Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 77
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Capítulo 77

—¿Cómo que Kim está en la puta furgoneta? —preguntó Bryant cuando Red regresó.

Incluso en medio de aquella semioscuridad, el sargento sabía que su ordinariez había sobresaltado a Penn y Stacey, pero no había contemplado la posibilidad de que Red regresara solo.

En su ausencia, habían logrado acceder a un campo vacío que había frente a la verja cerrada con candado y habían escondido los coches detrás de unos setos densos.

Al oír pasos, habían silbado a la antigua usanza para llamar la atención de Red, pero Bryant no se había esperado que su jefa no viniera con él.

Fiel a su palabra, el sargento no le había quitado los ojos de encima a Steve Ashworth, que se había comportado de forma sorprendentemente colaborativa.

Estaban todos apiñados, utilizando sus teléfonos para iluminarse y esperando una explicación.

Después de todo lo que habían descubierto esa semana, Bryant seguía sin estar convencido de que pudieran confiar plenamente en Red. Todo lo que sabía era que la jefa podría estar allí tumbada en sabe Dios qué…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la recepción de un mensaje.

Como si Kim le hubiera leído el pensamiento, le acababa de escribir. Sonrió brevemente antes de levantar el teléfono para explicárselo a los demás.

—Está bien. Dice que sigamos las instrucciones de Red.

Algo más relajado, volvió a pensar en su jefa.

De acuerdo, ella estaba a salvo por ahora, pero se encontraba en la parte trasera de una furgoneta que pertenecía a gente que no tenía ningún respeto por la vida humana.

Bryant había visto las fotos del cadáver de Josh Lucas.

Si eran capaces de hacerle eso a un niño, no tendrían ningún problema en hacérselo a un adulto.

—Sé lo que estás pensando —dijo Red—, pero es un riesgo que ella estaba dispuesta a correr, y yo creo que no se equivoca. No sé lo que ha visto allí dentro, pero hasta yo puedo decirte que a un niño le estaban dando de hostias.

—¿Lewis? —preguntó Stacey.

Red asintió.

—Pero no Noah.

Bryant comprendió de inmediato por qué su jefa había cambiado de opinión.

El plan siempre había sido ir allí, desmantelarlo todo, rescatar a los chicos y detener a tantas personas como fuera posible.

—Si entramos ahora, conseguiremos rescatar a seis chicos, pero también un silencio sepulcral por parte de los organizadores.

Además, habría otros chicos que quedarían abandonados en algún lugar, posiblemente condenados a morir.

Por otra parte, con un equipo tan pequeño como el que tenemos aquí ahora, no podemos contener a cincuenta o más espectadores con la rapidez suficiente como para impedir que se produzcan llamadas y mensajes de texto.

Si el resto de la red recibe algún tipo de aviso, nunca localizaremos a los demás, y cualquiera sabe lo que les pasará entonces a los otros chicos. No conocemos la magnitud de esta red.

Bryant ya entendía el problema. Simplemente, no le gustaba el hecho de que no fuera su jefa quien estuviera compartiendo toda la información.

Red miró su reloj.

—No tenemos mucho tiempo. Hay dos furgonetas allí, la gris que ya conocemos y otra blanca de reparto.

—Red le hizo un gesto con la cabeza a Bryant—.

Tú sigue a la gris que llevará a tu jefa dentro; nosotros vamos a seguir a la otra —añadió, señalando a Walsh y Dickinson—.

Adil, Wood y el periodista han de quedarse aquí.

Bryant frunció el ceño.

—Tenemos que colocar nuestros vehículos al final de este tramo de carretera para poder seguir a las furgonetas cuando salgan. Habrá otros treinta o más vehículos saliendo al mismo tiempo. Necesitamos las matrículas de todos ellos.

—Entendido —dijo Stacey.

Adil y Ashworth asintieron para indicar que también sabían lo que tenían que hacer.

—Dos cosas más, órdenes directas de la inspectora Stone. Tú —dijo Red, señalando al periodista—, no se le cuenta nada de esto a nadie. ¿Entendido?

Ashworth asintió. Bryant se alegró de ver que el hombre parecía haber comprendido la importancia de lo que ahora formaba parte.

—Una última cosa —dijo Red, volviéndose hacia el sargento—. Tu jefa va a intentar comunicarse contigo desde la parte trasera de la furgoneta, pero, si en algún momento existe la posibilidad de que parezcas sospechoso, tienes que retirarte y dejar de seguirla.

El instinto de Bryant lo invitaba a discutir aquella instrucción, pero sabía que la prioridad de la jefa era encontrar a los otros chicos. Si los que gestionaran aquella furgoneta sospechaban que los estaban siguiendo, era muy probable que se desviaran y entonces los perderían para siempre.

—Entendido —dijo Bryant a regañadientes.

—Muy bien, chicos, no tenemos mucho tiempo. Todos a vuestros puestos.

Bryant se dirigió hacia su coche y Penn lo siguió.

El plan era bueno, pero le preocuparía menos si formaran parte de un operativo que incluyera a otros veinte agentes.

Solo en ese caso aceptaría de mejor grado el riesgo que había asumido la jefa.