Infinito Por Infinito CAPITULO CUATRO #12
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CAPITULO CUATRO #12

Solo una fracción de segundo pero fue suficiente porque Gabriela tuvo una sensación extraña, la de que él sabía que las preguntas acababan de empezar.

Entonces sonrió de manera tranquila y escribió lentamente una única frase en la pizarra.

LA VERDAD SIEMPRE ACABA ENCONTRANDO EL MOMENTO ADECUADO PARA APARECE R.

El corazón de Gabriela se detuvo sintiendo que el misterio de Abel estaba a punto de cambiarlo todo.

Nadie habló durante varios segundos mientras la frase seguía escrita en la pizarra y Gabriela no podía dejar de mirarla con la absurda sensación de que no estaba allí por casualidad.

Como si Abel la hubiera escrito para ella. Como si supiera algo. Como si estuviera esperando.

—Bueno, dijo Greta.

—Eso da miedo.

Las risas aparecieron pero fueron breves porque incluso ella parecía incómoda.

Abel observó la frase unos segundos y después se volvió hacia la clase.

—¿Sabéis cuál es uno de los mayores errores que cometemos?

Nadie respondió.

—Intentar forzar las respuestas.

Gabriela sintió un escalofrío porque era exactamente lo que ella estaba haciendo.

—Queremos entenderlo todo inmediatamente, continuó Abel.

—Queremos explicaciones.

—Queremos certezas.

—Queremos conclusiones .

Guardó silencio.

—Pero la verdad tiene su propio ritmo.

La frase quedó suspendida en el aire. y Gabriela tuvo la extraña sensación de que Abel estaba hablando directamente con ella como si pudiera leer sus pensamientos adivinando las preguntas que llevaba días intentando responder.

La clase continuó pero apenas logró concentrarse.

Y cuanto más intentaba olvidarlo, más regresaba.

Al terminar la clase ocurrió algo inesperado.

Abel se acercó a ella. No inmediatamente. No de forma evidente. Simplemente cuando los demás ya estaban recogiendo.

—Gabriela.

El corazón dio un pequeño salto.

—¿Sí?

Abel sonrió.

Aquella sonrisa tranquila de siempre.

—¿Puedes hacerme un favor?

—Claro.

Le entregó una carpeta. Una carpeta sencilla.

Nada especial.

—¿Podrías llevar esto a la biblioteca?

Gabriela asintió.

—Por supuesto.

—Gracias.

Y después ocurrió algo extraño.

Abel pareció querer añadir algo más pero cambió de idea.

Como si hubiera estado a punto de decir una cosa y hubiera elegido otra.

Finalmente sonrió.

—Nos vemos luego.

Y se marchó.

Dejándola sola con la carpeta.

Y con una sensación cada vez más difícil de ignorar.

La biblioteca estaba casi vacía.

Solo una bibliotecaria ordenando libros .

Y Vicente por supuesto.

—¿Otra vez aquí?, preguntó Gabriela.

—Empiezo a sospechar que la biblioteca gira alrededor de mí.

—Es una teoría preocupante.

—Lo sé.

Ella dejó la carpeta sobre la mesa y justo entonces algo cayó al suelo.

Un papel doblado y antiguo, probablemente colocado entre los documentos sin querer.

Gabriela se agachó para recogerlo sin intención de leerlo y sin curiosidad.

O al menos eso se dijo.

Pero cuando lo tuvo en la mano vio algo.

Una fecha de hacía muchos años y debajo una única frase escrita a mano.

"Prometí que cuando llegara el momento les contaría quién eras realmente."

Gabriela se quedó inmóvil.

El corazón empezó a latir con una desbocada fuerza ya que aquella frase no parecía una nota académica, una reflexión o  un apunte.

Parecía una promesa. Una promesa dirigida a alguien.

Vicente levantó la vista.

Y al ver la expresión de Gabriela supo inmediatamente que algo había ocurrido.

—¿Qué pasa?

Ella no respondió inmediatamente porque una idea acababa de atravesarla.

Una idea imposible que daba miedo siquiera pronunciar.

Finalmente le mostró el papel.

Vicente leyó la frase.

Una vez. Dos veces. Tres.

Y cuando levantó la vista, había desaparecido todo rastro de humor.

—Gabriela...

—Lo sé.

—Esto ya no puede ser casualidad.

Ella asintió lentamente porque acababa de llegar a la misma conclusión.

Y porque por primera vez tuvo la sensación de estar muy cerca de la verdad.

Tan cerca que casi podía tocarla.

Sin saber que la revelación que estaba a punto de llegar cambiaría para siempre todo lo que creían saber.

Aquella noche ninguno de los dos consiguió pensar en otra cosa.

La frase permanecía grabada en sus cabezas.

"Prometí que cuando llegara el momento les contaría quién eras realmente."

Podía significar muchas cosas,  miles de cosas y, sin embargo, ambos sabían que ya no estaban siendo objetivos pues una parte de ellos ya había llegado a una conclusión y estaban intentando demostrarla,  no descubrirla, demostrarla.

Exactamente el tipo de error contra el que Abel les había advertido tantas veces.

Al día siguiente ninguno mencionó el asunto ni al principio, ni durante las primeras clases o el recreo pero el silencio tenía algo artificial y  forzado, como una conversación que estaba esperando el momento adecuado para empezar.

Y finalmente comenzó durante la última hora.

Mientras caminaban hacia el aula de Abel.

—¿Y si estamos equivocados?, preguntó Vicente.

Gabriela lo miró.

—¿Sobre qué?

—Sobre todo.

El silencio apareció entre ambos porque aquella posibilidad existía y quizás era la más razonable y estaban uniendo piezas que no pertenecían al mismo puzle.