El laberinto
— Ahora vamos al laberinto —me dijo Álex sin darme opción, con esa voz grave y autoritaria que ya no admitía ninguna discusión—. Quiero que te pierdas allí… y quiero encontrarte después…
Álex me agarró de la mano durante los primeros minutos, guiándome con paso seguro entre los pasillos estrechos.
Su palma cálida y firme era lo único que me mantenía conectada a algo real en medio de aquella penumbra, yo sentía su presencia fuerte a mi lado, protectora y al mismo tiempo peligrosamente dominante pero de repente, se detuvo en una esquina especialmente oscura, me atrajo hacia él con fuerza y acercó sus labios a mi oreja hasta que sentí su aliento caliente sobre mi piel:
— Te encontraré… pero primero quiero que te pierdas de verdad.
Esas fueron las últimas palabras que escuché de él tras soltar mi mano lentamente para desaparecer entre las sombras sin hacer el menor ruido, como si se hubiera fundido con la oscuridad del lugar.
Me quedé completamente sola con el corazón latiéndome, pero sintiendo una extraña sensación de miedo y morbo a la vez.
Di los primeros pasos con mucha lentitud, casi con temor reverencial y cada movimiento hacía que el semen acumulado de las folladas anteriores y del gloryhole se escapara de mi coño hinchado y sensible, bajando en hilos calientes y pegajosos por el interior de mis muslos.
Mis tacones resonaban suavemente contra el suelo, y lo poco que quedaba de mi ropa apenas cubría nada de mi cuerpo sucio, marcado y completamente expuesto oliendo a sexo sucio y esa conciencia solo me mojaba aún más.
El laberinto era un túnel de carne y deseo con pasillos que se curvaban constantemente sin lógica aparente, bifurcaciones que te obligaban a elegir sin saber adónde ir, zonas más abiertas con colchones sucios donde se oían gemidos ahogados y pequeñas habitaciones sin puertas que invitaban a las peores depravaciones.
La iluminación era mínima, solo débiles luces rojas que creaban sombras alargadas y siniestras por lo que de pronto me sentí completamente desorientada en ese lugar.
No sabía si avanzaba o si estaba caminando en círculos y esa sensación de estar realmente perdida, sin control, sin salida fácil, me generaba un nudo apretado en el estómago que se transformaba, de forma perversa, en una excitación cada vez más fuerte.
Las primeras manos aparecieron casi de inmediato, surgiendo de la oscuridad como depredadores silenciosos.
Un hombre alto y fuerte me agarró desde atrás sin decir una sola palabra, me empujó contra la pared fría, me bajó los leggings de un tirón y me penetró de un solo empujón brutal y profundo.
Gemí alto mientras me follaba con embestidas rápidas y egoístas, sus manos grandes apretando mis tetas con fuerza, pellizcando mis pezones todavía sensibles.
Yo empujaba mi culo hacia atrás, buscando más rudeza pero no duró mucho porque se corrió dentro de mí con un gruñido animal para acto seguido, desaparecer en la penumbra, dejándome jadeando con más semen chorreando por mis piernas.
Apenas había dado unos pasos tambaleantes cuando aparecieron dos hombres más.
Uno se colocó frente a mí y me besó con desespero, metiendo profundamente su lengua en mi sucia boca, mientras el otro se arrodillaba detrás y me devoraba el coño y el culo con una hambre salvaje, lamiendo todo lo que otros habían dejado antes.
Me hicieron arrodillarme en un rincón oscuro y me follaron la boca alternadamente, sujetándome la cabeza y haciéndome tragar con fuerza.
Poco después me pusieron a cuatro patas y me penetraron los dos, uno en el coño y otro en la boca, cambiando de posición constantemente, usándome como un juguete y en ese momento, me corrí gritando mientras mi cuerpo convulsionaba de placer.
Seguí caminando, cada vez más perdida, más agotada y más empapada y en una zona algo más abierta me encontré con tres hombres que Me tumbaron sobre un colchón sucio y me usaron sin piedad durante un rato largo: uno follándome el coño con embestidas profundas y brutales, otro metiéndomela hasta el fondo de la garganta, y el tercero masturbándose sobre mis tetas antes de correrse abundantemente encima de mí.
Me corrí varias veces, llorando de placer, completamente entregada al caos que me rodeaba, sintiendo cómo mi cuerpo ya no me pertenecía.
El laberinto parecía no tener fin y en un pasillo especialmente estrecho alguien me empujó contra la pared y, sin casi prepararme, me folló el culo con fuerza, el dolor inicial fue agudo, pero pronto se convirtió en un placer oscuro y prohibido que me hizo gritar y suplicar más entre sollozos.
Se corrió dentro de mí y desapareció como todos quienes me habían usado.
Más adelante, otro hombre me obligó a arrodillarme y rápidamente y casi sin yo tocarle, se empezó a masturbar para acto seguido, acabar corriéndose de forma abundante en la cara y el pelo, añadiendo otra capa viscosa a la que ya cubría mi piel.
Solo existía el placer constante y manos anónimas surgiendo de la oscuridad, y en medio de todo ese torbellino de cuerpos, semen, sudor y sensaciones abrumadoras, solo podía pensar en una cosa, una y otra vez:
Álex.
¿Dónde estás?
¿Me estás buscando realmente?
¿Estás observándome desde algún rincón oscuro, viendo cómo me convierten en esto?
Esa incertidumbre me volvía completamente loca, quería que me encontrara así y que me viera en ese estado lamentable: completamente usada, cubierta de semen de decenas de desconocidos, follada hasta el límite, convertida en la zorra más absoluta del club.
Quería que me reclamara como suya después de todo esto, que me recordara que, a pesar de haber sido usada por todos, seguía siendo suya.
Seguí avanzando por los pasillos cada vez más débil, dejando un rastro visible de fluidos a mi paso, con el cuerpo lleno de marcas, mi cara pegajosa, y el alma completamente expuesta.
Estaba perdida, realmente perdida…