Pero, al haber mantenido el contacto con ellas, el abrazo de Tyler fue completamente diferente.

Fue un abrazo de reencuentro, de cariño, de todo lo que nos habíamos echado de menos.

—Joder, ni te imaginas lo que te he echado de menos, pequeña —me susurró.

Me hizo sonreír al oírle llamarme así. Me llamó como siempre había hecho en el pasado, y eso me encantó.

—Seguro que no tanto como yo a ti.

Tyler iba a decirme algo más, pero la voz de Cassian, esa voz que no oía en persona desde hacía siete años se impuso en el salón, haciendo que todos nos giráramos para mirarle.

Bueno, todos no. Porque Knox no lo había perdido de vista en ningún momento.

—¿Qué cojones haces en mi casa? Ya te estás largando por donde has venido. Aquí no eres bienvenida. Y llévate a tu amiguito contigo.