Capítulo 83
En honor a la verdad, la inspectora jefa parecía igual de cansada que Kim, lo cual no era de extrañar dado el día que había tenido. Pero Kim tenía información que debía compartir de inmediato.
—Siéntese —dijo la inspectora jefa, y Kim la obedeció.
La mujer le dedicó una sonrisa cansada.
—Así que no se marchó a casa cuando se lo dije.
—Estuve a punto —admitió Kim—, pero entonces Roy Moss secuestró a uno de mis agentes —añadió, abriendo las manos para indicar que poco más podía haber hecho.
—Su rápida reacción y la ayuda de mi equipo garantizaron que nadie más resultara herido, y le doy las gracias por ello. —Acto seguido, Walker negó con la cabeza, incrédula—. Han pasado apenas unas horas, todavía no puedo creer que tuviéramos a un doble asesino en nuestro equipo.
—Eso no es todo lo que es, señora, pero Red tiene más información al respecto. Él sabe ahora con exactitud todo lo que Roy Moss ha estado haciendo.
—¿Y el resto del equipo? —preguntó la inspectora jefa.
—Nada más fuera de lo normal. Con Roy fuera del mapa, creo que Red tiene un gran equipo.
—¿Descubrió usted el origen de las denuncias?
Kim negó con la cabeza.
—Por desgracia, no, y no creo que lo sepamos nunca, a menos que el responsable o los responsables decidan revelarlo.
La jefa asintió para mostrar su comprensión.
—Bueno, en nombre de todos los que trabajamos aquí, me gustaría darle las gracias a usted y a su equipo por ayudarnos a descubrir a un hombre inteligente y peligroso. Le debemos…
—En realidad, no es eso por lo que estoy aquí, señora. Tengo una novedad importante sobre otro asunto.
La llamada a la puerta de la oficina no podía haber llegado en mejor momento, o eso consideró Kim cuando se levantó para abrirla.
Red entró y saludó con un leve asentimiento a su jefa.
La inspectora jefa frunció el ceño.
—Parece bastante grave, inspectora.
—Lo es, señora —respondió Kim—. Esta tarde, el inspector Butler y yo hemos sabido de la existencia de una red ilegal de peleas clandestinas que parece operar por todo el país.
Tanto Lewis Stevens como Noah Reid fueron secuestrados con el fin de obligarlos a pelear.
Intentamos informarla, pero era evidente que estaba muy ocupada.
La jefa los miró a ambos con horror.
Kim mantuvo la voz serena. Tenía toda su atención, y aún no habían llegado a la parte interesante, así que continuó su exposición: —Formamos una operación conjunta y acudimos al lugar donde se celebraba una pelea ilegal.
Gracias a nuestros esfuerzos, y por medios que quedarán detallados en los informes, hemos acordonado dos escenas de crímenes y rescatado a trece chicos desaparecidos.
Red le había enviado un mensaje a Kim confirmando que su equipo había seguido con éxito a la segunda furgoneta, minutos antes de que entrara en la comisaría.
La inspectora jefa seguía con la boca abierta. Kim ya se estaba acercando a la parte interesante.
—Detuvimos a dos personas en el recinto de Lancashire, una de las cuales era su hermana.
Kim hizo una pausa para que dejar que Miranda Walker asimilara esa información.
Todo había encajado en cuanto el teléfono de la mujer se iluminó con una llamada.
El contacto estaba guardado como «hermana» y tenía adjunta una foto de la inspectora jefa.
Kim había tenido claro desde el principio que había alguien con autoridad involucrado en el caso.
Al principio sospechó de Red, pero era alguien por encima de él quien había movido los hilos.
La inspectora jefa había sido quien les había estado impidiendo hacer avances.
Walker comenzó a negar con la cabeza mientras Kim sacaba los teléfonos de su bolsillo.
—Tiene que haber algún tipo de…
—No hay ningún error, señora, como usted bien sabe —dijo Kim—. De hecho, lo único que la sorprende a usted es que los hayamos pillado.
El semblante de Walker se llenó de furia, y continuó protestando.
—Yo sabía que tenía que existir alguna conexión —siguió Kim—.
El equipo de Red había visitado las familias de ambos niños a causa de sendos robos.
Yo no dejaba de preguntarme quién del equipo estaría involucrado, pero acudieron diferentes agentes en cada robo.
Solo alguien con un rango superior tendría acceso a todos los informes y podría indicar a los secuestradores las familias con niños de la edad adecuada.
Usted les pasó los datos de los niños a sus compinches y ellos hicieron el resto.
Lewis fue un regalo caído del cielo, ¿verdad?
Usted ya sabía que el chico repartía buenos golpes.
Sabía cómo aproximarse a esa familia, qué puntos débiles aprovechar y qué mentiras contar.
Pero también era consciente de que eso no le iba a funcionar con la familia Reid.
Supongo que su hermana simplemente los siguió hasta que se presentó la oportunidad de secuestrar a Noah.
—Inspectora, se está acercando peligrosamente a…
—Espero que no solo me haya acercado, espero estar llegando a algún sitio. O sea, es que esto es un gran negocio —afirmó Kim, interrumpiendo la amenaza vacía que estaba a punto de recibir—. Cuarenta mil dólares por una pelea, según le oí decir a su hermana. Ah, por cierto, el chico perdió.
Walker se puso de pie.
—Esto es lo más ridículo que…
—Demuéstrelo —dijo Kim con sencillez—. Saque el segundo teléfono que tiene y muéstrenos todos los mensajes entre usted y su hermana.
Eso es todo lo que tiene que hacer. —Luego, señaló hacia Red—.
Nosotros tres somos los únicos que sabemos de esta conversación, así que, si estoy equivocada, puede mandarme de vuelta a Midlands con una sanción disciplinaria grave, y usted y Red pueden seguir con sus asuntos. Así de simple.
Walker metió la mano en su cajón y sacó un teléfono.
Kim sintió que se le paraba el corazón durante un instante. Si Walker le entregaba ese teléfono, ella lo habría interpretado todo mal y su carrera habría terminado.
Walker dudó, pero terminó lanzando el teléfono al otro lado de la oficina, donde chocó contra la pared.
Red se apresuró a recogerlo. La decepción en el rostro del inspector confirmó que todas sus preguntas habían sido respondidas.
Red se irguió.
—Señora, le pido disculpas por adelantado, pero voy a detenerla en cuanto la inspectora Stone haya terminado.
Kim se puso de pie y la miró fijamente desde arriba.
—Me voy a lavar la boca con jabón por cada vez que la llamé inspectora jefa.
Me repugna el nivel de respeto que le he brindado, dados sus antecedentes y logros.
Es usted una policía repugnante, malvada y vergonzosa, que ha utilizado su autoridad y su posición para cultivar una red de peleas ilegales y causar un sufrimiento inimaginable, además de muertes.
Walker rezumaba odio en su mirada, pero Kim aún no había terminado.
—Ahora todo tiene sentido. Usted sabía que los altos mandos iban a insistir en que buscase ayuda, dado el poco tiempo transcurrido entre la desaparición de Lewis y la de Noah.
Se dejó llevar por la avaricia, pero pensó que podría controlarlo todo.
Se adelantó a las instrucciones de sus superiores y llamó al equipo que acababa de quedar en ridículo ante todo el país.
Pensó que no aportaríamos nada al caso de los chicos desaparecidos y que su red seguiría a salvo.
Probablemente pensó que podría argumentar que nuestra incompetencia era la responsable de no resolver el caso, dejando intacto a su propio equipo.
Nos trajo aquí para que fracasáramos. Pero lo que en realidad quería era que encontráramos a quien había presentado las denuncias anónimas y los detalles de esas denuncias, por si alguna de ellas la incriminaba.
Nos empujó en esa dirección. Lo convirtió en una prioridad, pero no para proteger al informante.
Porque si le hubiéramos dado un nombre, no me cabe duda de que esa persona habría encontrado una muerte prematura de alguna manera.
La ira se intensificó en el rostro Walker, y Kim supo que tenía razón.
—La cuestión es, señora arrogante y despreciable, que se olvidó de una cosa muy importante sobre el caso del Bufón.
Sí, el tipo nos tuvo dando vueltas en círculos persiguiendo sus pistas por todo Black Country.
Sí, nos obligó a bailar al son que marcaba, haciéndonos parecer ineficaces e incompetentes.
Pero, al final, gracias al trabajo duro y a nuestra determinación, lo cogimos.
Salvamos la vida de una cirujana cardíaca muy talentosa y de una niña de ocho años.
Encarcelamos al Bufón de por vida porque no nos rendimos.
Un punto importante que le habría venido bien recordar.
Walker la miró con odio puro, lo que a Kim no le importó lo más mínimo. Fuera inspectora jefa o no, no era más que otra mierda a la que iban a retirar de las calles.
Kim se volvió a sentar en su asiento y dejó escapar un suspiro largo y profundo.
Solo le quedaba una pregunta en la cabeza.
Se volvió hacia el inspector Butler.
—Bueno, por el amor de Dios, ¿puedo irme por fin a casa?