CAPÍTULO NUEVE #4
Y aquella mañana, por primera vez en mucho tiempo, muchos de ellos estaban siendo completamente honestos.
Abel observó el reloj.
— Voy a proponeros algo.
Varias miradas se levantaron.
—Solo si queréis.
Aquella aclaración era importante.
Porque las cosas importantes nunca deberían imponerse.
—Si alguien quiere compartir una parte de su carta, puede hacerlo.
El silencio apareció inmediatamente.
Un silencio muy parecido al miedo.
Porque exponerse siempre da miedo.
Muchísimo .
Greta levantó una mano.
Por supuesto.
Porque Greta parecía incapaz de sentir vergüenza durante más de tres segundos seguidos.
—Adelante.
Ella se puso en pie.
—Querida Greta del futuro.
La clase sonrió automáticamente.
—Espero sinceramente que hayas aprendido a cocinar.
Las carcajadas aparecieron al instante.
—Porque si no, probablemente hayas muerto intoxicada.
Más risas.
Incluso Abel tuvo que ocultar una sonrisa.
—Y también espero que hayas dejado de enamorarte de personas imposibles.
—Eso sí es ciencia ficción, murmuró Laia.
La clase volvió a estallar.
Aquel momento relajó la tensión y permitió que otros se animaran.
Un alumno habló de sus inseguridades.
Otra compañera habló de su miedo a decepcionar a sus padres.
Otro confesó que no tenía ni idea de qué quería hacer con su vida.
Y poco a poco ocurrió algo extraordinario.
El aula dejó de parecer un aula.
Y empezó a parecer un grupo de seres humanos intentando entenderse.
Finalmente volvió el silencio hasta que una voz habló desde el fondo.
—Yo quiero leer algo.
Gabriela levantó inmediatamente la cabeza.
Vicente.
Toda la clase se giró.
Durante unos segundos sostuvo la hoja entre las manos.
Parecía nervioso. Muy nervioso.
Pero aun así continuó.
—No voy a leer toda la carta .
Su voz sonó tranquila, más tranquila de lo que se sentía.
—Solo una parte.
Tomó aire……..y comenzó.
"Hola."
"Espero que dentro de cinco años hayas aprendido algo importante."
El aula permanecía inmóvil.
"Espero que finalmente hayas entendido que sobrevivir no es lo mismo que vivir."
Gabriela sintió un nudo en la garganta porque sabía exactamente cuánto costaba escribir algo así.
"Y espero que hayas dejado de pedir perdón por cosas que no podías controlar."
El silencio se volvió absoluto e incluso Greta dejó de bromear.
Porque todos comprendieron que aquello era real, profundamente real.
Vicente bajó ligeramente la mirada y leyó la última frase.
"Y si todavía piensas en Lucía..."
La voz se quebró apenas un instante.
Solo uno…….pero suficiente.
"Espero que ya no sea para castigarte."
Nadie habló.
Nadie.
Porque había momentos donde cualquier palabra sobra.
Y aquel era uno de ellos.
Vicente volvió a sentarse con el corazón desbocado.
Convencido de que acababa de cometer una locura.
Pero entonces ocurrió algo.
Algo pequeño.
Gabriela comenzó a aplaudir.
Una única persona.
Después se unió Laia.
Luego Mara.
Luego toda la clase.
Y por primera vez en muchísimo tiempo Vicente sintió algo que no esperaba sentir.
Orgullo .
No de ser fuerte.
No de parecer fuerte.
Orgullo de haber sido sincero.
Cuando el aplauso terminó, Abel permaneció unos segundos en silencio observando hasta el más mínimo detalle del momento como si quisiera memorizar aquel instante.
Y entonces habló.
—Hace unos meses alguien me preguntó cuál era la asignatura más importante de la vida.
Varias personas levantaron la cabeza porque sabían que estaba llegando algo importante, verdaderamente importante.
Abel sonrió.
—Y durante mucho tiempo creí que era aprender.
Hizo una pausa.
—Después pensé que era amar.
Otra pausa.
—Más tarde pensé que era perder.
El aula entera escuchaba.
—Pero estaba equivocado.
El silencio se volvió absoluto.
—La asignatura más importante de la vida...
Miró a todos uno por uno.
—Es atreverse.
La frase quedó suspendida en el aire.
—Atreverse a querer.
Atreverse a empezar.
Atreverse a equivocarse.
Atreverse a pedir ayuda.
Atreverse a cambiar.
Atreverse a vivir.
Nadie se movió porque aquella frase parecía contener algo esencial.
Algo que todos necesitaban escuchar. Algo que recordarían durante muchos años .
Y mientras el silencio llenaba el aula, Gabriela tuvo la sensación de que acababa de escuchar una de esas verdades que llegan exactamente en el momento adecuado.
Porque quizá...
Solo quizá...
Había llegado el momento de atreverse.
La clase terminó pocos minutos después pero nadie salió inmediatamente. Como si todos necesitaran unos segundos para volver.
Volver al momento presente, a la realidad.
Porque durante una hora habían estado en otro lugar. Un lugar donde las personas decían la verdad y eso resulta agotador.
Gabriela guardó lentamente sus cosas. El cuaderno, la carta, el bolígrafo.
Y mientras lo hacía no podía dejar de pensar en una frase.
Solo una.
"La asignatura más importante de la vida es atreverse."
La frase seguía dando vueltas dentro de ella porque había algo que llevaba días evitando, algo relacionado con la lista de Alejandro.
Las cincuenta asignaturas.
Aquella lista seguía sobre su escritorio y desde que había leído la primera línea no conseguía quitársela de la cabeza.
"Ver amanecer en un lugar donde nunca hayas estado."
La primera asignatura.
La primera aventura.
La primera promesa.
Y quizá había llegado el momento.
Cuando salió del aula encontró a Vicente esperando en el pasillo.
Aquello ya no le sorprendía tanto.
Y precisamente eso empezó a sorprenderla.
Porque se estaba acostumbrando…….a él.
—Hola.
—Hola.
Caminaron juntos charlando hacia la salida hasta que Gabriela decidió hacerlo…..Atreverse.
—Tengo una pregunta .
Vicente la miró.
—Eso suena peligroso.
—Probablemente.
Él sonrió.
—Adelante.
Gabriela respiró hondo.
—¿Te gustaría hacer algo completamente absurdo mañana?
Vicente parpadeó.
—Necesito más información.
—Yo también.
La respuesta provocó una carcajada inmediata.
—Eso no aclara nada.
—Lo sé.
Siguieron caminando y entonces Gabriela le contó la existencia de la lista., de la carta, de las cincuenta asignaturas.
Vicente escuchó sin interrumpir prestando atención.
Y cuando ella terminó, permaneció unos segundos en silencio.
—Tu padre parece haber sido increíble.
Gabriela sonrió.
—Sí, y sigue siendo increíble.
—Creo que me habría gustado conocerlo.
Aquella frase la emocionó más de lo esperado por ser profundamente sincera.
Y porque por primera vez imaginó a Alejandro hablando con Vicente y la imagen le pareció extrañamente posible, extrañamente bonita.
—La primera asignatura es ver amanecer en un lugar donde nunca hayas estado.
Vicente asintió.
—Suena bien.
—Nunca he visto un amanecer expresamente.
—Todo el mundo ha visto amaneceres.
—No, negó Gabriela.
—He estado despierta cuando amanecía pero nunca he ido a buscar uno.
Vicente reflexionó unos segundos .
—Creo que entiendo la diferencia.
Gabriela sonrió porque él sí la entendía. Siempre parecía entender esas diferencias pequeñas que en realidad son enormes.
El cielo adquiría los colores suaves del final de la tarde.
Y entonces Gabriela hizo la pregunta que llevaba varios minutos construyéndose dentro de ella.
—¿Vendrías?
El tiempo pareció ralentizarse. Solo un poco. Lo suficiente.
Porque ninguno de los dos esperaba realmente aquella pregunta.
Vicente la observó y comprendió algo.
Meses atrás habría dicho que no, por miedo, por tristeza, por costumbre. Porque cuando llevas mucho tiempo sobreviviendo terminas olvidando cómo aceptar invitaciones de la vida.
Pero ahora algo había cambiado, algo muy importante.
Así que sonrió y respondió.
—Sí.
Una única palabra.
Pero aquella palabra contenía más futuro del que ambos imaginaban.
Esa noche Gabriela llegó a casa con una sensación extraña.
Como si estuviera a punto de empezar algo. No una relación. No una historia. No todavía. Algo más sencillo. Una aventura.