Infiel en el club Swinger (Mis ... más oscuras nº 2) Calentando la pista de baile
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Calentando la pista de baile

Después de aquella conversación cargada de morbo con Álex, algo dentro de mí cambió de forma definitiva.

Mientras su mano permanecía posada de manera posesiva en mi cintura y sus palabras seguían resonando en mi cabeza con esa voz grave y segura que parecía atravesarme hasta los huesos, sentí que mi cuerpo entero se rendía a la situación.

Ya no era solo Lucía, la esposa nerviosa que había llegado sola al club con las piernas temblando sino que minuto a minuto me estaba transformando en esa otra versión de mí misma, la que realmente había venido a buscar esa noche: una mujer casada dispuesta a dejarse llevar por completo, a provocar, a ser tocada, deseada y usada por varios hombres al mismo tiempo en un lugar donde nadie me juzgaría por ello.

Álex parecía notar perfectamente ese cambio en mí por lo que su sonrisa se volvió ligeramente más oscura, más peligrosa, y su mano bajó con lentitud deliberada desde mi cintura hasta posarse sobre la curva de mi culo.

Lo apretó con firmeza por encima de los leggings, clavando los dedos lo suficiente para que sintiera su fuerza, mientras me miraba fijamente a los ojos como si estuviera evaluando hasta qué punto estaba dispuesta a seguirle el juego.

— ¿Quieres bailar? —me preguntó con esa voz ronca que me erizaba la piel.

Acepté sin pensarlo dos veces y acto seguido, me cogió la mano con decisión para llevarme hacia la pista de baile, que estaba continuación de la barra, iluminada con luces rojas y púrpuras tenues y que creaba una atmósfera cargada y un ambiente sensual.

Observé que habían varias parejas y grupos que estaban allí, moviéndose de forma claramente sexual, pegados unos a otros, perdidos en su propio mundo de deseo.

En cuanto llegamos al centro de la pista, Álex me atrajo hacia él con fuerza, pegando mi cuerpo contra el suyo sin dejar espacio entre nosotros donde yo podía sentir su pecho duro y firme, el calor que salía de su piel y, más abajo, la evidente erección que ya parecía tener y que presionaba contra mi vientre de forma dura y prometedora.

Empezamos a movernos lentamente al ritmo de la música sensual que estaba sonando, sus manos recorrían mi espalda descubierta, bajaban sin pudor hasta mi culo y lo apretaban, amasándolo con deseo evidente, mientras yo rodeaba su cuello con mis brazos y me dejaba llevar por completo.

Estuvimos bailamos así durante varios minutos, cada vez más pegados y cada vez más provocativos.

En un momento giré sobre mí misma y quedé de espaldas a él, por lo que Álex no perdió la oportunidad y comenzó a juntar su cuerpo contra mi culo, frotándose contra mí descaradamente mientras una de sus manos subía por mi muslo con lentitud.

Sentía sus dedos rozando la cara interna, acercándose peligrosamente a mi sexo, y un escalofrío intenso me recorrá entera.

Cerré los ojos, me mordí el labio con fuerza y me arqueé ligeramente hacia atrás, dejando que me tocara mientras seguíamos moviéndonos al ritmo de la música.

No tardaron en acercarse otros hombres… Primero fue uno de los que me había estado observando desde la barra, luego otro y de repente me encontré en el centro de un pequeño grupo que bailaba a mi alrededor, tocándome con creciente atrevimiento mientras que yo comenzaba a sentir manos anónimas que acariciaban mis brazos, mi cintura y mis caderas e incluso, alguien se atrevió a pasar una mano por mi escote, rozando uno de mis pechos y pellizcando ligeramente el pezón por encima de la tela.

Yo no los detenía sino que al contrario, me movía de forma más provocante, rozando mi culo contra quien estuviera detrás de mí, separando ligeramente las piernas cuando una mano se aventuraba entre mis muslos.

Álex se mantenía cerca, observándolo todo con esa mirada intensa y posesiva, pero sin intervenir todavía.

El saber que él estaba mirando mientras que miraba cómo otros me tocaban me excitaba de una forma casi insoportable.

En un momento dado, un hombre de unos treinta y ocho años, bastante atractivo y con una sonrisa confiada, se puso justamente en frente a mí y me besó sin pedir permiso con un beso profundo, hambriento y casi salvaje.

Sus manos bajaron hasta mi culo y lo apretaron con fuerza, separando mis nalgas por encima de los leggings.

Yo respondí con la misma intensidad, sintiendo cómo mi coño palpitaba de excitación y mientras nos besábamos, sentí otra mano que se metía por dentro de mi pantalón, apartando el tanga empapado y rozando directamente mis labios hinchados por lo que gemí dentro de la boca del hombre que me besaba, incapaz de contenerme.

La pista de baile ya se había convertido en un espacio de morbo en estado puro.

Me sentía rodeada, deseada, casi devorada por las miradas y las manos, y, profundamente poderosa y excitada.

Alguien me levantó la parte delantera de mi pantalón, metió su mano y pasó los dedos por encima de mi tanga, presionando justo sobre mi clítoris hinchado con movimientos circulares.

Mis piernas ya comenzaron a temblar por lo que Álex se acercó entonces, me tomó de la barbilla con firmeza y me besó con fuerza, casi con posesión, mientras otros hombres seguían tocándome el cuerpo sin descanso.

Era una sensación abrumadora y deliciosa: estar en el centro de varios hombres, besando a uno mientras otros me tocaban, sabiendo que todos ellos veían a una mujer siendo manoseada por cualquiera y que eso los ponía todavía más cachondos.

En un momento especialmente intenso, Álex acercó sus labios a mi oído mientras me apretaba contra su cuerpo y me susurró:

— Mira cómo te desean… Todos quieren follarte, pero esta noche tú decides hasta dónde llegas.

Sus palabras me encendieron todavía más, me giré de nuevo hacia él y empecé a bailar de forma más provocativa, rozando mi culo contra su polla dura, moviéndome como si estuviera follándolo con la ropa puesta.

Mientras que dejé que sus manos se metieran debajo de mis leggings y tocaran mi coño por encima del tanga.

Gemí suavemente cuando uno de sus dedos comenzaba a acariciarme y yo estaba tan mojada que su dedo se deslizó con facilidad, rozando mi clítoris y arrancándome otro gemido más audible.

A mi alrededor, los otros hombres seguían acercándose, uno me besaba el cuello, mordiendo suavemente mi piel sensible, mientras que otro me tocaba los pechos por encima del top, pellizcando mis pezones ya dolorosamente duros y así vez, yo estaba completamente perdida en las sensaciones: manos por todas partes, bocas en mi cuello y hombros, dedos rozando y penetrando mi sexo, mi culo presionado contra pollas duras que se frotaban contra mí sin disimulo.

Mientras mi mente iba a mil por hora, pensaba en mi marido, en lo que pensaría si me viera en este momento, convertida en el centro de atención de varios hombres en un club swinger, dejando que me tocaran como a una cualquiera, gimiendo y moviéndome como una zorra en medio de la pista y esa imagen de traición tan absoluta me excitaba de una forma casi insoportable.

La barra y la pista ya no eran solo un lugar para beber y socializar, sino que directamente se habían convertido en mi escenario personal de provocación y calentamiento.

Bailaba, me dejaba besar, permitía que cualquiera me tocase…

y yo también tocaba. En un momento metí la mano hacia atrás y acaricié la polla dura de Álex por encima del pantalón, sintiendo cómo le palpitaba y crecía bajo mis dedos y en ese momento el gimió en mi oído y me mordió el lóbulo de la oreja con fuerza suficiente para hacerme jadear, mientras que yo seguía completamente mojada, con la cara ardiendo, los pezones duros y el tanga hecho un auténtico desastre.

Mi cuerpo pedía más, mi cabeza no paraba más y la noche apenas estaba empezando…