Informe final: Estoy enamorada Capítulo 8
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Capítulo 8

De camino al aparcamiento, el silencio se impuso entre nosotros.

No fue un silencio incómodo. Entre nosotros nunca lo era. Fue un silencio necesario. Uno que los dos conocíamos muy bien porque era muy habitual entre nosotros. Nos solía pasar a menudo que, cuando estábamos pensando o digiriendo algo que nos había pasado, nos quedáramos callados.

Nos montamos en el coche y Knox metió la llave en el contacto, pero no arrancó.

Carraspeó.

Con solo ese gesto supe que necesitaba que le dijera algo, lo que fuera.

Fui a hablar, pero el sonido de un mensaje en su teléfono me hizo esperar. Lo sacó, lo leyó y resopló. Esperé unos segundos, pero, como seguía sin hablar, lo hice yo.

—Tenemos unas horas de camino a Nueva York. Mientras vamos, te contaré todo.

Giró la cabeza y me miró comprensivo. Knox siempre lo era.

Me quería, me entendía y respetaba mis silencios, mis tiempos y lo que le contaba o no quería contarle.

—Yelina, no tienes que hacerlo si no quieres. Entiendo que, si pasó algo malo que te dolió, no hayas querido hablar de ello. Y, si quieres seguir sin hacerlo, lo entiendo.

Suspiré.

Porque sí, hablar de ello dolía. Recordar lo que pasó dolía. Pero también había pasado mucho tiempo y ya era hora de que dejara salir todo eso que tenía dentro y lo hablara con alguien. Y qué mejor que Knox para hacerlo.

Sabía que él entendería los motivos por los que me marché; bueno, eso lo haría cualquier persona sensata. Sabía que me comprendería y sabía que me apoyaría durante todo el tiempo que durara el caso.

—Quiero hacerlo. Quiero contarte todo. Necesito contarte todo.

Asintió.

—Vale. Sabes que, sea lo que sea, estoy aquí para ti.

—Lo sé —dije emocionada—, pero antes de nada necesito pedirte un favor.

—Lo que quieras. Sabes que estoy aquí para lo que necesites.

—Llévame a casa de mis padres. Tengo que decirles lo que está pasando. No quiero que se enteren por la prensa. Esos buitres no tardarán en hacer saltar la noticia y se hará viral en minutos. También tengo que decirles que seremos nosotros los que llevaremos el caso.

Cerró los ojos y negó.

—Yelina… El mensaje que acabo de recibir era del jefe. La noticia ya está en todos los medios.

—Mierda y más mierda.

—Te llevo ya. Lo mismo aún no se han enterado.

Eso lo dudaba, porque mi padre era de los que solían poner la televisión mientras desayunaba y ese día no sería una excepción. La única esperanza de que aún no lo supieran era que todavía era temprano y seguramente estarían levantándose.

—Mientras estoy allí, ¿puedes recoger la bolsa que tengo en mi casa preparada para cuando salimos fuera?

Siempre tenía una mochila grande con ropa, productos de aseo y otras cosas preparadas para cuando, como en el caso que teníamos ahora, nos tocaba salir a otro estado.

Era una manera de ahorrar tiempo teniéndola lista y no tener que pararme a perderlo. Knox también tenía la misma manía y en su casa tenía la suya preparada.

Así que, si todo iba bien, en menos de una hora podríamos estar saliendo de Washington de camino a Nueva York.

El viaje podríamos hacerlo en avión, sí. Pero el trayecto no era demasiado largo. En poco más de cuatro horas estaríamos allí. Más o menos antes de la hora de comer. Y preferíamos hacerlo así.

La razón de ir en coche, si podíamos elegir, era que luego, en la ciudad en la que estuviéramos, nos podríamos mover con facilidad teniendo nuestro propio vehículo y no teníamos que estar pendientes de alquilar uno o usar otro medio de transporte.

En otras ocasiones en las que nos había tocado ocuparnos de un caso en un sitio mucho más alejado, habíamos ido en avión. Pero eso, en todo el tiempo que llevábamos siendo compañeros, solo había pasado un par de veces.

En Washington teníamos trabajo de sobra como para tener que ir también a otros sitios.

Pero en esas ocasiones había sido como en el caso de Jake. Porque los jefazos quisieron que fuéramos nosotros.

No es que fuéramos los mejores agentes del FBI de todo el departamento, no, eso no era así. Pero sí que era verdad que, en los casos de desapariciones, éramos muy buenos y solíamos resolverlos con rapidez y eficacia. De ahí que nos conocieran por eso y que quisieran que lo lleváramos nosotros.

—Por supuesto. Tú ve a hablar con ellos. Yo pasaré por tu casa a coger tus cosas y luego por la mía. Y volveré a buscarte.

—Gracias…

—No me las des, joder. Soy yo, coño. Estoy para ti.

Alargué la mano y le apreté el brazo.

Iba a decirle algo más, pero el sonido de mi teléfono nos interrumpió. Lo saqué y, al ver quién era, un regusto amargo se me subió por la garganta.

—Es Rachel…

—Contesta. Estará de los nervios.

De los nervios era quedarse corta. Estaría totalmente desquiciada y mucho más después de lo que había pasado entre ella y Jake en los últimos tiempos.

Las cosas no iban muy bien, o quizá nunca fueron bien, pero ella aguantó, lo que yo no hice, y ahora por fin había decidido dejarlo.

Asentí a las palabras de Knox y descolgué.

—Rachel.

Los primeros segundos no dijo nada. Solo la oía llorar. Esperé.

—Yel… Ha desaparecido. Jake ha desaparecido —dijo entre balbuceos.

—Lo sé, cariño, lo sé.

—¿Lo sabes?

—Sí, me lo acaban de decir en el trabajo.

—¿Qué voy a hacer? ¿Cómo se lo voy a decir a Andrew? Como le pase algo…

—Estate tranquila, ¿vale?

—No… puedo… No sé qué hacer.

—Por el momento, deja de llorar y escúchame.

Pasaron unos segundos en los que no hablé, dándole tiempo para que se limpiara las lágrimas, se sonara los mocos y respirara un par de veces.

—¿Ya?

—Sí…

—Vale, pues escúchame con atención, ¿de acuerdo?

—Te escucho.

—Lo primero es sacar a Andrew de ahí. Es mejor que esté lejos de todo el lío. Cuanto menos vea y oiga, mejor. Llama a tus padres y que se lo lleven a la casa de la playa. Allí estará bien.

—Ya lo he hecho. Mi padre estará a punto de llegar. Pensé que era lo mejor.

—Perfecto. Que se quede allí hasta que esto termine.

—¿Termine cómo, Yelina?

Sabía de sobra lo que quería decir, pero no se atrevía. Sabía que estaba pensando en si Jake aparecería muerto o si, en el caso de que alguien lo hubiera secuestrado, lo matarían.

—Ni se te ocurra pensar que esto acabará mal. Yo me encargaré de que eso no pase.

—¿Tú?

—Rachel, escúchame bien. Esto, de momento, tiene que quedar entre nosotras. Necesito el factor sorpresa para ver las reacciones de todos.

—No te entiendo. ¿Qué quieres decir?

Suspiré.

—En menos de una hora, Knox y yo saldremos para Nueva York. Nos han dado el caso. Nosotros lo encontraremos.

—¿De verdad?

—De verdad. Y no chilles, joder, que casi me dejas sorda.

—Yelina… tendrás que ver a todos —dijo preocupada.

—Lo sé.

—¿Estás bien con eso?

—Sí. Quédate tranquila, ¿vale? Ha pasado mucho tiempo. En algún momento ya sabía que esto podría pasar. Sabía que esto pasaría.

Y era verdad. Desde que me fui sabía que, en algún momento, mi pasado volvería.

La realidad es que Cassian y yo seguíamos casados y eso, en algún momento, habría que solucionarlo. Por mí, por él y porque era lo correcto. Así que llevaba años preparándome para ese reencuentro.

—Vale. Ya sabes que yo estoy de tu parte. Siempre lo estuve. Hiciste bien en irte. Yo debería haber hecho lo mismo. No debería haber aguantado tanto.

—Cuando Jake aparezca, lo harás. Si aún es lo que quieres.

—Es lo que quiero, Yelina. No puedo más. No le deseo nada malo. Es el padre de mi hijo y quiero que vuelva sano y salvo, pero que vuelva a casa, no a mí.

La entendía. Yo mejor que nadie la entendía.

Porque pasé por lo mismo. Aunque mucho menos tiempo, y también es verdad que yo no aguanté ni una décima parte de lo que ella llevaba aguantando durante años.

Pero ella había aguantado porque tenían un hijo en común. Había aguantado pensando que Jake cambiaría.

No lo haría, y yo bien lo sabía.

Al igual que a su hermano, la fama le cambió, la fama le corrompió. La fama los sumergió en un mundo que una pareja, a no ser que tuviera el corazón de piedra y escarcha en las venas, no sería capaz de soportar mucho tiempo.

—Bien, pues cuando todo termine yo te ayudaré a dar el paso. Estaré para ti como tú estuviste para mí. Eres mi hermana.

—Tú también la mía —contestó soltando un quejido.

—Rachel, ahora tengo que dejarte. Vamos con prisa para salir cuanto antes hacia allí. No le digas a nadie que somos nosotros los que vamos. Cuando esté a punto de llegar, te llamo para decirte lo que vamos a hacer.

—Vale.

—Bien. Ahora prepara al niño. Y dale a mi ahijado un beso y un abrazo de mi parte.

Andrew era mi ahijado. Y el de Cassian.

Nació unos meses antes de que me marchara. Y no había vuelto a verle en persona desde entonces, como a todos los demás.

Sonreí pensando que eso iba a cambiar. Porque, si tenía que ver a todos los demás, él estaba el primero de mi lista entre las personas a las que sí quería ver y dar un abrazo.

Siete años tenía ya mi niño… siete años y nada para cumplir ocho. Y durante todo ese tiempo solo le había visto crecer por las fotos que Rachel me mandaba.

Pues eso no pasaría más, me prometí en ese momento.

Porque, a partir de ahora, estaría presente en su vida.

—Lo haré.

—Nos vemos en un rato —dije antes de escuchar su hasta luego y colgar.

Mientras hablábamos, ni cuenta me había dado de que Knox ya había llegado a casa de mis padres.

—En media hora estaré aquí. ¿Será suficiente?

—Tendrá que serlo. Sé que no les gustará un pelo que vaya. Pero también sé que saben que este momento tenía que llegar tarde o temprano.

—Lo entenderán.

—Lo sé. Como también sé que se quedarán más tranquilos sabiendo que tú vas conmigo.

—Tu padre confía en mí. Pero lo hace más en mi puntería —dijo riéndose antes de marcharse para ir a buscar nuestras cosas.